Stan Wawrinka (40), tenista, comenta su experiencia invirtiendo en relojes suizos y el sentido de pertenencia que esto le genera

Wawrinka, durante un partido. El tenista suizo amplía sus vínculos más allá del deporte y apuesta por un producto con una fuerte tradición en su país.

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Stan Wawrinka figura entre las grandes leyendas del tenis del siglo XXI. Tres veces ganador de Grand Slam (Australia 2014, Roland Garros 2015 y US Open 2016) y ex número 3 del mundo, cimentó su trayectoria con un estilo agresivo, un reconocido revés a una mano y una mente competitiva capaz de superar a los mejores en las jornadas decisivas.

Además, obtuvo la Copa Davis con Suiza en 2014 y un oro olímpico en dobles junto a Roger Federer en Pekín 2008, consolidándose como una de las figuras destacadas del deporte suizo contemporáneo.

El caso de Wawrinka refleja una tendencia cada vez más evidente: los atletas de alto nivel comprenden que la duración de su carrera es limitada y que la etapa de máximos ingresos suele concluir antes de los 35 años.

Wawrinka levanta el trofeo de Roland Garros.

Wawrinka levanta el trofeo de Roland Garros. REUTERS

Las lesiones, las caídas en rendimiento o la aparición de nuevas generaciones pueden adelantar ese proceso, por lo que diversificar el patrimonio mediante inversiones se ha vuelto esencial en la planificación financiera de cualquier estrella.

Invertir en sectores que reflejen su imagen —moda, tecnología, gastronomía o, como en el caso de Wawrinka, la relojería suiza— permite a las figuras deportivas monetizar su marca personal durante su etapa activa y establecer fuentes de ingresos que perduren tras su retiro. Además, su alcance global y el acceso a grandes audiencias son un recurso valioso para las compañías, facilitando acuerdos donde el deportista no solo presta su imagen, sino que se incorpora como socio capitalista.

La relojería suiza

En el caso de Wawrinka, la elección no fue azarosa: «La industria relojera es parte de su identidad», señala el propio jugador, que decidió convertir ese lazo sentimental en una inversión financiera al unirse con Norqain, una firma suiza joven, familiar e independiente.

El campeón de Grand Slam explica que «tuvo tiempo para descubrir diferentes relojes y marcas» antes de inclinarse por esta, y que le atrajo que se trata de «un equipo joven y muy competente con ganas de crecer», incluso llegó a definirla como «la marca de más rápido crecimiento en la relojería» y una experiencia «increíble ser parte, aunque sea pequeña, de ese proyecto».

El vínculo nació en la pista: Wawrinka comenzó a llevar el modelo Wild One Turquoise Skeleton durante el US Open 2023, lo que le impulsó a investigar más sobre la marca. Su encuentro con Ben Küffer, fundador y CEO de Norqain, fue clave; inicialmente conversaron por teléfono y luego se reunieron para un café en Gstaad durante un torneo, una cita que se extendió tres horas hablando no solo de relojes, sino también de vida y valores.

De esa relación nació algo que el suizo describe así: «Ben se volvió un amigo. Charlábamos mucho y logramos cerrar un buen acuerdo del que estamos muy satisfechos los dos».

Wawrinka destaca que siempre le ha gustado competir con reloj y tenía «muchas expectativas debido a las especificaciones técnicas», refiriéndose al compuesto de matriz polimérica de fibra de carbono resistente a impactos que usa Norqain en sus modelos deportivos.

«Usarlo fue una gran satisfacción, estoy muy contento porque me llevó a esta nueva etapa. La calidad del reloj, fabricado en Suiza, es algo impresionante», añade, enfatizando el orgullo nacional que siente al representar a una marca de su país.

No es casual que concluya esa idea con una frase que bien podría ser una declaración de principios: «Un reloj está ligado a Suiza y, siendo suizo, eso es algo que realmente disfruto».

Wawrinka explica que invertir en la empresa, en lugar de limitarse a un contrato meramente publicitario, le permite «sentir que forma parte de algo que ojalá siga creciendo».

El propio jugador reconoce que esta no es la primera compañía en la que invierte, aunque en ocasiones anteriores prefirió permanecer en un segundo plano. Esta vez optó por tener mayor visibilidad para ayudar a Norqain a expandirse: «No hace ni un año que nos conocemos. Estoy realmente emocionado. Creo que están comenzando algo muy especial».

Final de carrera

Mientras proyecta su futuro fuera de las pistas, Wawrinka continúa sus últimos años como profesional, compitiendo en Grand Slams y torneos ATP, aunque ya lejos del ranking que tenía en su mejor momento.

Su legado en el tenis es sólido: tres títulos mayores en tres superficies diferentes, victorias frente a casi todos los grandes campeones de su generación y una reputación de jugador capaz de rendir al máximo en los escenarios más importantes.

Sumado a eso están 16 títulos ATP, una extensa trayectoria en la élite y una significativa influencia en el tenis suizo, al que ayudó a colocar en la cima con la Copa Davis junto a Federer. Ahora, con la vista puesta en el futuro, Wawrinka empieza a construir una segunda vida profesional tan estrechamente ligada a Suiza como lo estuvo su revés a una mano siempre a la tierra batida y al cemento de los grandes estadios.

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