La influencia del nacionalismo catalán refleja la presencia de 203.000 magrebíes y pakistaníes en Barcelona, comparado con 80.000 en Madrid

Inmigrantes hacen cola ante la puerta del consultado de Pakistán en Barcelona, para pedir el certificado de antecedentes a fin de acogerse a la regularización.

Barcelona alberga a 203.000 personas de origen magrebí y pakistaní, mientras que Madrid cuenta apenas con 80.000 representantes de estos grupos.

El modelo implantado en Cataluña, promovido por el nacionalismo y Jordi Pujol, favoreció la llegada de inmigrantes africanos y asiáticos.

Madrid es el principal receptor de inmigración proveniente de Latinoamérica, sumando más del 50% de la población extranjera en la región.

La variedad migratoria en Barcelona genera desafíos integradores, sobre todo en el ámbito educativo, debido a diferencias culturales y lingüísticas.

El anuncio de Pedro Sánchez de legalizar extraordinariamente a cerca de 850.000 extranjeros produjo un impacto inmediato.

Esta escena se repite en múltiples urbes: filas de inmigrantes intentando obtener documentos para regularizar su estatus. La emblemática imagen de numerosos pakistaníes frente a su consulado en Barcelona refleja, además, una compleja realidad demográfica.

Cataluña y la Comunidad de Madrid han formado enfoques de acogida distintos, lo que provoca percepciones diferentes sobre la presencia extranjera en sus calles.

En el primero, hay un legado significativo del nacionalismo catalán encarnado por Jordi Pujol.

En Cataluña, los inmigrantes que buscan actualmente regularizar su situación son principalmente marroquíes y pakistaníes, mientras que en Madrid predominan los procedentes de Hispanoamérica.

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes a 2025, muestran que Barcelona alberga una inmigración más diversa y con un mayor porcentaje de población africana. Por su parte, Madrid se confirma como el destino principal para inmigrantes latinoamericanos.

En Barcelona, los marroquíes conforman el grupo inmigrante más importante (141.867), junto a una colonia considerable de pakistaníes (54.935) y 6.602 argelinos, sumando un total de 203.404 magrebíes y pakistaníes.

Por el contrario, en Madrid este grupo representa menos de la mitad, con 80.743 inmigrantes: 73.616 marroquíes, 4.445 pakistaníes y 2.682 argelinos.

El mapa migratorio actual se basa en raíces recientes. Durante su mandato en la Generalitat (1980-2003), Jordi Pujol promovió la inmigración desde el norte de África, principalmente desde Marruecos.

Un estudio del Real Instituto Elcano de 2014 destaca que el nacionalismo catalán identificó en esas comunidades un espacio propicio para el crecimiento demográfico y político, fomentando una integración centrada en la lengua catalana. Se consideraba que la inmersión en catalán sería más difícil con inmigrantes hispanohablantes.

Esta preferencia institucional catalana por la inmigración magrebí persistió tras la etapa pujolista.

En el terreno educativo, entre 2014 y 2017 se implementó el llamado «plan Marruecos»: se impartían clases de tamazigh y árabe a jóvenes en horario lectivo, y se facilitaba que el Gobierno marroquí ofreciera enseñanza del Islam.

El esquema madrileño difiere notablemente. En esta Comunidad, las cinco principales nacionalidades extranjeras están encabezadas por Venezuela (137.858 personas, el 11,7 %) y Colombia (131.348, el 11,1 %), seguidas por Rumanía, Perú y en quinta posición, Marruecos.

En términos globales, los latinoamericanos (venezolanos, colombianos, peruanos, hondureños, argentinos, ecuatorianos, etc.) conforman el 53% de la población extranjera residente en Madrid.

La presencia latinoamericana configura el perfil migratorio de la región y alimenta un discurso político del Partido Popular basado en la lengua común y la herencia cultural compartida.

Isabel Díaz Ayuso ha referido en varias ocasiones a Madrid como la Miami de Europa. Además, sostiene que «no son iguales todos los tipos de inmigración», argumentando que la integración con migrantes latinoamericanos es «mucho mayor» debido a la coincidencia de idioma, religión y raíces culturales.

En la provincia de Barcelona, el 18% de su población es extranjera, frente al 16,6 % de Madrid. La diferencia no es amplia, considerando que Madrid supera en más de un millón de habitantes a Barcelona: 7,1 contra 5,9 millones.

Visión por ‘continentes’

Al agrupar los datos del INE por regiones (latinos, europeos, africanos o asiáticos), se observan diferencias marcadas en el perfil migratorio de ambas provincias.

En Madrid, los latinoamericanos (631.876) representan más del 50% del total de extranjeros registrados por el INE, mientras que en Barcelona (420.446) su proporción no supera el 40%.

En cuanto a los subsaharianos, su número llega a 33.946 en la provincia de Barcelona, donde los grupos principales son senegaleses (12.795), ghaneses (5.903) y gambianos (5.423).

En la Comunidad de Madrid, en cambio, habitan 21.184 subsaharianos, siendo los más numerosos nigerianos (5.528), de Guinea Ecuatorial (4.286) y senegaleses (4.132).

La presencia significativa de comunidades africanas y asiáticas conlleva procesos de integración complejos, especialmente en la educación, por motivos lingüísticos y culturales, lo que requiere recursos ampliados.

Esto lo evidencian estudios como «Investigación Longitudinal de la Segunda Generación en España», elaborado por el profesor Alejandro Portes, de la Universidad de Princeton.

Tras entrevistar a cerca de 7.000 alumnos de 180 colegios públicos y concertados en Madrid y Barcelona desde 2006, el informe concluye que «los hijos de origen marroquí» o «de ascendencia islámica» demandan «mayor atención por parte de autoridades y sociedad para evitar que su identificación religiosa fomente actitudes reactivas y la receptividad a ideologías radicales».

En Barcelona, los africanos constituyen un 16% del total de migrantes, frente a un 7,7% en Madrid.

Los asiáticos, que incluyen residentes de países del Golfo así como pakistaníes, coreanos, tailandeses, iraníes, indios o chinos, son también más abundantes en Barcelona (14,4% del total) que en Madrid (8%).

Estos datos reflejan que la diferencia se origina asimismo en la política: en Cataluña, la discusión gira en torno a la identidad y lengua, siendo más factible que un migrante no hispanohablante adopte el catalán como lengua materna. En Madrid, tal escenario no se contempla.

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