Jannik Sinner explicó a sus padres que abandonaría el tenis si no lograba estar entre los 200 mejores jugadores antes de los 23 o 24 años.

Jannik Sinner, con sus padres El tenista italiano ya cuenta con cuatro títulos de Grand Slam, pero al inicio de su carrera estableció límites claros para su trayectoria.

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Jannik Sinner, número dos del mundo y poseedor de cuatro Grand Slam, reveló que su progreso profesional estuvo condicionado desde un principio por un acuerdo concreto con sus padres.

En la conferencia previa al US Open de 2025, el italiano comentó que «les dije a mis padres que si a los 23 o 24 años no estaba entre los 200 mejores, dejaría el tenis», una declaración que hoy, con su estatus de estrella, refleja hasta qué punto su proyecto deportivo estuvo influenciado por la presión de los números y la economía familiar.

Sinner comentó que ese compromiso no se basaba en un gesto dramático, sino en una realidad concreta: el tenis profesional es un lujo complicado de mantener sin resultados. Desplazamientos constantes, alojamiento, entrenadores, equipo técnico… todas estas cosas generan gastos que su familia no podía sostener por tiempo indefinido.

Por ese motivo, cuando se marchó de casa siendo menor de edad, estableció un plazo para su sueño: solo continuaría si la clasificación comenzaba a justificar el esfuerzo de todos.

Lo narrado ahora se ajusta a la historia que Sinner ha ido construyendo en los últimos años sobre sus orígenes. Hijo de un cocinero y una camarera que trabajaban en un refugio en el Tirol del Sur, creció entre pistas de esquí y canchas de tenis, y fue un prometedor esquiador antes de dedicar su futuro a la raqueta.

Jannik Sinner celebra un punto en el Open de Australia

Jannik Sinner celebra un punto en el Open de Australia Reuters

A los 14 años, abandonó su hogar para establecerse en la academia de Riccardo Piatti en Bordighera, en la costa italiana, lo que implicó para sus padres aceptar que su hijo iniciaba prematuramente una vida de hoteles, torneos y responsabilidades propias de adultos.

Este escenario clarifica mejor el acuerdo del Top 200. Sinner ha explicado que para su familia, continuar financiando viajes por el circuito sin un retorno mínimo en resultados y económicos era inviable.

En esa misma rueda de prensa recordó que tuvo fortuna: «Fui muy afortunado porque comencé a ganar dinero a los 18 años», comentó, señalando que ese momento marcó un cambio significativo al alivianar la carga que sus padres habían soportado.

La historia también se corresponde con la imagen de madurez temprana e independencia que proyecta el italiano. Él mismo ha indicado en varias ocasiones que irse de casa siendo adolescente le hizo aprender a cocinar, organizarse y manejar lesiones y derrotas sin el apoyo inmediato de su familia.

Ese proceso, que en otros tenistas puede verse como una imposición, Sinner siempre lo ha descrito como una decisión conjunta, basada en la confianza de unos padres que le otorgaron libertad pero le situaron un marco realista.

Actualmente, con menos de 25 años, cuatro Grand Slam en su haber y un lugar firme en la cima del ranking, aquella meta del Top 200 resulta casi anecdótica.

No obstante, permite comprender el contraste entre el jugador calmado y cerebral que domina el circuito, y el adolescente que tuvo que imponerse un ultimátum para justificar ante sí mismo —y su familia— un proyecto tan costoso y lleno de incertidumbre.

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