Las transformaciones físicas dentro de la pareja pueden generar grietas en el deseo y exigen empatía para gestionar el impacto emocional

Las crisis de deseo en la pareja pueden originarse por diversas razones, aunque los cambios físicos suelen ser un factor central en estos conflictos. ¿Qué sucede cuando la transformación corporal modifica la percepción del atractivo?
Este tema ha tomado protagonismo en la conversación sobre vínculos afectivos, autoestima y expectativas dentro de la relación. Marta Barranco, psicóloga experta en relaciones, ofrece una perspectiva diferente a los discursos convencionales en un vídeo de TikTok (@psicologamartabarranco).
Al analizar las crisis de deseo vinculadas con cambios físicos en la pareja, Marta Barranco señala una tensión habitual: el cambio corporal y su efecto en el atractivo. Su enfoque se distancia de las posturas tradicionales: “Lo siento, pero no tenemos derecho a hacer sentir mal a la otra persona por el cuerpo que tiene”, sostiene Barranco en una reflexión recogida por el medio fuente.
La carga emocional que acompañan los cambios físicos
Barranco cuestiona la tendencia frecuente de condicionar el deseo a la apariencia: “Es muy injusto que desde tu necesidad le digas a la otra persona: ‘Oye, me gustaría que cambiaras tu físico para gustarme más a mí’”, afirma, poniendo la responsabilidad emocional en quien formula esa exigencia. Agrega que la presión para modificar el cuerpo suele contener mandatos sociales y expectativas externas, acentuando la insatisfacción y el conflicto.
El proceso de adaptación a un cuerpo nuevo afecta no solo a quien experimenta el cambio, sino también a su pareja, generando dinámicas complejas. Barranco advierte: “Cuando hay un cambio físico, a la otra persona también le cuesta un duelo. Le cuesta el duelo de despedirse del cuerpo que tuvo antes”.

La aparición de nuevos rasgos físicos puede deberse a múltiples causas: “Muchas veces los cambios físicos están vinculados a situaciones difíciles, a aspectos que no se están manejando adecuadamente, a la falta de cuidado, escasez de tiempo, niveles elevados de ansiedad o simplemente porque el cuerpo evoluciona con la edad y lo que antes no se notaba, ahora comienza a manifestarse”, explica la psicóloga.
Barranco destaca que estos procesos pueden resultar complicados de atravesar para ambos integrantes de la pareja y aconseja abordar el tema desde la empatía y la sinceridad, evitando reproches o comparaciones.
Acompañar o aceptar el final de la atracción
Ante este panorama, Barranco identifica dos posibles actitudes. La primera consiste en “acompañar la dificultad que está experimentando la otra persona sin hacerla sentir mal, sin atribuirle culpa, sin transmitirle que no me gusta lo que veo, ya que evidentemente eso provocaría una brecha enorme en la relación”.
La segunda opción, sostiene, es reconocer que la atracción se perdió y actuar con coherencia: “O decido que ya no me gusta lo que estoy viendo en esta persona, que ya no siento atracción, y también tengo derecho a estar con alguien que me resulte atractivo y me guste”.
Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos
Para Barranco, el dolor que provoca un rechazo físico va más allá del posible final del vínculo: “En ocasiones duele mucho más sentir que tu pareja te rechaza y siente aversión hacia ti que el mismo proceso de una ruptura”, reconoce.
Subraya que “la vida cambia, el cuerpo cambia y las personas cambian” y cuestiona la equidad de cargar al otro con el peso del desamor: “No es justo hacer sentir mal a la otra persona solo porque a mí ya no me atrae, porque a veces hay que aprender a querer a la persona tal como es, no como quisiéramos que fuera”, concluye Barranco en su mensaje.

