Las fuertes tormentas en Andalucía han provocado daños severos en cultivos y negocios agrícolas, afectando a productores como Antonio y Noelia, quienes han perdido decenas de hectáreas de brócoli, zanahorias y cebollas.
Las cifras económicas de las pérdidas en la agricultura superan los 3.000 millones de euros, mientras que miles de hectáreas han quedado inutilizables debido a las inundaciones.
También han resultado seriamente perjudicados negocios turísticos y rurales, como los de Inma y Paco en la estación de Benaoján (Málaga), generando gran incertidumbre sobre su viabilidad futura.
El presidente de Andalucía, Juanma Moreno, ha solicitado ayudas de emergencia así como la activación del Fondo de Solidaridad de la Unión Europea para mitigar los estragos causados por el temporal.
Antonio, José Antonio, Noelia, Paco e Inma comparten algo esencial: en pocos días, sus empresas han sufrido un impacto muy serio y sus cultivos prácticamente desaparecieron a causa del conjunto de borrascas que golpea Andalucía. «Estamos ante una catástrofe«, coinciden.
Lo que más les preocupa es la incertidumbre que enfrentan ahora mismo. Antonio, agricultor de una pedanía jerezana, perdió diez hectáreas de brócoli que estaba próximo a cosechar. «He perdido 100.000 euros«, comenta en diálogo con EL ESPAÑOL.
El daño no se limita a la cosecha; es probable que también su sistema de riego haya quedado gravemente afectado.
Las fuertes lluvias han inundado las tierras donde lleva trece años cultivando pimientos, cebollas, calabacines, algodón y brócoli. Además, otras 20 hectáreas preparadas para sembrar en abril también se han perdido.
Es la primera ocasión en que se enfrenta a una situación tan grave porque, en este momento, no puede ni sembrar ni cosechar absolutamente nada. Lo mismo ocurre con Noelia, otra agricultora de hortalizas en Jerez.
Ella ha perdido la totalidad de doce hectáreas de zanahorias y cebollas. «Las pérdidas ascienden a 7.000 euros por hectárea«. Además, varias parcelas suyas presentan daños en un 50%.
También lamenta que los costes fijos, como los de arrendamientos, fertilizantes, semillas y fitosanitarios, ya están realizados sin posibilidad de recuperarlos.
Todos coinciden en la esperanza de que se habilite pronto el Fondo de Contingencia, solicitado por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
Este fondo es una reserva presupuestaria destinada a cubrir gastos imprevistos y urgentes que surgen en la ejecución del ejercicio económico. «He oído hablar de ello y deseo con ansias que se active«, declara Noelia.
El ganadero José Antonio ha tenido mayor fortuna. Posee 70 cabezas entre vacas lecheras, becerros y novillos, pero cuando vio que el río Guadalete alcanzaba el acceso a su finca, optó por vender sus 40 vacas lecheras rápidamente. «Se las llevaron hoy».
Sin embargo, perdió las hectáreas de alfalfa y maíz destinadas a la alimentación de sus animales. Tendrá que esperar a que el terreno se seque para evaluar qué cultivos resistieron. En total, las pérdidas agrícolas ascienden a 3.000 millones, según COAG.
Por ello, además del Fondo de Contingencia, Juanma Moreno solicitará al Gobierno que pida urgentemente a la Unión Europea el Fondo de Solidaridad.
Asimismo, ajustará el presupuesto de Andalucía para atender las necesidades actuales, reasignando partidas previstas para otros servicios.
Casas rurales
Paco e Inma también han visto afectados sus negocios por el temporal. La estación de Benaoján, en Málaga, gravemente golpeada, ha vivido esta semana uno de sus episodios más complicados.
Inma lleva 30 años trabajando en el Hotel Molino del Santo, un establecimiento turístico de la localidad. Junto a este, está una antigua casa molino del siglo XVIII llamada Molino de Simón, que fue su hogar y ahora la ha transformado en casa rural, la cual gestiona.
Esta segunda residencia, situada junto al río, sufrió inundaciones severas. “Habíamos tenido lluvias anteriores y nuestra casa ya se había anegado días antes; limpiamos lo que pudimos y pensábamos que la peor parte había pasado”, comenta.
Actualmente, Inma enfrenta la incertidumbre sobre el futuro de su negocio. “La recuperación será muy difícil”.
En general, describe las últimas horas como “muy traumáticas”. “Lo que más me impactó no fue el agua, sino el desalojo. Ver a mis vecinos intentando mantener la calma, sin saber qué llevar o hacer… fue una experiencia dura”, relata.
Resalta especialmente el esfuerzo del equipo de gobierno, los concejales de la oposición y los servicios de emergencia desplegados.
“Estaban Guardia Civil, UME, bomberos, Protección Civil, Cruz Roja… un despliegue impresionante. No solo por la cantidad de personal, sino también por su empatía. Nos brindaron tranquilidad, apoyo y nos hicieron sentir acompañados durante un momento de gran estrés”.
El miedo ahora está centrado en la presa de Montejaque y la duda sobre cuándo podrán regresar los vecinos. “Creo que hay que actuar con prudencia. No tiene sentido volver hasta que el riesgo esté controlado”, señala Inmaculada.
Por su parte, Paco Melgar, dueño de un negocio de almacenes frigoríficos en la zona, también experimentó esta situación en primera persona.
“Todo se ha visto perjudicado. Afortunadamente, mi negocio no fue inundado en gran medida, por lo que mis pérdidas no serán tan elevadas, pero claramente la situación ha sido grave”.
“Todos están sorprendidos y asustados por lo ocurrido; situaciones así no se recuerdan”. Esta opinión es compartida por todos.

