La misión imposible de Azcón: por qué en 40 años de democracia no ha habido mayorías absolutas en Aragón
Aragón nunca ha contado con mayorías absolutas en sus cuatro décadas de democracia, en gran medida debido a la influencia constante del voto regionalista.
El Partido Aragonés y la Chunta Aragonesista han jugado un papel fundamental en la formación de gobiernos, pese a que su presencia electoral se ha reducido, conservan un papel importante en los pactos de gobierno.
A partir de 2019, el panorama político de Aragón ha experimentado una transformación significativa, con el PP dominando ahora la mayoría de los ayuntamientos y ciudades principales.
La estructura electoral y la división de la izquierda han favorecido a la derecha, lo que ha permitido al PP y Vox gobernar sin depender de partidos regionalistas por primera vez.
Aragón es una de las cuatro comunidades autónomas en las que jamás ha existido una mayoría absoluta en más de 40 años de democracia. En las elecciones de este domingo no se romperá esa tendencia.
La presencia de un voto regionalista que durante cuatro décadas ha superado al menos un 12% de representación impide que el bipartidismo español clásico gobierne en solitario.
Las otras tres comunidades en esta situación son País Vasco, Navarra y Canarias, regiones donde los partidos nacionalistas tienen una sólida base que fragmenta el voto.
En Aragón, la situación es menos clara: no existe un movimiento nacionalista con suficiente fuerza para lograr escaños en las Cortes Generales.


El Partido Aragonés (PAR) alcanzó el 30% del voto en 1987 y, aunque en 2023 apenas llega al 2%, «no ha perdido su capacidad de formar pactos y ha sido esencial para proporcionar mayorías de gobierno tanto al Partido Popular como al Partido Socialista», indica Miguel Ángel Esteban, catedrático de Comunicación.
A esa corriente aragonesista de derechas se añadió también una de izquierdas (la Chunta Aragonesista obtuvo el 12% hace quince años) y, según el experto, «incluso en sus peores momentos electorales, el voto aragonesista ha rondado el 12%».
Sin embargo, el voto regionalista no es la única variable en juego.
Esteban señala el «terremoto político de 2015» cuando aparecieron Podemos, Ciudadanos y Vox, tres partidos que en Aragón «siempre han superado las medias nacionales» y que complicaron aún más la obtención de los 34 escaños necesarios para la mayoría absoluta.
Mientras que en 1983 solo cinco fuerzas se repartieron las Cortes, en 2023 fueron ocho.


Las elecciones de 2023 introdujeron un cambio: «Por primera vez, el Gobierno de Aragón recae en un partido nacional que necesita el apoyo de otro partido nacional sin depender del regionalismo».
En efecto, PP y Vox lograron la mayoría sin contar con el Partido Aragonés ni la Chunta Aragonesista, algo inédito tras cuatro décadas de autonomía.
Las Cortes de Aragón se fragmentan en 2019 y alteran su hegemonía en 2023
Esta nueva composición parlamentaria no surgió por casualidad. Se refleja también en los 731 municipios de la comunidad. Entre 2019 y 2023, el mapa electoral aragonés cambió radicalmente de color, un fenómeno que no se había visto desde que Alianza Popular se transformó en Partido Popular en 1989.
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En 2019, el PSOE fue el partido más votado en 421 de los 731 municipios de Aragón. El PP obtuvo 187, y el resto se distribuyó entre PAR, Cs y CHA.
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Cuatro años más tarde, el mapa dio un giro completo. El Partido Popular pasó a liderar en 366 municipios, mientras que los socialistas descendieron a 263. Este es el cambio más grande entre dos elecciones consecutivas en varias décadas.
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El cambio es aún más claro en las ciudades. El PP conquistó las tres capitales de provincia (en 2019 solo dominaba Teruel) y ganó en 13 de las 14 principales ciudades.
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El PSOE perdió las dos capitales que controlaba, pasando de dominarlas en 11 de las 14 principales ciudades a solo una (Ejea de los Caballeros, bastión de Lambán) y retrocedió en 143 localidades rurales. Su resistencia se concentra en el ámbito rural.
El cambio de color en el mapa fue abrupto, pero Esteban advierte que los municipios no reflejan toda la realidad política en Aragón: «La clave está en analizar la cantidad de votos, no solo el número de concejales».
Aragón cuenta con 731 municipios para aproximadamente 1.350.000 habitantes. «El 28% de ellos tiene menos de 100 habitantes y el 75% no supera los 500», precisa.
El catedrático señala que en poblaciones tan pequeñas a menudo basta con cambiar la persona que encabeza la lista para que varíe el color político del municipio. Lo que se interpreta como un cambio masivo en el mapa puede deberse a apenas unos pocos votos.
Donde el cambio resulta evidente es en las ciudades, aunque no siempre por motivos obvios.
El sistema electoral en Aragón establece una barrera del 3% por provincia, un umbral accesible para partidos pequeños, pero que penaliza a las formaciones que se presentan divididas.
En Huesca, la segunda ciudad en población, el 18% del voto fue para partidos situados a la izquierda del PSOE, pero no consiguieron escaños porque compitieron en dos listas separadas. Por su parte, Vox, con un 10%, logró tres concejales.

La derecha, explica Esteban, «perdió en voto popular, pero ganó en escaños debido a la incapacidad de la izquierda para unirse en pactos».
Un caso similar se dio en Zaragoza, donde Chunta y Podemos, que habían formado parte del Gobierno de Aragón, no lograron representación en el Ayuntamiento de la capital.
Pero dejando de lado quién triunfó en cada municipio, ¿cuáles fueron las causas de estos cambios?
En 304 de los 731 municipios aragoneses, el partido más votado varió entre 2019 y 2023. El flujo principal es del PSOE al PP (en 164 municipios), seguido por el paso del PAR (31) y Ciudadanos (11) al partido de Jorge Azcón.
También irrumpieron dos nuevos actores. Coalición Existe ganó 29 municipios desde cero, la mayoría arrebatados al PSOE.
Los seguidores de Santiago Abascal, por su parte, solo consiguieron sumar 5 municipios en el mapa, aunque su fuerza real radica en la distribución de votos por todo el territorio.
El PP aumentó sus votos en un 70% entre 2019 y 2023, sumando casi 97.500 papeletas más. Esta cifra no es casual: Ciudadanos perdió 102.700 votos en el mismo período, representando un trasvase casi exacto.
Así lo interpreta Miguel Ángel Esteban: «El voto urbano varía más en función de las tendencias nacionales que locales».
El crecimiento del PP fue mayor en las capitales (+82,6%) que en las localidades pequeñas (+47,1%), lo que indica que la principal recuperación de votos de Cs se concentró en las grandes ciudades.
El PSOE, liderado ahora por Pilar Alegría, apenas perdió un 4,4% de su apoyo, aunque el mapa sugiera lo contrario. En las capitales prácticamente mantuvo sus resultados (+0,6%).
Su retroceso se concentró en pueblos (-10,2%) y ciudades medianas, donde cedió entre un 8% y un 10%, aunque mantuvo su fortaleza en Zaragoza. «En términos generales, el voto en Aragón no muestra una gran caída del PSOE», concluye el especialista.


En cuanto a Vox, duplicó su número de votos entre 2019 y 2023 (+85%), aunque su presencia territorial apenas cambió: más de la mitad de sus votos provinieron de Zaragoza capital en ambas elecciones.
«Muchos asocian el voto de Vox con el ámbito rural observando Extremadura», señala Esteban. «La diferencia es que ya había penetrado en Aragón, especialmente en Zaragoza ciudad».
En 706 municipios aragoneses duplicó su resultado, aunque partiendo de cifras tan bajas que su impacto en el mapa sigue siendo simbólico.
«No se trata de un voto rural, sino claramente urbano, y su desafío en estas elecciones es expandirse al medio rural, tal como ocurrió en Andalucía o Extremadura», señala el catedrático.
En Aragón, el avance de Abascal fue inverso al de otras regiones: primero logró calar en las ciudades y después en las áreas rurales.

La trayectoria del voto a lo largo de cuatro décadas en Aragón revela un patrón repetitivo: los altibajos del PP y el PSOE se reflejan casi en espejo, los partidos emergentes irrumpen con fuerza y luego se diluyen (excepto Vox), mientras el voto regionalista tradicional (que en 1987 alcanzó 180.000 votos con PAR) ha decrecido constantemente durante cuarenta años.
Aragón es conocido como el «Ohio español» porque durante años el ganador aquí solía coincidir con el vencedor en las elecciones generales: la comunidad combina voto urbano y rural, niveles de renta y una estructura social similares a la media del país, actuando como un termómetro nacional.
«Si analizamos el voto general en Aragón, especialmente en las ciudades, sigue la tendencia nacional», señala el catedrático. Sin embargo, ¿lo que suceda este domingo en Aragón anticipará la dirección nacional? Esteban mantiene reservas. Habrá que esperar.
Lo que sí se da por seguro es que, tras las elecciones de este domingo, el PP renovará su mandato por primera vez. Nunca antes había gobernado Aragón dos legislaturas consecutivas.

