El piloto francés será compañero de equipo este año junto a Max Verstappen, tras la fuerte apuesta de Red Bull por uno de los talentos emergentes.
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Isack Hadjar llegó a la Fórmula 1 reconocida como una de las jóvenes promesas más destacadas del paddock, aunque su recorrido tras bastidores estuvo marcado por renuncias, incertidumbre y una enorme presión económica.
Durante años, cada vuelta en karting o monoplaza suponía una carga económica casi insostenible para una familia sin grandes recursos.
El propio Hadjar resumió el esfuerzo con una cifra fría pero contundente: desde que adquirió su primer kart hasta su debut en la F1, la inversión acumulada ascendió a «entre 5 y 7 millones de euros».
Esa suma no se pagó de forma inmediata, sino que se fue destinando a lo largo de aproximadamente quince años cubriendo costes de competición, desplazamientos, neumáticos, motores, inscripciones y plazas en equipos destacados en categorías inferiores. Cada avance requería más fondos y más riesgos.
Lo más sorprendente es que, hasta 2025, todo ese desembolso económico no se había traducido en un ingreso estable. «Solo comencé a ganarme la vida este año, en F1», admitió Hadjar al rememorar sus etapas en Fórmula 3 y Fórmula 2.
Isack Hadjar, durante el GP de Abu Dabi. Europa Press
Hasta ese momento, en lugar de percibir un sueldo, debía costear sus participaciones. Al preguntarle si había recibido alguna recompensa económica tras ser subcampeón de F2, respondió con firmeza: «No. Es un sistema complejo donde tú pagas tus propias temporadas».
Esa declaración evidencia la situación límite de su familia. Hadjar explicó que los presupuestos para F3 y F2 estaban muy lejos de sus posibilidades. «F3 y F2 son costes que no te podías permitir», reconoció.
El apoyo del programa de jóvenes pilotos de Red Bull fue crucial, aunque insuficiente para cubrirlo todo. «Mi madre consiguió patrocinadores para sufragar una parte de la temporada y Red Bull asumió el resto. Sin Red Bull, se habría acabado», relató.
Esta carrera, convertida en el «proyecto Hadjar», se sustentó en un delicado equilibrio entre becas, patrocinios y ahorros familiares.
El piloto admitió que esta presión afectó negativamente su relación con el deporte. Rememora con cariño «las dos primeras temporadas de karting», cuando aún competía sin preocuparse por lo económico.
A partir de ese momento, al ingresar en «competiciones serias», el disfrute se desvaneció. «Son malos recuerdos», comentaba al referirse a los años en los que el presupuesto era insuficiente para completar todos los campeonatos y cada error en pista parecía un lujo inadmisible.
Hadjar expresó que desde muy temprana edad sintió «una presión financiera que lo acompañaría durante toda su carrera».
Cada contrato, cada sesión de clasificación y cada adelantamiento estuvieron marcados por la sensación de que debía justificar una inversión millonaria.
Isack Hadjar, en el garaje de Red Bull. Europa Press
No extraña que al hacer un balance de su trayectoria, haya recurrido a una comparación contundente: su probabilidad de llegar a la F1 «era menor que ganar la lotería».
Cuando por fin debutó en la parrilla de Fórmula 1 y comenzó a recibir un salario, Hadjar no solo cumplió un sueño deportivo, sino que también cerró, al menos parcialmente, un capítulo de sacrificios económicos extremos que transformaron su ascenso en una verdadera carrera contrarreloj contra el dinero.

