Entre montañas escarpadas y profundos barrancos se oculta un núcleo medieval donde la historia de órdenes militares y muros de piedra continúa moldeando el paisaje
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Entre montañas escarpadas y profundos barrancos se encuentra un pueblo medieval que parece detenido en la historia, donde la piedra, el silencio y el entorno conforman una experiencia difícil de encontrar en la Comunidad Valenciana. Sus calles empedradas, su diseño defensivo y los restos de antiguas murallas testifican siglos de historia marcada por conquistas, órdenes militares y una intensa actividad estratégica. Reconocido como Bien de Interés Cultural, este lugar constituye hoy uno de los destinos rurales más atractivos para quienes buscan una escapada con carácter, patrimonio y autenticidad.
Este sitio es Culla, en la provincia de Castellón, un municipio del Alto Maestrazgo que forma parte desde 2020 de la Asociación de Los Pueblos más Bonitos de España. Su casco antiguo, cuidadosamente preservado, permite recorrer siglos de historia caminando, desde sus orígenes musulmanes hasta su período cristiano y templario. El castillo, ubicado a más de 1.100 metros sobre el nivel del mar, fue adquirido en 1303 por la Orden del Temple, convirtiéndose en la última posesión templaria antes de su disolución. Esa herencia medieval permanece muy viva en la llamada Ruta Templaria, uno de los principales atractivos turísticos del municipio.
Un conjunto histórico entre murallas, templarios y miradores
Recorrer Culla es adentrarse en uno de los conjuntos histórico-artísticos mejor conservados del arco mediterráneo. Entre sus visitas obligadas destacan las ruinas del castillo y la muralla, la Iglesia Parroquial del Salvador —que alberga la Campana Grossa, fundida en 1404—, el antiguo hospital del siglo XVII y la antigua prisión, que en otras épocas fue granero y aljibe. Miradores como el de El Terrat permiten entender la relevancia estratégica del enclave y disfrutar de vistas que refuerzan su carácter defensivo y legendario.
La historia de Culla se remonta incluso a la prehistoria, como evidencian las pinturas rupestres y yacimientos arqueológicos en su término municipal. Tras la reconquista cristiana en 1233 y su paso por la Orden de Montesa, el municipio experimentó su máximo esplendor económico vinculado al comercio de la lana. Actualmente, con menos de 500 habitantes, conserva su identidad gracias a la restauración de su patrimonio y a iniciativas culturales como recreaciones históricas y festividades medievales que destacan su pasado.
Naturaleza, gastronomía y un paisaje con personalidad propia
Más allá de su núcleo urbano, Culla sobresale por un entorno natural de gran valor, con fuertes pendientes, cuevas, simas y una extensa red de masías dispersas por el territorio. El paisaje combina áreas forestales y agrícolas, con cultivos tradicionales de almendro, olivo y vid, y es idóneo para senderismo y rutas en bicicleta. La gastronomía local, basada en platos de montaña como guisos de cordero, embutidos, setas y dulces de almendra, completa una experiencia que posiciona a Culla como uno de los pueblos medievales más recomendables de la Comunidad Valenciana.
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