Comprender por qué la dopamina puede ser un obstáculo y cómo aprovecha su poder para beneficiarte

La molécula resulta esencial para entender nuestros impulsos y reacciones. En su nuevo libro, el autor detalla cómo interactuar con ella para mejorar hábitos y perspectivas.

Foto: Mike E. Long. EC EXCLUSIVO

¿Por qué nunca parece ser suficiente? La búsqueda constante de más éxito, placer y reconocimiento suele dejar una sensación de insatisfacción. El físico Michael E. Long sostiene que la respuesta reside en la dopamina: la molécula que orienta el deseo, la motivación y las ilusiones, aunque también puede atraparnos en un ciclo interminable de recompensas.

Este científico explica que, mediante un manejo adecuado, esta hormona puede servir como la clave para alcanzar una vida más equilibrada y feliz, facilitando el ajuste de emociones, hábitos y elecciones. En su reciente obra, Dopamina bajo control (Península, 2026), el autor busca facilitar la comprensión de cómo esta sustancia es fundamental para entender nuestros impulsos y reacciones.

PREGUNTA. Afirmas que para mejorar casi cualquier aspecto cotidiano es suficiente partir de una única molécula: la dopamina. ¿Por qué le atribuyes un rol tan central frente a otros neurotransmisores?

RESPUESTA. La dopamina es el único neurotransmisor que se focaliza exclusivamente en el futuro y en áreas fuera de nuestro control inmediato. Nos impulsa a buscar, desear y esforzarnos, y en esos ámbitos externos a nosotros es donde se encuentra la satisfacción.

P. ¿Consideras que vivimos en una era especialmente dominada por la dopamina o simplemente somos ahora más conscientes de ello?

R. Hoy en día vivimos en un entorno dominado en mayor medida por la dopamina, debido a que controlamos de forma mucho más amplia el tiempo y el espacio. Esto significa que podemos comunicarnos con más personas y de manera más inmediata que en cualquier otro momento de la historia. El “subidón” de dopamina proviene precisamente de ese dominio.

'Dopamina bajo control'

P. En tu libro diferencias entre la dopamina del deseo y la del control. ¿Por qué esta última pierde terreno frente a la primera?

R. No es cuestión de que una sea más débil; simplemente cumplen funciones diferentes. El deseo actúa como un sistema de alerta temprana que detecta oportunidades y promesas. En cambio, el control opera como un mecanismo de planificación. De forma natural, el deseo se siente más intenso.

P. ¿Piensas que confundimos la intensidad con la felicidad?

R. Estar ocupado con un propósito puede considerarse una forma de felicidad. Aunque una experiencia intensa no siempre sea plenamente satisfactoria, esa propia intensidad suele distraer de una reflexión profunda. Sentirse activo se asemeja a sentirse feliz, aunque solo uno de esos estados es realmente un acto consciente de felicidad.

P. En ese proceso de aumento de la tolerancia, ¿cuándo deberíamos empezar a sospechar que algo no funciona?

R. Es bastante claro: cuando hace falta incrementar el esfuerzo para alcanzar el mismo nivel de estimulación.

P. Sostienes que llamar “ayuno de dopamina” es un término incorrecto y sugieres “revitalización”. ¿Qué malentendidos se corrigen con esa elección?

R. Es comparable a seguir una dieta. No se puede dejar de comer por completo, porque eso causaría enfermedad e incluso la muerte. Del mismo modo, el cerebro no puede dejar de producir o necesitar dopamina. Por eso, al igual que con la alimentación, es preciso establecer límites razonables.

P. En el libro insistes en evitar la “censura puritana del placer”. ¿Cómo se logra un “ayuno” sin que derive en moralismo, culpa o disciplina vacía?

R. Mi libro ofrece dos herramientas para abordar esta cuestión.

La primera incluye técnicas para gestionar comportamientos dopaminérgicos, tales como las citas en serie, el consumo compulsivo y el doomscrolling.

La segunda herramienta es la elección consciente: ante cualquier oportunidad, es necesario reconocer deliberadamente que siempre existe una opción. La decisión debe ser tomada con criterio. Las primeras herramientas pueden limitar la exposición a dichas oportunidades, pero al final nosotros decidimos cómo actuar.

P. Mencionas dos circuitos: deseo y control (y cómo el control facilita la planificación y evaluación de opciones). ¿Qué hábitos potencian esa dopamina controladora cuando el deseo se impone?

R. Es útil imaginar la creatividad controlada como un chef cocinando. Si dispone de pocos ingredientes, sus opciones son limitadas. Pero con una amplia variedad puede generar combinaciones novedosas y sorprendentes. Con el cerebro sucede algo similar: para fortalecer la dopamina del control, es necesario alimentarlo con nuevas habilidades, imágenes, sonidos e ideas. Esta dopamina aprovecha esos recursos para la creatividad.

Michael E. Long. (Cedida)

P. Al hablar de las redes sociales, las comparas con una máquina tragaperras: sorpresas, novedades y recompensas impredecibles. ¿Qué normas específicas sugieres para usarlas sin permitir que la dopamina condicione la rutina diaria?

R. Se pueden emplear aplicaciones que limiten su uso en ciertos momentos, aunque el método más duradero consiste en entender que las redes sociales son solo otra forma de pasar el tiempo, comparable a leer o ver televisión. Cuando llegue el impulso de “navegar”, es clave reconocer que esa es una elección y evaluar qué actividad se prefiere realizar en ese momento. No debe sucumbirse pasivamente a la atracción dopaminérgica que ofrecen.

P. Narras que abandonaste por completo el consumo de noticias y experimentaste un difícil pero esclarecedor periodo de abstinencia. ¿Qué descubriste sobre ti mismo, qué buscabas y qué alimentabas?

R. Aprendí que, en una sociedad relativamente estable y libre, las noticias constituyen casi exclusivamente un debate sobre cómo vivir cómodamente; una elección entre opciones como filete o marisco. Sin embargo, este tema genera alteración, en parte por el deseo de controlar a otros. A menudo pensamos que actuamos por nobleza, pero muchas veces el motor principal es querer que los demás compartan nuestras creencias. Reconocerlo es complicado, pero sucede con frecuencia. Al final, todos regresan a casa, a una cama cálida y con el estómago lleno. Es sencillo luchar con pasión cuando lo que está en juego es tan reducido.

P. Indicas en el libro una idea más ambiciosa que “estar entretenidos”: una vida en la que placer y sentido se entrelazan para generar valor a otros. ¿Consideras que ese es el uso más inteligente de la dopamina: orientar el deseo hacia el sentido?

R. Así es. Cuando preguntamos “¿qué aporta mi vida?”, realmente indagamos qué valor hemos creado más allá de la mera satisfacción personal. La dopamina puede empujarnos hacia el entretenimiento frívolo y la distracción, o bien motivarnos a lograr objetivos que nos trasciendan. Esa elección corresponde a cada uno.

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