La exposición frecuente a imágenes de tragedias ferroviarias puede provocar un temor excesivo al uso de cualquier tipo de tren
- Marcas en las ruedas de tres trenes y el enigma del bogie: qué se conoce sobre la investigación
- Últimas noticias sobre la crisis ferroviaria tras los dos accidentes en Adamuz y Gelida, en directo
El domingo, poco antes de las 20:00, el tren de Lucía se detuvo en la estación de Córdoba. Tenía previsto pasar por el tramo de Adamuz media hora después del accidente, pero el trágico acontecimiento la mantuvo en el andén hasta las 23:00, momento en que abordó un autobús con destino a Madrid. A pesar de haber presenciado el desgraciado evento de cerca, relata que se obligará a no temer al tren, lo necesita para visitar a su familia y se niega a dejarse dominar por el miedo; no obstante, admite que desconoce cómo reaccionará al coger un tren que ya tiene reservado para finales de este mes. El caso de Noelia es totalmente distinto, aunque solo ha conocido el incidente a través de los medios, admite que le genera cierta inquietud el AVE que debe tomar en un mes desde Madrid a Villena para llegar a su hogar familiar. Además, más allá de los viajes largos, a Fernando, quien utiliza el cercanías cada día para desplazarse al trabajo, también le provoca cierta incertidumbre subir al tren todas las mañanas.
Más allá de haber estado presente en el accidente, lo cierto es que la continua repetición de imágenes impactantes en televisión, periódicos y redes sociales está alterando la manera en que la población percibe el riesgo real de viajar en cualquier tren. Así lo explica Fernando Muñoz Prieto, responsable de la coordinación del dispositivo de asistencia psicológica en el 11-M y profesor de Psicología Clínica y Psicopatología en CES Cardenal Cisneros.
La sobreexposición a estas imágenes “puede actuar como un factor que favorece la aparición de ansiedad anticipatoria y conductas de evitación”, indica a El Confidencial este especialista en psicología de urgencias y emergencias. Añade además que “es posible que en personas sin vínculo directo con el accidente surjan episodios de ansiedad, especialmente en individuos con vulnerabilidad psicológica”.
En cuanto a la duración de este temor en los pasajeros, apunta que “la ansiedad anticipatoria suele ser temporal para el viajero, aunque puede volverse crónica o manifestarse de maneras inapropiadas”.
Redes sociales: ángel y demonio
Las redes sociales han desempeñado un papel importante en la percepción pública de los recientes accidentes ferroviarios, llenándose de testimonios, imágenes diversas, vídeos, teorías conspirativas y contenidos generados mediante inteligencia artificial.
Este tipo de contenido puede influir en las personas con una doble cara respecto al miedo. “Las nuevas formas de comunicación pueden fortalecer nuestra resiliencia psicológica o, por el contrario, aumentar nuestra vulnerabilidad. El uso responsable por parte de todos, y el saber cuándo limitar la exposición a contenidos perjudiciales, por ejemplo, puede ser clave para adoptar una actitud más adaptativa”, añade.
Respecto a qué tipo de imágenes pueden intensificar el miedo, independientemente de dónde se publiquen, señala que “dependerá de múltiples factores personales y sociales, como el contexto, la vulnerabilidad de ciertos grupos, el momento, entre otros”.
¿Se padece un miedo exagerado?
El psicólogo también apunta que para determinar si el miedo es excesivo, es necesario observar “la intensidad de la ansiedad y los efectos que provoca, especialmente si impiden o dificultan el hecho de viajar”.
En cuanto a recomendaciones prácticas para manejar el temor sin caer en la negación del peligro ni en una ansiedad paralizante, apunta que “el cerebro identifica situaciones potencialmente amenazantes, pero es crucial evaluar racionalmente el grado de peligro real y, asociado a esto, aprender a enfrentar los desafíos y miedos que surgen. Trabajar cognitivamente estos aspectos, junto con reducir la ansiedad mediante ejercicios de relajación, es un paso apropiado”.
¿Existen similitudes con el 11-M?
Para el psicólogo, las respuestas emocionales a estos accidentes comparadas con las del 11-M pueden tener conexiones, aunque en esencia son distintas: “La adaptación psicológica presenta diferencias entre atentados terroristas y accidentes, aunque en ambos casos es común la aparición, entre otros, de sintomatología ansioso-depresiva y psicotraumática”.
En relación con si el atentado de 2004 ha influido en la capacidad para enfrentar situaciones traumáticas, señala que “tanto los profesionales como la sociedad en general, tras vivir experiencias difíciles, se ven obligados a realizar un ejercicio de lecciones aprendidas que permitan enfrentar la adversidad y fortalecer la resiliencia. Considero que el 11-M nos forzó a desarrollar esta capacidad”.

