Pilar Carpy realiza la residencia de dermatología en el Hospital Universitario 12 de Octubre
La trayectoria de Pilar Carpy está marcada por las segundas oportunidades y por aprovechar cada posibilidad hasta lograr estar donde verdaderamente se siente plena. Esta argentina inició sus estudios en ingeniería, siguiendo la tradición familiar. Sin embargo, tras año y medio, comprendió que no era su vocación: le interesaba más lo que aprendían su pareja y sus amigos que lo que encontraba en sus apuntes. Fue entonces cuando descubrió cómo era la vida en un hospital y tomó la decisión de comenzar su formación como médica en la Universidad de Buenos Aires.
Pasaron los años y terminó ejercitando su profesión en investigación, específicamente en ensayos clínicos, hasta que, a los 26 años, quiso “vivir la experiencia” de hacer la residencia en España. El plan era claro: continuar trabajando en el mismo ámbito y, una vez obtenida la homologación, comenzar a prepararse para el MIR (Médico Interno Residente), que es la vía de especialización médica en ese país.
De este modo, cuatro meses antes del examen MIR, empezó su preparación. Recuerda que durante el estudio se mantuvo tranquila, aunque la mayoría de estos opositores dedican más tiempo. “Mi mantra era ‘estoy haciendo lo mejor que puedo con el tiempo que tengo’”, afirma a El Confidencial.
A su favor estaba su experiencia y, para la especialidad deseada, no requería una puntuación demasiado alta. La sorpresa fue enorme cuando descubrió que no solo lograría entrar en la plaza deseada, sino que se posicionó entre las 150 mejores notas de España. Concretamente, obtuvo el puesto 125 y siguió su verdadera pasión durante la carrera: la oncología médica.
Renunciar a una especialidad soñada
Inició la residencia en el Hospital Universitario La Paz con satisfacción, pero a medida que avanzaban las semanas comprendió que, aunque la especialidad le gustaba, no era adecuada para ella. Expresar este pensamiento no fue sencillo, de hecho, probablemente fue más complicado verbalizarlo que renunciar a la plaza, según sus recuerdos. “Lo más difícil no fue decidir dejarlo, sino darme permiso para abrir esa puerta. Cada vez que surgía la mínima duda, trataba de silenciar ese pensamiento. Cuando finalmente pude admitir que creía haber cometido un error, todo fluyó”, comenta.
Además, sentía que no podía continuar y consideraba esta situación como una experiencia adicional en su vida que, a pesar de ser dura, no se puede saber con certeza hasta vivirla. En sus palabras, la medicina se aprende e incluso se puede rotar por distintos servicios, pero la realidad no se conoce hasta estar en el campo. Tras cinco meses, renunció y se preparó de nuevo para el MIR, con otros cuatro meses por delante y “más presión”, pero también con la experiencia previa.
En esta segunda ocasión, tuvo que compatibilizar los estudios con su trabajo como médica en una unidad móvil del Colegio de Farmacéuticos de Madrid durante dos días y medio a la semana. “Al encontrar esa posición, pensé que era una pequeña señal: aunque en ese momento todo parezca fuera de control, hay algo que orienta y hace sentir que las cosas suceden por una razón”, recuerda. Además, este trabajo fue para ella un punto de desconexión respecto a los apuntes.
Así, el 25 de enero de 2025, volvió a presentarse al examen MIR. Tras haber dormido “muy bien”, dedicó la mañana a relajarse, desayunar con calma, conversar con sus padres —que residen en Argentina— y comer algo ligero.
El examen no fue la única sorpresa, pues existe un sentir generalizado de que el test de ese año incluyó preguntas “muy inusuales” y elementos “diferentes”. Al salir, sintió una gran alegría que por momentos mitigó la mezcla de sensaciones agridulces: sus padres habían viajado desde Argentina para acompañarla.
Fue precisamente mientras paseaban por los callejones del madrileño barrio de Malasaña que Carpy recibió una notificación en su móvil, informándole que había logrado la quinta mejor posición en la prueba. En esta etapa ya había observado de primera mano cómo trabajaban en otras especialidades y conoció a un compañero realizando la residencia en Dermatología, cuyos relatos despertaron su interés.
De este modo, decidió especializarse en dermatología en el Hospital Universitario 12 de Octubre. “Es algo que quizás no hubiese considerado inicialmente y, hoy en día, lo estoy viviendo y disfrutando plenamente. Combina distintos aspectos: una parte oncológica, inflamatoria, infecciosa, quirúrgica… con numerosos procedimientos. Es sencillo identificar en dermatología un área que te genere mayor interés o en la que te imagines desarrollándote”, concluye.

