Una acera en Cataluña donde la provincia cambia al cruzar de lado a lado

En una pequeña localidad catalana, cruzar la calle significa no solo cambiar de acera, sino también de provincia, municipio y comarca

Foto: Cada lado de la acera marca una provincia, un municipio y una comarca diferentes. (ACN)
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Existe en Bellvei una calle catalana que separa dos provincias, dos municipios y dos comarcas con solo cruzar de acera. Esta vía peculiar, conocida como carrer de les Dues Províncies, recorre un núcleo urbano donde bastan unos pasos para cambiar de administración.

Lo que parece una calle residencial cualquiera en Baix Penedès es en verdad una frontera legal y administrativa entre Tarragona y Barcelona. En una acera se encuentra el municipio de Bellvei; en la contraria, Castellet i la Gornal. Los vecinos conviven diariamente, sin embargo, dependen de normativas distintas en aspectos como salud, educación y trámites oficiales.

Una frontera invisible que influye en la vida cotidiana

La calle de les Dues Províncies no solo delimita provincias, sino que también separa comarcas —Baix Penedès y Alt Penedès—, generando una circunstancia única en Cataluña. Los residentes de una vereda integran los sistemas sanitario y educativo de Tarragona, mientras los del lado opuesto están sujetos a las reglas de Barcelona. Todo esto sucede en un área común, con solo unos pocos metros de distancia.

Durante la pandemia, esta división cobró un carácter incluso más surrealista. Las restricciones de movilidad interprovinciales impidieron a muchos habitantes cruzar la calle, aunque en el otro lado estuviera la panadería, el buzón o un familiar cercano. Fue en ese momento cuando esta calle dejó de ser una simple curiosidad administrativa para convertirse en un símbolo de normas desconectadas de la vida cotidiana.

Un emblema de división y convivencia a la vez

El caso de Bellvei ilustra cómo los límites administrativos, por mínimos que parezcan, afectan directamente la vida diaria. Durante el confinamiento, algunos vecinos no pudieron acceder a servicios esenciales ubicados justo frente a sus hogares, debido a que una línea invisible —pero legalmente vigente— se lo prohibía.

En la actualidad, lejos de aquella situación excepcional, la calle mantiene su particularidad. Aunque las discrepancias administrativas persisten, la convivencia se desarrolla con normalidad. Las familias conservan vínculos cercanos en ambos lados, y las amistades no reconocen fronteras. No obstante, la acera que se pisa sigue determinando la provincia de residencia y la administración correspondiente.

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