Actos de solidaridad en Adamuz: el padre Godoy distribuyó alimentos de Cáritas, Antonio mantuvo abierto su bar, y la niña del peluche conserva ese recuerdo.

Casi todos en la localidad cordobesa recuerdan cómo este domingo se rompió el orden habitual y emergió entre ellos una solidaridad y compañerismo que conmovió a toda España.

Rafael Prados Godoy, párroco de la iglesia de Adamuz.

La hamburguesa seguía caliente cuando Rafael Prados Godoy, párroco de Adamuz y de municipios cercanos, se enteró de que había ocurrido un suceso grave. Eran aproximadamente las ocho y media de la tarde del domingo. La jornada había terminado, no había misa esa noche y cenaba en su casa, como casi siempre, a una hora temprana. «Fue el propio repartidor quien me informó que había tenido lugar un accidente de tren», recuerda. Desde ese momento comenzó todo para él.

El accidente ferroviario que se produjo en los últimos momentos de la tarde del domingo pasado —con varias decenas de muertos confirmados y una cifra oficial de desaparecidos aún desconocida al cierre de esta edición— continúa conmocionando a los 6.400 habitantes de Adamuz y localidades vecinas. Al igual que Godoy, los demás vecinos recibieron la noticia inicialmente como un ruido distante que, en pocos minutos, abrió una grieta en sus corazones y causó las primeras reacciones espontáneas, surgidas del fondo más profundo. Lo sencillo se tornó denso y útil para asistir: un quad para atravesar caminos y transportar heridos, la tienda abierta sin aviso, las mantas de lana olvidadas, las despensas particulares repletas… Casi todos en esta localidad de Córdoba recuerdan cómo ese domingo lo habitual se rompió para dar paso a una unión y fraternidad que ayer conmovía a toda España.

El padre Godoy encendió inmediatamente el Canal 24 Horas al recibir la noticia. Apenas hubo unos segundos de información: un tren descarrilado, la circulación interrumpida entre Madrid y Andalucía. Pocos minutos después, el teléfono comenzó a sonar. Adamuz, un pueblo acostumbrado a la calma propia de su entorno, se movilizó de manera instintiva.

Don Rafael activó una videollamada con el grupo de Cáritas. La decisión fue clara: abrir el almacén y sacar todo aquello que pudiera consumirse lo antes posible. En menos de una hora ya estaban preparados. Estufas encendidas, leche caliente y mantas listas en un pequeño refugio improvisado dentro de un edificio perteneciente a la coral de la parroquia. Todavía no había llegado ningún pasajero, pero el pueblo ya estaba esperando por ellos.

Para saber másGráfico.

Así fue el accidente: la secuencia de la tragedia

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