Pocos destinos del interior logran combinar una historia milenaria, paisajes montañosos y un casco antiguo que invita a perderse, junto con la sensación constante de descubrir algo exclusivo
- La villa oculta de Cuenca que merece ser descubierta: rodeada de campos de girasol y con un monasterio imponente
- El hermoso claustro de Extremadura, reconocido por National Geographic como uno de los más bellos de España
Existen lugares en el interior de España que desafían completamente los clichés. Calles empinadas, fachadas de piedra dorada, palacios históricos y una fortaleza que domina el entorno como si estuviera en la Toscana. Todo acontece en un ritmo tranquilo, en el que el pasado se percibe en cada rincón y la naturaleza surge a la vuelta de cada esquina. Este destino llega a sorprender incluso a los viajeros más experimentados y prueba que no es necesario cruzar fronteras para experimentar la sensación de Italia.
Ese enclave es Mula, una de las joyas ocultas de la Región de Murcia. Ubicada en el interior y rodeada por montañas, esta localidad fusiona una historia de siglos, patrimonio monumental y paisajes naturales que invitan a prolongar la estancia. Recorrer Mula equivale a viajar desde la era romana hasta el auge del barroco casi sin notarlo.
El perfil urbano está dominado por el Castillo de los Vélez, una fortaleza renacentista del siglo XVI que corona una peña escarpada y brinda una de las vistas más impactantes del sureste español. Más que una simple construcción defensiva, el castillo representaba una muestra de poder nobiliario y permanece como el símbolo principal de la ciudad. Desde sus inmediaciones, el panorama del casco histórico evoca pueblos del centro de Italia, con tejados escalonados y calles adaptadas al relieve.
A los pies del castillo se extiende el Conjunto Histórico, declarado Bien de Interés Cultural. El antiguo barrio medieval mantiene el diseño de la medina musulmana, con estrechas callejuelas, plazas recogidas y espacios con mucho encanto. La Plaza del Ayuntamiento es uno de los lugares centrales, dominada por la Torre del Reloj y el Monumento al Tamborista, que conmemora la célebre Noche de los Tambores, una de las tradiciones más caracterizadas de la Semana Santa.
Mula también destaca por su importante legado religioso y artístico. El Real Monasterio de la Encarnación, de estilo barroco, guarda la venerada reliquia de la Santa Espina. Muy próximo, la Iglesia de San Miguel alberga un museo con piezas de elevado valor histórico, mientras que el antiguo Convento de San Francisco se ha transformado en el Museo de la Ciudad, recorrido esencial para comprender la evolución del municipio a lo largo del tiempo.
Para quienes aman la arqueología, la experiencia continúa fuera del casco urbano. A pocos kilómetros se localiza la Villa Romana de Los Villaricos, uno de los complejos rurales romanos mejor preservados del sureste peninsular, con mosaicos, termas y restos de antiguas explotaciones agrícolas. Además, destaca el Museo de Arte Ibérico de El Cigarralejo, reconocido internacionalmente por su colección de ajuaar funerario íbero.
El entorno natural representa otro de los principales atractivos. Mula funciona como puerta de entrada al Parque Natural de Sierra Espuña, un verdadero pulmón verde con senderos entre pinares y miradores impresionantes. También sobresalen sitios como Fuente Caputa, con pozas de agua clara, o el Embalse de la Cierva, perfecto para la observación de aves y paseos tranquilos.
La visita culmina con una parada obligada en Los Baños de Mula, conocidos desde la Antigüedad por sus aguas termales. Balnearios históricos y piscinas naturales ofrecen la posibilidad de relajarse tal como hacían los romanos, concluyendo así una escapada que une cultura, naturaleza y bienestar.
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- El hermoso claustro de Extremadura, reconocido por National Geographic como uno de los más bellos de España
Existen lugares en el interior de España que desafían completamente los clichés. Calles empinadas, fachadas de piedra dorada, palacios históricos y una fortaleza que domina el entorno como si estuviera en la Toscana. Todo acontece en un ritmo tranquilo, en el que el pasado se percibe en cada rincón y la naturaleza surge a la vuelta de cada esquina. Este destino llega a sorprender incluso a los viajeros más experimentados y prueba que no es necesario cruzar fronteras para experimentar la sensación de Italia.

