Vox supera por primera vez en esta legislatura la cifra de 60 escaños, según la reciente encuesta de SocioMétrica, alcanzando el 17,9% del respaldo electoral.
El aumento de Vox se atribuye al malestar social, sobre todo entre las clases medias y bajas, y a la percepción de que ha dejado de ser únicamente un partido de protesta.
El entorno internacional, con figuras como Trump, Milei o Meloni, impulsa la expansión de Vox, que se caracteriza por un discurso alternativo y una batalla cultural distintiva.
A pesar de su progresión, Vox continúa siendo la tercera fuerza política en España, enfrentando obstáculos en zonas nacionalistas y sin igualar aún el ritmo de partidos similares en otros países europeos.
Vox supera por primera vez en esta legislatura la simbólica barrera de los 60 escaños.
La última encuesta de para otorga al partido de 62 diputados y un 17,9% de los votos, su cifra más alta desde las elecciones generales.
El dato posee relevancia por dos razones. Primero, a nivel técnico. Por encima del 15% en votos, la ley electoral comienza a convertir de manera más eficiente esos votos en escaños. Debajo de ese porcentaje, el sistema desfavorece a la tercera opción.
En segundo lugar, el aspecto político. Se confirma una tendencia que las encuestas apuntan desde hace varios meses. «Vox ya no es una muleta, se ha transformado en una alternativa«, resume un alto cargo del partido a este diario.
¿Qué explica el avance de Vox? Los especialistas consultados por EL ESPAÑOL coinciden en que capitaliza el descontento en un contexto internacional que favorece cada vez más a la autodenominada derecha patriótica, soberanista o alternativa.
Sus adversarios políticos también la califican como ultraderecha, derecha radical o populista.
José Luis González Quirós, filósofo y uno de los fundadores del partido, define este avance como un «voto reactivo» frente a un malestar social que, dice, es «muy elevado ahora con Sánchez».
Para Miguel Ángel Quintana Paz, pensador cercano a Vox, este crecimiento responde al «empobrecimiento de las clases medias y bajas» y a una «ausencia de expectativas» que motiva a buscar opciones políticas diferentes.
«El nuevo eje del debate radica en el coste de la vida», señala a EL ESPAÑOL Óscar Álvarez, consultor en estrategia y comunicación política.
Como ejemplo, menciona la campaña del nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que popularizó el lema «es el coste de la vida, idiota«, reflejando esa indignación (parafraseando el «¡Es la economía, estúpido!» de James Carville, asesor de Clinton en 1992).
Según Vox, su partido «crece en los mismos terrenos donde debería hacerlo el PP», aunque captando a «los perfiles más radicales» de ese electorado.
Quirós recuerda que en España la derecha más extrema nunca ha alcanzado mayoría, «ni siquiera durante el franquismo«, cuando partidos como el de Blas Piñar fueron «marginales, aunque notorios«.
Ese voto, explica, tenderá a concentrarse en Vox, pero «cuando esté en juego quién gobierna», parte del electorado tradicional del PP que se marchó, «lógicamente» volverá.
«España no es Francia ni Italia y no veo a Vox superar al PP, aunque me he equivocado en varias ocasiones», predice.
Para Óscar Álvarez, Vox amplía su base al dirigirse a dos segmentos. Por un lado, «votantes insatisfechos por la falta de respuestas rápidas de los partidos, especialmente la izquierda, a las dificultades cotidianas».
Por otro, «jóvenes y abstencionistas» que responden a «mensajes claros».
Este clima de descontento se acompaña de una fuerte desmovilización del electorado del PSOE, «deprimido» tras las acusaciones de abuso sexual.
Ese voto específico no se traslada, sino que se queda en casa, lo que beneficia a Vox, según este experto.
Al impulso de Trump y Milei
Todo esto ocurre además en un escenario internacional marcado por un «giro notable» hacia líderes como Donald Trump, Javier Milei, Viktor Orbán o Giorgia Meloni.
«Vox ya no asusta; más bien al contrario», afirma Álvarez, expresidente de la Asociación de Comunicación Política (ACOP).
Desde Vox también defienden esa idea. Enorgullecen a sus referentes internacionales porque creen que muestran a sus simpatizantes «un reflejo» de lo que harían en España si accedieran al Gobierno.
Otro factor relevante es su salida de los gobiernos autonómicos. Tradicionalmente, el socio minoritario suele quedar perjudicado, como pasó con Ciudadanos en pactos con el PP y ahora con Sumar al apoyar al PSOE.
Desde la oposición, Vox ha reforzado su discurso y, al mismo tiempo, ha evitado los costos propios de la gestión.
Fuentes del partido afirman que esta estrategia les ha permitido dejar de ser considerados una «muleta» del PP.
Para Quintana Paz, existe también un factor fundamental: la batalla cultural. Vox ha invertido años en construir un «arsenal» intelectual con entidades como la Fundación Disenso, que genera nerviosismo entre sus adversarios.
«No es un simple cementerio de elefantes dedicado a chismes, como ocurre frecuentemente con fundaciones de otros partidos, sino que Disenso promueve múltiples impulsos culturales en defensa de la libertad y la nación española», asegura.
Cabe recordar que Quintana Paz es asesor de este centro de pensamiento.
Avanza lentamente, pero avanza
A pesar de contar con aliados internacionales en el poder, Vox sigue siendo la tercera fuerza política en España. La encuesta de SocioMétrica ratifica una tendencia positiva, pero su posición continúa siendo inferior a la de partidos equivalentes en otros países.
En Francia, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen se ha consolidado como la principal fuerza opositora. En Países Bajos, el partido de Geert Wilders lidera el Parlamento. En Portugal, Chega! ocupa la segunda posición con 60 diputados.
En Vox reconocen esta diferencia, pero la atribuyen a un tema de ritmo. «Aquí el crecimiento es más pausado, pero llegará», indican fuentes del partido, que hablan de un avance «constante y sostenible».
Quintana Paz señala dos limitaciones que frenan el crecimiento de Vox. La primera es que hay comunidades autónomas donde el nacionalismo ha gobernado durante décadas y donde el partido encuentra mayores dificultades.
«Existen regiones enteras que han estado gobernadas durante años por políticas nacionalistas contrarias a la patria común, lo que condiciona el espacio electoral de Vox», lamenta.
El segundo obstáculo es que, a diferencia de otros países, en España aún no se ha visto una gran coalición entre PSOE y PP que permita un flujo claro de votos hacia partidos como Vox.
«Mientras no se perciba que los grandes partidos gobiernan juntos o son indistinguibles, para muchos votantes no se activa la alarma», señala.

