El emblemático jugador español, que dejó el baloncesto en 2021, ocupa en la actualidad el cargo de director deportivo en el Basquet Girona.
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Fernando San Emeterio representó siempre algo más que un alero confiable en las noches de Euroliga. Ahora, retirado y trabajando en la gestión deportiva —forma parte de la dirección del Basquet Girona tras su retirada en 2021—, se destaca también como un caso inusual: un exjugador que habla abiertamente de finanzas, fondos de inversión y errores tempranos con el dinero.
En el pódcast La Bolsa de Deporte, producido por MAPFRE, el exMVP de la ACB repasó su evolución desde derrochar su salario a los 17 años hasta gestionar su capital durante más de quince años. Su relato se ofrece con una naturalidad que rompe el habitual silencio sobre temas económicos en los vestuarios.
Su educación financiera fue abrupta. En su primer contrato profesional, en Valladolid, recibía un sueldo modesto, pero muy superior a las necesidades de un adolescente que aún vivía con sus padres.
Recuerda: «Ganaba, no sé, 900 € al mes» y lo gastaba todo en invitar a amigos, comprar el último móvil o la consola nueva, «cosas que no debería haber hecho».
La realidad golpeó rápido: en verano dejó de cobrar, la empresa cortó la línea telefónica y sus padres descubrieron la cuenta bancaria vacía.
Fernando San Emeterio, durante su etapa como jugador del Valencia Basket EFE
Ese episodio marcó un punto de inflexión. Un año después, con la ayuda de sus padres, decidió poner a producir el dinero. «Compré mi primera casa en Valladolid sobre plano y entré en hipoteca, lo que me obligó a organizarme», resumió.
Tener que afrontar una cuota mensual le enseñó una lección que muchos deportistas aprenden tarde: los ingresos pueden ser elevados, pero también frágiles.
Tras saldar esa vivienda, apareció en su vida un concepto clave: fondos. Comentó que su madre le habló de este vehículo financiero, le concertó una cita con un responsable de Bestinver y accedió a escuchar.
«Desde entonces empecé a investigar y a aprender», recordó. Combina desde entonces la asesoría de profesionales con formación propia a través de lectura e interés en inversión.
Actualmente, su enfoque se aleja del prejuicio del deportista que busca un “golpe de suerte”. San Emeterio lo expresó directamente: «No busco un pelotazo, sino que el dinero que genero trabaje y se valorice de forma estable».
En lugar de perseguir la próxima GameStop, prefiere conformar una cartera equilibrada con fondos value, tecnología, gestión indexada y activos más conservadores a medida que se acercaba su “jubilación deportiva”.
También aprendió a respetar sus propios límites de tiempo y conocimientos. Tras incursionar en el análisis de acciones, llegó a una conclusión práctica: «Lo mejor es delegar… en alguien que tenga tiempo y se dedique a gestionar nuestro dinero».
Elige con cuidado a quienes confía su patrimonio, estudia la filosofía de cada gestor y, tras invertir, se esfuerza en no dejarse influenciar por las fluctuaciones diarias del mercado.
En el pódcast, el cántabro insistió en que los jóvenes profesionales deberían comenzar mucho antes. Su recomendación inicial fue casi una instrucción básica: «Lo primero que les diría es que busquen información sobre interés compuesto en internet, YouTube o donde sea».
Luego, proponía una norma simple: «Apartar parte de tu sueldo, en cuanto recibas la nómina, para invertir».
Su mensaje final era contundente y aplicable a cualquier vestuario: la carrera deportiva es corta y no asegura ingresos tras los 35 años. Por ello, tener un colchón financiero «para una transición más cómoda» no es un lujo, sino una necesidad.
Él mismo construyó ese colchón mucho antes de dejar de anotar triples.

