Aarón Ñíguez (36), exjugador y CEO, destaca la disciplina del fútbol aplicada en sus empresas

Aarón Ñíguez, durante un entrenamiento. El exfutbolista ha convertido los principios del vestuario en un sistema de gestión profesional aplicado tanto al fútbol base como al emprendimiento.

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Pasar del terreno de juego a la gestión administrativa es uno de los retos más difíciles para cualquier deportista de élite, aunque para Aarón Ñíguez ha supuesto una transformación natural cimentada en un valor fundamental: la disciplina.

Durante su intervención en el podcast Tengo un Plan, el exfutbolista y actual empresario explicó cómo ha trasladado los principios del deporte de alto rendimiento a la administración de sus proyectos, especialmente en su club de fútbol base.

Para Aarón, el éxito empresarial no depende de la fortuna ni de las conexiones, sino de mantener el rigor que le permitió permanecer durante años en la élite del fútbol profesional. Como él mismo afirma con claridad: «El fútbol me enseñó la disciplina, y esa disciplina ahora la aplico en mis negocios».

Esta forma de ver la vida le ha alejado del estereotipo del exjugador que invierte sin implicación. Aarón se define como un gestor activo, consciente de que la estructura de una empresa necesita el mismo orden táctico que un equipo en el campo.

En la conversación destaca que su visión para el fútbol base no era solo crear un espacio donde los niños jugaran, sino profesionalizar un ámbito que frecuentemente carece de organización. Su intención ha sido dotar a su club con una estructura comparable a la de equipos de élite, manejando cada aspecto con una seriedad empresarial antes reservada a grandes clubes.

Aarón Ñíguez, durante un entrenamiento.

Aarón Ñíguez, durante un entrenamiento. EFE

Está convencido de que el crecimiento se basa en una metodología clara: «Desde el principio tuvimos claro que el club no podía ser un equipo más del barrio; debíamos gestionarlo con la estructura y profesionalidad típica de un club de alto nivel».

No obstante, Ñíguez no considera el negocio como un simple balance financiero. En la charla reflexiona sobre la importancia de ofrecer un servicio valioso que justifique la inversión de las familias y patrocinadores.

Para él, la empresa funciona como un medio para la formación, mientras que la rentabilidad es el resultado directo de hacer bien las cosas. «Al final, es una empresa, sí, pero nuestra ganancia real es ver crecer al niño y que las familias confíen en nosotros porque ofrecemos herramientas que no hallan en otros lugares», explica.

Esta habilidad para equilibrar el propósito social con la viabilidad económica define su papel como CEO. Aarón comprende que en la empresa, igual que en un vestuario, la confianza se construye con resultados y una ética de trabajo firme.

La mentalidad de Aarón Ñíguez ejemplifica cómo la trayectoria deportiva puede ser la mejor formación posible. Reconoce que el emprendimiento presenta sus propias «vallas» y obstáculos, pero su experiencia le ha enseñado a no ceder ante las dificultades.

Su perspectiva es la de quien sabe que la excelencia no es un evento aislado, sino un hábito que se cultiva cada día. Al concluir la charla, queda patente que su éxito actual no proviene tanto de su pasado como futbolista, sino de su capacidad para reinventarse manteniendo su esencia.

Aarón ha demostrado que, con la mentalidad adecuada, los valores del deporte constituyen la mejor estrategia para liderar cualquier organización en el competitivo mundo empresarial.

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