Vox mantiene a sus seguidores pese a la polémica por su postura frente al Rey, la Iglesia y el Ejército

En 2025 protagonizó enfrentamientos con varias instituciones tradicionalmente vinculadas al ámbito conservador, aunque esto no frenó su ascenso en los sondeos.

El rey Felipe VI recibe en audiencia al presidente de Vox, Santiago Abascal, en octubre de 2023

Los recorridos de Vox y de las instituciones tradicionalmente ligadas al ámbito conservador habían transcurrido, históricamente, de forma paralela. Desde su creación, los de Santiago Abascal evitaron cualquier tipo de confrontación directa con entidades como la monarquía o la Iglesia, defendiendo mantenerlas al margen del debate político. No obstante, esa estrategia cambió en los últimos meses: Abascal entró en conflicto directo con los obispos en 2025 y las críticas a Felipe VI por parte de dirigentes del partido son cada vez más evidentes. El plantón del líder de Vox al Rey el 12 de octubre, cuando no estuvo en la tribuna de autoridades durante el desfile militar, fue la culminación de un cambio de enfoque que se venía notando desde meses atrás. Y, dada la subida en las encuestas del partido en 2025, esta postura no ha provocado rechazo entre sus votantes.

El 11 de octubre, Abascal anunció que no acudirá a ningún acto institucional donde esté presente el presidente del Gobierno, explicando que «solo compartirá espacios con [Pedro] Sánchez para denunciar su corrupción». Esto abarca eventos a los que asiste el Rey, como el funeral de Estado por las víctimas de la dana o la conmemoración de los 50 años de la monarquía, además de las celebraciones anuales convocadas por la Corona, como la Fiesta Nacional. Para esta última, Abascal notificó su ausencia a Felipe VI mediante una carta, expresando su confianza en que el monarca no interpretará su falta en la tribuna como un desaire a la Casa Real. Sin embargo, tanto él como sus compañeros han manifestado cierto tono crítico hacia Felipe VI por otros motivos en los últimos meses.

«Lo siento», respondió Abascal al ser preguntado sobre el silencio del Rey respecto al Premio Nobel otorgado a María Corina Machado. Evitó criticar directamente a la Casa Real, imputando a Pedro Sánchez que «intenta secuestrar» esta institución, pero finalmente indicó que el Gobierno «pretende esconderse detrás de la Corona y que esta no cumpla con su función institucional». Más contundente fue en las redes sociales el eurodiputado de Vox Hermann Tertsch: «Un Rey que se identifica con sus enemigos se diluye».

Tres semanas antes, en septiembre, el discurso de Felipe VI en la Asamblea General de la ONU, donde condenó el «brutal e inaceptable sufrimiento» en Gaza, también generó reproches entre dirigentes de Vox. Tertsch señaló que el Rey «adoptó la narrativa de Sánchez, que termina dando la razón a los terroristas frente a quienes los enfrentan» y el eurodiputado Juan Carlos Girauta escribió en su columna en El Debate: «Quiero pensar que no, pero cada vez me resulta más difícil justificar que alguien defienda algo en lo que no cree».

Los líderes de Vox siempre justifican sus críticas a Felipe VI basándose en que la Corona está «asaltada» por el Gobierno. Así lo hicieron la primera vez que se dirigieron directamente a la Casa Real: en junio de 2024, cuando el Congreso aprobó la Ley de Amnistía y el Rey debía firmarla, exigieron a Felipe VI una «respuesta», ya que «los españoles se sienten abandonados». Esto ocurrió pocos días después de que el activista Alvise Pérez, rival de Vox por la derecha, irrumpiera en el Parlamento Europeo con un discurso más crítico hacia el monarca.

Seis meses después, en la pasada Navidad, los de Abascal guardaron silencio ante el discurso del Rey, pese a que previamente lo habían valorado —el líder de Vox llegó a compartir fotografías de su familia viendo el discurso y usó en redes el hashtag «viva el Rey». En esta ocasión, Vox fue el único partido que no respondió al mensaje de Felipe VI en Nochebuena, cuando el jefe del Estado habló de que «los extremismos, radicalismos y populismos se alimentan de la falta de confianza» y convocó a la «convivencia democrática». «La Corona simboliza la unidad y la continuidad de España. […] No nos apropiamos de los discursos ni las palabras del Rey», declaró el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, cuando fue consultado dos días después.

Este martes, el monarca inaugurará, con la Pascua Militar, un año en el que Vox parece dispuesto a mantener esa línea. Además, cuenta con el respaldo de su electorado para ello. Aunque la monarquía es una institución tradicionalmente relacionada con el espectro conservador, no son los votantes de Vox los más cercanos a Felipe VI. Una encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO realizada en noviembre reveló que solo el 45,2% de los partidarios de Abascal considera que el Rey contribuye «mucho» o «bastante» a la «defensa de los valores democráticos en España», mientras que el 52,5% opina que lo hace «poco» o «nada». Por su parte, el apoyo a Felipe VI es mayor entre los simpatizantes del PP —71,5%— y del PSOE —52,2%—. Por tanto, los conflictos de Vox con la Corona parecen coincidir, en cierta medida, con la percepción de sus electores. De ahí que el partido no pierda apoyos pese a su menos intensa defensa de Felipe VI.

Tampoco ha afectado a Abascal, según reflejan los sondeos y su crecimiento, su enfrentamiento con los obispos, otra institución tradicionalmente asociada al ámbito conservador con la que Vox había evitado el choque. El pasado verano, el líder de Vox sugirió que la posición de la Conferencia Episcopal y su «silencio» frente a las políticas migratorias y otras del Gobierno podría deberse «a los ingresos públicos que recibe», vinculados «al sistema de ayudas a la inmigración ilegal» o a los casos de pederastia que mantienen a la institución «amordazada». Fue la primera vez que Abascal criticó abiertamente la postura de la máxima entidad eclesiástica española.

Si en julio, antes de aquellas declaraciones, Vox contaba con el apoyo del 17,9% de los católicos practicantes y del 16,2% de los no practicantes —según la encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO—, en diciembre estas cifras aumentaron al 20,9% y 17,9%, respectivamente. Además, según los estudios de esta misma demoscópica, las posturas contra la inmigración irregular defendidas por Vox y rechazadas por la Iglesia resultaron en la incorporación de 300.000 votantes católicos para el partido el pasado verano, cuando intensificó su ofensiva contra la inmigración irregular.

Antes de las declaraciones de Abascal, las críticas de dirigentes de Vox hacia la Iglesia habían sido más sutiles. Mayormente, surgían ante las discrepancias en materia migratoria, aunque también generó recelo en el partido el plan gubernamental para resignificar el Valle de Cuelgamuros —la Iglesia favoreció el diálogo con el Ejecutivo sobre este tema—. «No voy a marcar la casilla para la Iglesia católica en la declaración de la Renta», expresó entonces Tertsch. Semanas después, en el Congreso, Abascal también criticó este proyecto, con una alusión velada a sus partidarios: «No hay fondos para arreglar y adecuar el barranco del Poyo […], pero sí hay recursos para resignificar el Valle de los Caídos y transformarlo en un templo masónico. Con apoyos sorprendentes, por cierto».

Existe una tercera institución, tradicionalmente ligada al conservadurismo, con la que Vox mantiene vínculos, aunque con algunas polémicas puntuales: las Fuerzas Armadas. Abascal no presenció el desfile militar del 12-O desde el lugar asignado, pero sí estuvo en la calle, «rindiendo homenaje a los símbolos nacionales y apoyando a las Fuerzas Armadas», según afirmó.

Un mes antes de ese 12-O, el jefe de la Armada chocó con Vox por sus propuestas migratorias. «Que nadie espere que la Armada combata la inmigración ilegal en el mar», declaró el almirante general Antonio Piñeiro, al ser consultado por el diputado de Vox Javier Ortega Smith sobre si sería necesario incrementar la presencia naval en aguas de Canarias, Ceuta y Melilla para frenar la llegada irregular de personas. Vox respondió sin evasivas: «La Armada, al igual que los Ejércitos del Aire y Tierra, están para proteger a los españoles», afirmó el partido en sus redes sociales, aplicando también a la Armada el discurso de que el Gobierno «está usurpando las instituciones». «Es una lástima que algunos se dejen influenciar tan fácilmente», añadió la formación de Abascal.

Este enfrentamiento tampoco parece alejar a su base electoral. Vox inicia este nuevo año más distanciado de las instituciones con las que tradicionalmente se le había vinculado pero, a la vez, con un crecimiento en los sondeos. Sus seguidores parecen respaldar el rumbo marcado por Abascal, a quien ni las polémicas, internas o externas, han afectado en los últimos meses.

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