En 2021, tras la eliminación de la categoría Finn, este atleta de Menorca modificó su dieta y régimen de entrenamientos para adecuar su cuerpo a las nuevas circunstancias.
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Joan Cardona exhibe hoy una figura mucho más delgada en comparación con la que mostraba cuando logró la medalla en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
El bronce en Finn, aún en 2026 considerado un referente en la vela española, decidió en 2021 emprender un cambio drástico: reducir peso rápidamente para ajustarse a una nueva clase y a diferentes demandas en el agua.
En ese momento, Cardona competía en Finn con algo más de 100 kilos —aproximadamente 101— y medía 1,85 metros. Ese peso era prácticamente indispensable en una embarcación diseñada para regatistas con cuerpos robustos, donde la fuerza de palanca y el peso en el borde suponían una ventaja clara.
La exclusión de la clase Finn del programa olímpico le llevó a centrarse en otra división: el ILCA 7 (antes Laser Standard), una embarcación que favorece la ligereza, la movilidad y una relación diferente entre masa corporal y superficie vélica.
La adaptación no fue solo técnica, sino también fisiológica. En una entrevista para el diario Menorca – Es Diari, noviembre de 2021, Cardona explicó el proceso: «He perdido ya diez kilos, sin apenas sentir hambre».
Joan Cardona, en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020
En tan solo un par de meses, gracias a una revisión exhaustiva de su alimentación y a un incremento significativo del entrenamiento aeróbico —especialmente mediante ciclismo—, pasó de un cuerpo preparado para anclar el barco a otro coherente con las largas ceñidas propias del ILCA 7.
Durante esa misma temporada, participó en la Mallorca 312, una de las marchas cicloturistas más exigentes del calendario popular, con 312 kilómetros de recorrido por la Serra de Tramuntana.
Esta decisión no fue aleatoria, sino un método deliberado para acumular horas en bicicleta, quemar grasa y acostumbrar su cuerpo a esfuerzos prolongados de resistencia, muy diferentes a la potencia explosiva requerida en Finn.
El ajuste de su dieta también fue profundo, aunque sin medidas extremas. Cardona no hablaba de dietas milagrosas, sino de establecer horarios, eliminar calorías vacías y elegir alimentos que le permitieran sostener este volumen de entrenamiento sin sentir vacío.
Por ello, matizó su explicación: la pérdida de peso fue rápida, pero llegó «sin apenas pasar hambre», es decir, con una planificación diseñada para evitar la típica fluctuación entre restricciones severas y episodios de exceso.
Cinco años después, en 2026, aquel cambio sigue siendo determinante en su trayectoria. El regatista menorquín se ha establecido como uno de los deportistas clave en la nueva etapa olímpica.
Su caso se menciona frecuentemente en círculos de vela de alto rendimiento como ejemplo claro de transición inteligente: usar la nutrición y el entrenamiento cruzado no solo para «reducir kilos», sino para transformar el perfil del deportista requerido cuando cambian las reglas.
Cardona no sacrificó su masa muscular competitiva. Lo que cambió fue el foco de su preparación: de la fuerza bruta a la eficiencia, del tamaño al balance. Esa transformación comenzó el día en que decidió que perder diez kilos —y luego más— era la inversión necesaria para mantener su nivel competitivo en el nuevo formato olímpico.

