Nombres tan destacados como el de Jannik Sinner han sido empañados por sanciones antidopaje a lo largo de este año.
Más información: Sinner, final de la sanción por dopaje que conmocionó el tenis: un retorno tenso, aún en la cima y con el vestuario dividido
Parece que el deporte ha retrocedido años, volviendo a épocas más oscuras. La conexión entre el deporte de élite y el dopaje ha sido, es y seguirá siendo complicada. La lacra de las trampas no desaparecerá porque siempre habrá alguien dispuesto a adelantarse para conseguir una ventaja.
Los avances científicos suelen favorecer primero a quienes hacen trampa, y en esta batalla, quienes luchan contra el dopaje a menudo tienen la desventaja. Sin embargo, en ocasiones, el sistema logra funcionar, como evidencian los numerosos y alarmantes casos que han emergido en 2025.
Desde Jannik Sinner y su conocida explicación por una pomada usada en un masaje —una versión ampliamente aceptada que derivó en una sanción leve— hasta la reciente sospecha sobre Oier Lazkano por un pasaporte biológico que, aunque no haya dado positivo, presenta irregularidades.
Un 2025 alarmante
Jannik Sinner se convirtió en el primer escándalo del año. El tenista italiano, número uno mundial, aceptó en febrero una sanción de tres meses por clostebol tras un positivo en marzo de 2024. La explicación oficial fue una contaminación accidental por una crema de masaje.
Sinner logró sobreponerse y ganar Wimbledon, aunque quedó la incógnita: ¿realmente se dopó el líder del tenis o solo fue una inesperada mala fortuna?
En el ciclismo, Oier Lazkano, destacado corredor de Movistar Team durante tres años, fue suspendido en octubre por «anomalías inexplicables» en su pasaporte biológico de cuatro temporadas. La UCI indicó que probablemente reflejan uso de sustancias prohibidas, aunque nunca se detectaron drogas en su organismo.
Oier Lazkano
Este no fue el único caso en el ciclismo, deporte que en los últimos meses ha visto cómo sus fundamentos se ven sacudidos una vez más.
También se vio afectado Yeray Álvarez. El defensa del Athletic dio positivo por canrenona en septiembre. Alegó que su pareja utilizaba un medicamento contra la pérdida de cabello que contenía la sustancia, y que él la consumió sin saberlo. La UEFA reconoció que no hubo intención de dopaje, pero aun así le impuso una suspensión de diez meses.
Fred Kerley, la confirmación de la sanción contra Mo Katir, el positivo de la saltadora Bekh-Romanchuk, la ‘operación’ contra atletas africanos… Decenas de casos que han vuelto a llenar las páginas negras del deporte.
Nuevas formas de dopaje
En laboratorios de Bielorrusia y China, científicos investigan la hemoglobina extraída del gusano arenícola marino. Su hemoglobina puede transportar 156 moléculas de oxígeno, comparado con las cuatro que transporta la humana.
Los experimentos en hámsters mostraron resultados sorprendentes, con aumentos notables en la capacidad respiratoria sin efectos secundarios visibles. Esta sustancia se denomina M101. Y es prácticamente imposible de detectar.
M101 no afecta el pasaporte biológico porque no altera el hematocrito. Se elimina del organismo en pocas horas y es indetectable mediante pruebas convencionales.
La AMA reconoce que no cuenta aún con las herramientas necesarias para combatir este método y por eso ha incluido el M101 en su programa de vigilancia. Sin embargo, vigilar no implica prohibir.
El dopaje sigue por delante
Mientras se desarrollan nuevos avances, el debate sobre la efectividad de los controles antidopaje se intensifica. El sistema es reactivo: detecta, prohíbe y castiga, pero muchas veces actúa con retraso.
Quienes dopan llevan la iniciativa, innovan en secreto y pueden competir durante meses o años antes de ser descubiertos. Solo entonces el aparato antidopaje se activa: estudios, validación de técnicas, debates internacionales y actualización de normas.
El gran desafío es anticiparse a métodos que mejoran ilegalmente el rendimiento, aunque la línea que separa lo permitido y lo prohibido no siempre es clara. Por ejemplo, sustancias como las cetonas aún generan debate y no están prohibidas.
Diversidad en la lucha según el deporte
La lucha antidopaje no es uniforme en el deporte. Algunas disciplinas cuentan con controles exhaustivos y sanciones severas, mientras que otras aplican medidas más laxas y pruebas superficiales.
Después de Lance Armstrong la UCI implementó el programa «más estricto en la historia de cualquier deporte»: el pasaporte biológico sistemático. Para el Tour de Francia 2025 se realizaron 350 controles fuera de competición el mes previo, 600 durante la carrera, y se almacenaron muestras por diez años para futuros análisis.
El atletismo posee un enfoque similar, pero con matices: World Athletics concentra su vigilancia en regiones específicas. Kenia lidera con 119 atletas sancionados de un total de 481 a nivel mundial, destinando 28 millones en campañas antidopaje como respuesta urgente.
Los controles en la NBA son prácticamente simbólicos si se comparan con la rigurosidad de otras disciplinas, ya que los jugadores solo pasan como máximo seis controles anuales, cuatro en temporada y dos fuera de ella.
Restaurar la reputación
En 2026 Las Vegas acogerá los Enhanced Games, una especie de Juegos Olímpicos donde los atletas podrán usar sustancias dopantes bajo supervisión médica, con premios que llegan hasta un millón de dólares para los competidores más ambiciosos.
Más allá de esta polémica iniciativa, el deporte tiene la responsabilidad de limpiar su imagen para 2026. Figuras destacadas han quedado marcadas en 2025, y la sospecha vuelve a cernirse sobre quienes logran actuaciones sobresalientes.
Mientras tanto, los métodos anti-dopaje deberán continuar avanzando, perfeccionándose y renovándose para atrapar a los que intentan burlar el sistema.

