Aunque no reemplaza ningún tratamiento específico, seguir una dieta adecuada puede ser una medida fundamental para controlar los síntomas de la endometriosis
Dolor durante la menstruación, molestias en las relaciones sexuales, dolor al evacuar o al orinar, y dificultades para concebir son los síntomas principales de la endometriosis, una enfermedad crónica, progresiva y limitante que afecta aproximadamente a dos millones de mujeres en España, 14 millones en Europa y 176 millones en todo el mundo, de acuerdo con la Asociación de Afectadas de Endometriosis (ADAEC).
Estas cifras ya son preocupantes, pero resultan aún más alarmantes al analizar esta patología que, pese a su alta prevalencia, continúa necesitando mayor respaldo y visibilidad debido a las numerosas dudas, carencias e ideas erróneas que persisten.
Para comprender bien esta enfermedad, es imprescindible conocer ciertos conceptos relacionados con la menstruación. En este sentido, el doctor Tomás Gómez, ginecólogo especializado en endometriosis, explica que “el periodo no es solo un sangrado, sino la expulsión de un tejido llamado endometrio que normalmente recubre el interior del útero como un revestimiento, con el objetivo de formar la placenta. Si no ocurre el embarazo, el endometrio se desprende, dando lugar a la menstruación, y se regenera mensualmente”.
Cuando “un tejido similar al endometrio crece fuera del útero y puede proliferar en cualquier zona dentro de la cavidad pélvica y abdominal, afectando a ovarios, intestinos, vejiga, entre otros órganos, e incluso puede llegar a los pulmones”, se está frente a endometriosis.
El problema radica en que, “al igual que el endometrio normal, este tejido ectópico responde a las hormonas del ciclo menstrual, sangra y se inflama, pero sin posibilidad de evacuarse”, indica el doctor. “Esto provoca una inflamación constante y reiterada en cada ciclo, que daña los órganos afectados y ocasiona, según el caso, dolor menstrual, dolor durante las relaciones sexuales, molestias al defecar o al orinar, y problemas de fertilidad”, resume.
La dieta como método complementario para aliviar
Ante esta amplia variedad de síntomas, la alimentación cobra un papel fundamental que va mucho más allá de lo que se pensaba hace unos años. “Los síntomas de la endometriosis están mayormente impulsados por dos factores, que pueden ser modulados en cierta medida mediante la dieta: la inflamación y el desequilibrio hormonal, con una marcada hipersensibilidad celular a los estrógenos y resistencia a la progesterona”, afirma Gómez, quien enfatiza que “la nutrición no sustituye el tratamiento médico, sino que es una potente herramienta terapéutica complementaria capaz de disminuir la intensidad y frecuencia de los síntomas, y debería recomendarse siempre, independientemente de la medicación”.
Tomando esta base, el doctor subraya cuatro aspectos esenciales que debe incluir cualquier dieta diseñada para aliviar los síntomas de la endometriosis: que sea antiinflamatoria, antioxidante, desintoxicante hormonal y rica en fibra.
Se trata de un patrón alimenticio más que de una dieta restrictiva: “Es necesario priorizar el consumo de nutrientes de origen vegetal, fomentar grasas saludables insaturadas, potenciar nutrientes con propiedades antioxidantes, incluir alimentos que favorezcan el metabolismo hepático de los estrógenos, disminuir alimentos proinflamatorios, limitar el gluten y asegurar una adecuada hidratación”.
Grasas saludables como el salmón o el AOVE
Siguiendo estas pautas dietéticas generales, la cuestión es identificar qué alimentos poseen estas propiedades mencionadas. Según el doctor, existe una amplia variedad que actúa eficazmente sobre la inflamación, oxidación y metabolismo hormonal.
En primer lugar, el pescado azul graso y el aceite de oliva virgen extra (AOVE) destacan por su elevado efecto antiinflamatorio:
- El pescado azul graso (salmón, sardinas, caballa) contiene ácidos grasos Omega-3 de cadena larga (EPA y DHA), precursores de moléculas antiinflamatorias (resolvinas y protectinas) que compiten con otras proinflamatorias (como las derivadas de la carne roja), modulando las vías del dolor y ayudando a «resolver» la inflamación crónica en la pelvis.
- El AOVE aporta grasas monoinsaturadas y, especialmente, polifenoles como el oleocantal. Esta sustancia actúa similar al ibuprofeno, inhibiendo enzimas que desencadenan procesos inflamatorios. Es la grasa de elección para cocinar y aderezar.
Brócoli, espinacas, kale…
Por otra parte, los vegetales crucíferos (brócoli, coliflor, col rizada) y los de hoja verde oscura (espinacas, kale) cuentan con gran capacidad para regular el metabolismo hepático de los estrógenos, disminuyendo el estímulo que esta hormona ejerce sobre las lesiones de endometriosis.
- Los vegetales crucíferos contienen indol-3-carbinol (I3C), que actúa directamente en la desintoxicación hepática. Ayudan al hígado a transformar los estrógenos «malos» o más proliferativos (como la 16-hidroxiestrona) en estrógenos «buenos» o menos proliferativos (como la 2-hidroxiestrona).
- Los vegetales de hoja verde oscura aportan magnesio y folatos, esenciales para que el hígado pueda desactivar las hormonas. Además, son ricos en fibra, que captura los estrógenos ya procesados y facilita su eliminación a través de las heces. Sin esta fibra, los estrógenos serían reabsorbidos en el intestino.
Arándanos, cúrcuma, jengibre
Finalmente, el doctor resalta la relevancia de los antioxidantes protectores, entre los que destaca los frutos del bosque (arándanos, moras, fresas) y especias como la cúrcuma y el jengibre.
- Los frutos del bosque son una de las fuentes más ricas en antocianinas y flavonoides. Estos antioxidantes combaten el estrés oxidativo en la cavidad pélvica, una causa fundamental del daño celular y la cronificación del dolor.
- Respecto a la cúrcuma y el jengibre, sus compuestos activos (curcumina y gingeroles) son potentes antioxidantes y antiinflamatorios naturales. La cúrcuma, en particular, ha sido estudiada por su capacidad para reducir la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos) que nutre las lesiones de endometriosis. Se recomienda consumirla siempre con pimienta negra para mejorar su absorción.
Complementando estas recomendaciones, Gómez incluye otros alimentos ricos en grasas reguladoras y minerales, como las semillas de lino y chía. También señala nueces, almendras y semillas de calabaza por su contenido en vitamina E, un antioxidante esencial para proteger las membranas celulares del estrés oxidativo.
Alimentos que conviene reducir o incluso eliminar
En el otro extremo, aparecen los alimentos proinflamatorios y aquellos que afectan negativamente al equilibrio hormonal, y que el doctor aconseja limitar considerablemente o eliminar temporalmente.
Entre ellos, se destacan principalmente “los azúcares añadidos y carbohidratos refinados (bollería, refrescos) y las grasas trans y aceites refinados (como el de girasol o palma). Los picos de insulina causados por los azúcares fomentan un estado metabólico inflamatorio y contribuyen al desequilibrio hormonal. Las grasas saturadas ocasionan daño celular por estrés oxidativo y estimulan directamente el sistema inmunitario, promoviendo inflamación y dolor”, señala Gómez.
Carnes rojas, gluten y lactosa
En relación con las carnes rojas, “se recomienda un consumo muy moderado, idealmente máximo una vez por semana, debido a su potencial proinflamatorio por contener ácido araquidónico (un potente precursor inflamatorio) y un contenido considerable de grasas saturadas”, añade.
Sobre el alcohol, advierte que “el consumo excesivo puede afectar la función hepática, dificultando la eliminación del exceso de estrógenos en el organismo”.
Por otro lado, el gluten merece especial atención, ya que diversos estudios recientes han examinado su impacto en la endometriosis, existiendo evidencias que respaldan su restricción.
En concreto, los ensayos clínicos evidencian una mejoría del dolor pélvico crónico en el 75% de las pacientes tras eliminarlo durante 12 meses. Además, se reducen los síntomas gastrointestinales asociados, como la distensión abdominal (“endobarriga”) y se mejora el tránsito intestinal. “Esto ocurre porque el gluten puede incrementar la permeabilidad intestinal, permitiendo que más partículas entren en la sangre, lo que genera una hiperactividad del sistema inmunitario y, en consecuencia, mayor inflamación a nivel general”, explica el ginecólogo.
Finalmente, respecto a la lactosa, Gómez considera que el tema es más complejo: “Su consumo debe limitarse en caso de intolerancia o cuando existan síntomas gastrointestinales notables como hinchazón, gases o alteraciones del hábito intestinal. Sin embargo, -añade- si estas condiciones no están presentes, no conviene eliminar los lácteos de la dieta, pues se privaría al organismo de nutrientes esenciales como la vitamina D o el calcio”.

