Las cifras hablan por sí solas: el Producto Interior Bruto crece en 2025 un 2,9%, más del doble que la media de la zona euro, mientras que déficit y deuda pública disminuyen y la inversión avanza un 7,6%

La economía española finaliza 2025 ‘resistente’ ante la incertidumbre global provocada por guerras comerciales y tensiones geopolíticas, situándose además al frente del crecimiento en la eurozona. El Producto Interior Bruto español (PIB) terminará el año con un aumento cercano al 2,9%, muy superior al 1,3% previsto para la eurozona, posicionando a España como motor económico regional.
Este impulso se ha sustentado en una mezcla de factores estructurales y coyunturales, destacando la demanda interna y la inversión. El consumo de los hogares se ha incrementado notablemente, apoyado por la mejora del poder adquisitivo, una inflación moderada y un crecimiento estable del empleo.
Aunque los salarios reales aún no alcanzan los niveles previos a la pandemia, la renta disponible por habitante ya supera en un 5,3% la de 2019. Esta situación, acompañada por una tasa de ahorro elevada –que CaixaBank Research estima en el 13% de la renta bruta disponible–, anticipa un potencial de crecimiento adicional para el consumo en los próximos trimestres.
Tanto el ahorro como el consumo han sido impulsados activamente por el mercado laboral, que este año ha mostrado un desempeño superior al registrado durante la última década. La tasa de paro cerrará 2025 en el 10,4%, según previsiones de la Comisión Europea, un nivel que no se observaba desde antes de la crisis financiera de 2008.
La economía española experimentó un crecimiento del 3,2% en 2024, cinco décimas más que en 2023, manteniendo en el último trimestre del año un avance del 0,8%, igual que en el segundo y tercer trimestre, según datos provisionales de Contabilidad Nacional divulgados este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
La inversión supera en un 40% los niveles de 2019
En cuanto a la inversión, creció a un ritmo interanual del 7,6%, superando en un 40% los niveles registrados antes de la pandemia. Esta se ha centrado principalmente en activos como software e I+D, lo que impulsa una economía más digitalizada y contribuye a mejorar la productividad, un aspecto que demanda avances en España.
La inversión privada se ha beneficiado de la sólida situación financiera de las empresas españolas y de la continuidad del Plan de Recuperación y Resiliencia (PRR). Este plan, financiado con recursos europeos, seguirá fomentando la formación bruta de capital fijo, especialmente en sectores vinculados a la digitalización y a la transición hacia energías verdes.
“En 2025, nuestra economía ha entrado en una etapa de normalización tras los impulsos excepcionales derivados de la recuperación postpandemia, tales como el crecimiento demográfico, la reactivación del turismo internacional y los impactos expansivos de los fondos europeos”, indican fuentes del Instituto de Estudios Económicos (IEE).

El déficit y deuda, a la baja
Otro ámbito en el que España supera a otros países de la región es el déficit público, que desciende hasta cerrar 2025 en torno al 2,5% del PIB, convirtiendo al país en la economía de la eurozona con mejores indicadores de déficit. De esta forma, se mantiene la senda trazada con Bruselas, que proyecta reducir el desequilibrio presupuestario al 0,8% del PIB para 2031.
En paralelo a la reducción del déficit, la deuda pública se sitúa en el 103%, impulsada por un crecimiento nominal que supera el coste del endeudamiento. Respecto a la prima de riesgo española, esta alcanza niveles mínimos en 15 años; además, las agencias calificadoras han revisado al alza el rating soberano.
El reto de la vivienda
Pese a estos indicadores positivos, el crecimiento no se refleja plenamente en la economía cotidiana de los españoles, principalmente debido al aumento superior al 10% en los costos de compra y alquiler de viviendas durante este año, lo cual reduce significativamente la capacidad adquisitiva ligada a los salarios.
Los precios inmobiliarios no muestran señales de descenso para el próximo año, dado que la causa principal de este encarecimiento persiste: la limitada oferta de inmuebles frente a una demanda elevada.

El crecimiento se desacelera
Respecto a 2026, España continuará creciendo, aunque a un ritmo inferior al de este año. Los expertos estiman que el PIB aumentará más del 2%, mientras que la Comisión Europea lo sitúa en un 2,3% y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) lo calcula en un 2,2%, coincidiendo con la previsión del Gobierno español.
Este crecimiento se fundamenta en la implementación de los fondos Next Generation EU, el dinamismo demográfico, condiciones financieras favorables y una disminución del ahorro que podría traducirse en mayor consumo e inversión.
Vientos en contra
Existen riesgos que podrían frenar el crecimiento en 2026. El principal obstáculo se encuentra en el sector exterior, según los analistas de CaixaBank, quienes señalan que “los mercados de exportación españoles crecerán en 2026 por debajo de su media histórica, afectados aún por las secuelas del reciente conflicto arancelario y la debilidad económica de los principales socios comerciales europeos”. Estiman que esta situación podría reducir el PIB en 0,4 puntos porcentuales.
Otros factores que podrían limitar la dinámica económica son el aumento de la inflación y el envejecimiento poblacional, que implicará un gasto creciente en sanidad. Asimismo, desde el IIE advierten que “los desafíos en materia de sostenibilidad futura, especialmente pensiones y una deuda pública todavía superior al 100% del PIB, siguen representando un riesgo significativo”.

