Un estafador que terminó huyendo vendió 232 participaciones cuando solo poseía 50 del 03.772, que finalmente resultó ganador del Gordo. «Mi madre adquirió un coche y al final tuvo que pagarlo a plazos», relata un testigo

Han transcurrido 39 años, pero Teodoro García Pajares conserva casi intactos los recuerdos del día en que su barrio, El Cristo, en Palencia, destapó botellas de sidra y gastó más de lo que podía, disfrutando de un Gordo que luego se desvaneció. No lo había recordado en mucho tiempo, hasta que esta semana observó cómo en Villamanín (León), otra vez, se comercializaron más participaciones que décimos disponibles, y el pueblo pasó de la euforia a la decepción en cuestión de horas.
«Rememoro que ocurrió algo similar, más o menos, a lo que sucedió en León este año, pero en este caso fue intencionado», comenta a este diario. A sus 68 años, vinieron a su mente imágenes de cuando tenía 29 y su madre compró un coche convencida de que era rica, para después tener que pactar con el banco el pago a plazos.

Esta semana volvió a pensar en Jacinto Sánchez Zambrana, el responsable del fraude, y subraya la diferencia fundamental entre ambos casos que ahora forman parte de la historia. Ambos ocurrieron en Castilla y León. En ambos el premio se dividió en dos: 3.772 en 1986 y 79.432 en 2025. Y en ambos fueron vendidas participaciones por encima de los décimos existentes. La distinción: considera que en Villamanín fue un error de la comisión de fiestas, mientras que en El Cristo fue un engaño premeditado.
Jacinto Sánchez era el responsable del bar del Hogar del Pensionista y vendió participaciones de 500 pesetas -en Villamanín eran de cinco euros- a los mayores habituales del local, además de a numerosos vecinos de El Cristo, un barrio obrero donde Teodoro recuerda que en esos años «la gente no tenía ni un centavo». Comercializó 232 participaciones, «jugaba el 90% del barrio» y, apenas se anunció el Gordo, la emoción inundó las calles.
Teodoro rememora que «todo el mundo ese mismo día y al siguiente compraron frigoríficos, lavadoras, abrigos de piel…». Adquirieron esos caprichos que sus salarios ajustados antes no les permitían, «hasta que salió a la luz la verdad». Se descubrió que solo se habían comprado 10 décimos, suficientes para 50 participaciones, pero se vendieron 232, equivalentes a 48 décimos. Y llegó la frustración: «Al día siguiente, llegaron las furgonetas para recoger todo lo que adquirieron».
El mismo día del sorteo Jacinto Sánchez huyó, desapareció, hasta que confesó su delito a un sacerdote, quien lo instó a entregarse. Los vecinos contrataron abogados, crearon una comisión especial para intentar recuperar el premio y lograron que fuese condenado.
Cumplió ocho años en prisión tras hacer desaparecer 1.150 millones de pesetas que sus vecinos creían que cambiarían sus vidas. Los agraciados perdieron el 70% del premio que pensaban haber ganado. «El dinero que había correspondido se dividió entre todos y solo obtuvieron un 30%», recuerda Teodoro. En su casa le tocó a su madre, y no puede recordar la cifra exacta que finalmente recibió: «Todavía estaba en pesetas».
Villamanín quedó dividido por la polémica, como en su día acabó dividido aquel barrio, con vecinos «muy molestos». Con el tiempo, el enfado fue disminuyendo, empezaron a distinguir y excluyeron a su familia del problema. Continuaron residiendo en el barrio, llevando una vida normal, pero no Jacinto. Nunca regresó a Palencia.

Casi cuarenta años después, los recuerdos se han desvanecido y solo los mayores del barrio recuerdan a Jacinto, pero estos días ha vuelto a ser objeto de charlas y debates variados. Ya no existe aquel bar del Hogar del Pensionista donde se originó la estafa, ya que la asociación de vecinos lo adjudicó y nunca reabrió; sin embargo, sigue siendo tema de conversación en la zona. «Cerró hace muchos años, desde aquello por que me contactaste», comentan desde la cervecería El Cristo.
Aunque nadie ha vuelto a ver a Jacinto Sánchez, todos han seguido a distancia su historia. Tras salir de prisión, no retornó a su hogar y «se dice que ahora reside en Canarias», aseguran los vecinos. Los rumores apuntan a que «su familia lo visita», pero él nunca quiso regresar «porque era peligroso, podrían hacerle daño, la gente estaba muy enfadada».
Teodoro García está convencido de que, ahora que supera ampliamente los 80 años, podría volver y «no sufriría ningún daño» porque «la mayoría ni siquiera lo reconocería» y, además, en estos 40 años la rabia «se ha calmado».
«Nunca ha habido fraude aquí», aseguran en la comisión de Villamanín
La Comisión de Festejos de Villamanín, que distribuyó por error 50 participaciones sin contar con los diez décimos correspondientes, pide «disculpas» a los afectados y, mediante un comunicado, ha querido «dejar claro que nunca existió ningún tipo de fraude o trampa». Tras una tensa reunión el viernes, alcanzaron un acuerdo para que todos los agraciados puedan cobrar, aunque renunciando a parte de su premio. La propia comisión entrega sus décimos y participaciones —que compensan dos de los cuatro millones que faltan— y el resto cede inicialmente el 10% del importe. El 22 de marzo, una vez reciban el pago, se harán nuevos cálculos para recuperar otro porcentaje.

