Una investigación reciente confirma que Homo sapiens ha coexistido con el VPH desde sus inicios

En septiembre de 1991, cuando una pareja alemana decidió ascender una montaña en los Alpes austríacos, no imaginaban que esa travesía revelaría uno de los hallazgos arqueológicos más destacados de los últimos tiempos: el descubrimiento de Ötzi, el Hombre de Hielo.
Durante el descenso del Finialspitze, Helmut y Erika Simon siguieron una ruta poco transitada, la cual había sido alterada por el deshielo generado por las altas temperaturas de ese mes. El hielo fundido descubrió el cadáver de un hombre que inicialmente se pensó pertenecía a un montañista desaparecido.
Los alemanes notificaron a las autoridades, activándose los protocolos para la recuperación del cuerpo. Sin embargo, no se trataba de un senderista accidentado, sino de un hombre que vivió hace 5.000 años en los Alpes. Hasta ahora, es la momia de hielo mejor conservada y una de las más estudiadas por la comunidad científica.
No resulta sorprendente que frecuentemente surjan nuevos hallazgos relacionados con Ötzi. Actualmente, se sabe que tenía piel y ojos oscuros, era calvo, poseía más de 60 tatuajes, murió alrededor de los 45 años y su última comida consistió en carne de cabra montés y ciervo, escanda (un tipo de trigo antiguo) y helechos tóxicos.

Ötzi contrajo el virus del papiloma humano
Los estudios forenses realizados en el fósil han aportado datos muy valiosos acerca de la salud del conocido Hombre de Hielo. Aunque se piensa que una flecha alojada en su hombro causó su muerte, Ötzi padecía múltiples enfermedades.
Investigaciones previas demostraron que esta momia de hielo presentaba fracturas óseas, caries, aterosclerosis, infestación por parásitos intestinales y pulmones ennegrecidos por el hollín de las fogatas, una condición frecuente entre nuestros antepasados.
Recientemente, un estudio publicado en el servidor de preprints bioRxiv y recogido por la revista reconocida Science, reveló que el Hombre de Hielo estaba infectado por el virus del papiloma humano (VPH), una de las infecciones sexuales más comunes a nivel mundial.
Aunque la mayoría de las veces la infección se elimina espontáneamente, algunos tipos de VPH pueden generar problemas graves de salud, como verrugas genitales o diversos tipos de cáncer. El VPH16 detectado en Ötzi es una de las cepas más peligrosas, vinculada a numerosos casos de cáncer de garganta, cervicouterino, anal, de pene, vulva y vagina.
Las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) continúan en aumento en los últimos años, especialmente entre los jóvenes.
Una historia común entre virus y humanos
Los resultados del estudio, liderado por un equipo de la Universidad Federal de São Paulo (Brasil), aún no han sido sometidos a revisión por pares, pero podrían aportar información clave para entender cuándo los humanos comenzaron a convivir con este virus.
“Es un descubrimiento muy relevante”, explica Ville Pimenoff, genetista computacional de la Universidad de Oulu, quien no formó parte del estudio, a la revista Science. La detección de restos virales en Ötzi refuerza la idea de que “Homo sapiens ha estado prácticamente infectado por estos virus desde sus orígenes”.
Aproximadamente un 8% del genoma humano está compuesto por fragmentos virales, lo que implica que la historia de nuestra especie no puede separarse de la de estos virus: ambos se han moldeado mutuamente a lo largo de la evolución; los sobrevivientes no son los más fuertes ni inteligentes, sino aquellos con sistemas inmunológicos mejor adaptados.

