La publicación concluye que la evidencia científica proveniente de ensayos clínicos aleatorizados no respalda su uso para la mayoría de las afecciones para las que se promociona, tales como el dolor crónico y el insomnio
En octubre pasado, el Consejo de Ministros aprobó la regulación del empleo medicinal del cannabis como una alternativa terapéutica en situaciones donde los tratamientos convencionales resultan ineficaces.
En España, se trata de fórmulas magistrales con preparados estandarizados de cannabis que solo pueden ser prescritos por especialistas médicos. “Deben elaborarse y dispensarse exclusivamente en servicios de farmacia hospitalaria bajo un seguimiento clínico personalizado”, explicaba el Ministerio de Sanidad el día de su aprobación.
Este hecho fue calificado como un “paso decisivo” para la integración del cannabis medicinal dentro del sistema sanitario, garantizando su “uso con respaldo científico, clínico y control sanitario”. Desde Sanidad añadían: «La evidencia científica avalada por organismos internacionales ha demostrado beneficios en ciertas condiciones clínicas específicas, como la espasticidad asociada a la esclerosis múltiple, algunas formas graves de epilepsia refractaria, las náuseas y vómitos derivados de la quimioterapia y el dolor crónico refractario».
No obstante, una revisión reciente sobre el papel terapéutico del cannabis y los cannabinoides concluye que la evidencia clínica proveniente de ensayos aleatorizados es insuficiente para justificar su aplicación en la mayoría de las condiciones para las que se promociona, como el dolor crónico y el insomnio. Asimismo, afirma que se requiere una “orientación sanitaria clara” para “respaldar una toma de decisiones segura”.
El documento, publicado en la revista JAMA, define el cannabis como los productos derivados de la planta y a los cannabinoides como compuestos activos, incluyendo formas sintéticas. Para su análisis, los investigadores consultaron PubMed (base de datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos) en busca de estudios observacionales, ensayos clínicos, revisiones sistemáticas, guías y metaanálisis en inglés desde enero de 2010 hasta septiembre de 2025.
Entre los hallazgos de esta revisión, tras evaluar el contenido de esos 15 años en adultos de Estados Unidos y Canadá, destacan los siguientes: “Las guías basadas en evidencia no recomiendan el uso de cannabis inhalado ni de alta potencia para fines médicos. El consumo de estos productos se relacionó con un aumento de síntomas psiquiátricos como ansiedad o psicosis aguda, mayor intoxicación y un incremento de manifestaciones cardiovasculares.”
Además, enfatizan que las aprobaciones regulatorias se sustentan en ensayos clínicos que emplean cannabinoides de grado farmacéutico: “La eficacia y seguridad de productos no farmacéuticos, tales como vapeadores, gominolas o brownies, no cuentan con estudios rigurosos equivalentes”. A pesar de ello, los autores señalan una brecha significativa entre las expectativas terapéuticas del público y la eficacia respaldada por la evidencia científica.
Por otro lado, existen críticas hacia esta revisión, como la de Franjo Grotenhermen, médico alemán y vicepresidente de la Alianza Internacional para Medicamentos Cannabinoides (IACM). Él admite como una “verdad evidente” que los medicamentos basados en cannabis “no disponen de suficiente evidencia clínica para numerosas indicaciones para las que se recomiendan”. En su opinión, esto sucede porque a pesar de la falta de estudios clínicos, suelen ser “muy efectivos” para muchas dolencias: “Su efecto es superior y presentan menos efectos adversos que los medicamentos aprobados para dichas condiciones”.
Por esta razón, sostiene que el “factor determinante” siempre será si el cannabis es efectivo en un caso particular. “Por ejemplo, los opiáceos están aprobados para diversas formas de dolor crónico, pero en muchas ocasiones no producen ningún efecto. Esto indica que existen numerosos fármacos cuya efectividad está demostrada para ciertas indicaciones, pero que no surten efecto en casos individuales. Lo mismo ocurre con los antidepresivos”, explica a El Confidencial.
El doctor asegura que en la mayoría de casos en los que ha empleado esta sustancia con sus pacientes ha resultado ser “un éxito”, a pesar de “no contar con suficiente evidencia científica sobre su eficacia”. “No se han realizado estudios clínicos suficientes para la mayoría de las indicaciones por la falta de financiación. La carencia de investigaciones clínicas no implica que el cannabis y los cannabinoides sean efectivos o no”, afirma.
¿Qué opinan los usuarios?
Fuentes del Observatorio Español de Cannabis Medicinal (OECM) explican a este medio que la mayoría de efectos negativos del consumo prolongado de cannabis se producen, “como reconoce el trabajo”, por el uso de cannabis de alta potencia y fumado. Insisten en que, en general, los pacientes de su entorno prefieren cannabis de potencia moderada y no fumado, sino en forma comestible o vaporizado. “No debe confundirse fumar, que implica humo, con vaporizar, que implica vapor”, aclaran. “Obviamente, no existen psicofármacos completamente seguros, pero en términos generales el cannabis se considera razonablemente seguro y bien tolerado en el contexto clínico, presentando un perfil mucho más favorable que, por ejemplo, el de los opioides”, opinan.
Para concluir, insisten en que los estudios analizados corresponden a ensayos clínicos realizados en pacientes con enfermedades crónicas debilitantes. “Generalmente, han incluido tamaños muestrales bastante reducidos y evaluaciones de síntomas aislados mediante escalas muy concretas. Esto contrasta claramente con los estudios de medicina del mundo real [lo que sucede con pacientes en la vida cotidiana, no en un ensayo clínico idealizado] asociados a programas de dispensación de cannabis medicinal, por ejemplo, en Canadá, Israel, Reino Unido y varios estados de EEUU, que implican el seguimiento de cientos de miles de pacientes que utilizan cannabis para mejorar su calidad general de vida, no para tratar un síntoma específico. De hecho, en estos últimos estudios observacionales los resultados suelen ser mucho más positivos que los de los ensayos clínicos controlados mencionados previamente”, comentan.

