El 3,9% de quienes apoyaron a Pedro Sánchez el 23-J considerarían ahora optar por el partido de Santiago Abascal, que ya capta votos en los cinturones rojos de Madrid y Barcelona. «Cuando la izquierda se desconecta de la realidad, especialmente de sus bases, la ciudadanía busca alternativas»

El 26 de mayo de 2020, Vox compartió en sus redes sociales un vídeo llamado Obrero y español. Aunque la grabación apenas duraba un minuto y mostraba una calidad técnica similar a una snuff movie, buscaba captar mediante imágenes supuestamente espontáneas el sentir de varios trabajadores que se desplazaron en coche a la manifestación, convocada apenas tres días antes por el partido de Santiago Abascal contra el Gobierno debido a su «criminal» gestión de la crisis del coronavirus.
De aquel vídeo, sobresalió la frase de un hombre que resumía el inicio de un cambio en la estrategia política de la formación de extrema derecha en España: «Vengo aquí a quejarme de Pablo Iglesias y de Pedro Sánchez… y a decir que soy de Carabanchel», exclamaba el hombre aferrado al volante de su coche, con una bandera de España de gran tamaño asomando por la ventanilla. «Llevo trabajando 25 años y soy un obrero. No soy ningún pijo y estoy harto de la izquierda».
Sólo unas semanas más tarde, justo antes de las elecciones gallegas, Vox difundió otro vídeo donde Abascal conversaba con su «abueliña» materna y recordaba la historia de su bisabuelo, quien fue un humilde trabajador ferroviario, «un guardagujas de la escala más baja».
En septiembre de ese mismo año, Vox anunció la creación de su propio think tank –Fundación Disenso, lo denominó- con el propósito de marcar «un antes y un después para la España que madruga». Y previamente, en julio, presentó su particular sindicato para proteger a los trabajadores «desamparados» frente a sindicatos de izquierdas, considerados «ideológicos, subvencionados y corruptos».
La formación indicó que se llamaría Solidaridad, aunque fue registrado como Sindicato para la Defensa de la Solidaridad de los Trabajadores de España (SPDSTE). Actualmente, está liderado por Jordi de la Fuente, exlíder del partido neonazi MSR. Tanto el nombre como el logo se inspiraban en la federación sindical polaca que Lech Walesa fundó en los años 80 para enfrentarse al régimen comunista de su país. El anuncio, al igual que toda la campaña en redes sociales de esos últimos meses, confirmaba un cambio en el proyecto político del partido ultra. Su meta ya no era sólo captar votos a la derecha dura del Partido Popular, sino comenzar a incidir en el terreno virgen de la izquierda.
Cinco años después, los datos avalan que la estrategia funciona por primera vez. Según la encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, Vox ya le arrebata más de 300.000 votos al PSOE, con una pérdida especialmente notable en los dos últimos meses. Mientras que el pasado verano sólo un 0,3% de los votantes socialistas afirmaba haber migrado a la formación de Abascal, el mes pasado esa cifra se elevó al 2,5%. En el panel más reciente, alcanza casi el 4%. Tomando los resultados electorales de 2023 como referencia, esto representaría 305.000 apoyos provenientes de exvotantes de Pedro Sánchez. Y sigue en aumento…

«El partido tardó en consolidarse, pero supo escuchar las demandas ciudadanas hasta crear un discurso consolidado», comenta uno de los seguidores que acompañó a Santiago Abascal cuando asumió el mando de la formación. «Al final, la gente no es tonta… El obrero vota a Vox porque experimenta inseguridad a diario en sus calles y luego oye a Irene Montero en la televisión decir que quien le roba no es el negro ni el moro, sino Juan Roig y El Corte Inglés… Mientras la izquierda no acepte que la inmigración es un problema, Vox seguirá creciendo por ese flanco».
Todos los sondeos recientes respaldan esta percepción.
«En las elecciones de 2019, cuando Vox tuvo un crecimiento notable, se observó que aumentaron sus apoyos en todos los sectores sociales, aunque el voto obrero se les resistía y ahí se produjo un cambio de rumbo», explica David Lerín, profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid y autor del estudio Cambios en la estrategia política de Vox tras su irrupción electoral: Populismo y búsqueda del voto obrero, que analiza la evolución cronológica del discurso del partido desde aquel vídeo del trabajador de Carabanchel al volante. «La formación adoptó un lenguaje mucho más populista con un mayor énfasis en la inmigración y dejó de lado su faceta más liberal para apostar por un proteccionismo nacional similar al de Trump, Meloni o Le Pen. El éxito de Vox ha sido impregnar el voto obrero con su discurso antimigratorio y ese rechazo, aunque cuesta apreciarlo en las encuestas, también existe en España».
La estrategia no es inédita. La ultraderecha francesa de Marine Le Pen crece a expensas de la izquierda y del descenso del Partido Comunista Francés. En Alemania, la AfD aparece en varios sondeos como la opción principal entre trabajadores manuales y quienes tienen una percepción negativa de sus condiciones laborales. Y algo similar ocurre en Italia, Austria y Hungría… Según un estudio de Pew Research, el 67% de los votantes de Donald Trump en las elecciones de 2024 en EEUU no contaban con título universitario.
«Vox ha gestionado muy bien el malestar de la población justo cuando la izquierda está atrapada en su burbuja. Cuando te desconectas de la realidad, la gente busca otras opciones»
«En España no somos excepcionales ni diferentes. Vox ha logrado atraer a los jóvenes y ahora su mayor desafío son las mujeres, aunque su voto femenino se haya triplicado en la última legislatura, así como los mayores de 65 años y las comunidades del norte, pero indudablemente ya no es únicamente el voto obrero», analiza Ignacio Urquizu, profesor de Sociología, consultor externo de Metroscopia y ex diputado socialista. «Vox ha sabido capitalizar el descontento ciudadano justo cuando la izquierda intelectual está refugiada en su burbuja, creyendo que la realidad se interpreta desde el barrio de Salamanca o El Viso, y no desde la experiencia real de gente en Usera o Carabanchel. Cuando desconectas de la realidad y especialmente de tus bases, la gente busca otras alternativas y la memoria histórica ya no funciona como vínculo sólido como tiempo atrás».
Los últimos barómetros del CIS confirman que Vox es ya la fuerza principal entre trabajadores de ocupaciones elementales, oficiales, operarios y artesanos, y entre operadores de instalaciones y maquinaria. La derecha más radical alcanza casi el 20% del apoyo entre quienes se identifican como clase baja y, según el panel de Sigma Dos para EL MUNDO, está en una proporción semejante entre residentes de ciudades de más de 100.000 habitantes que no sean capitales, es decir, principalmente en municipios dentro de lo que tradicionalmente se conoce como el cinturón rojo de Madrid y Barcelona.
«El futuro de Vox está en Getafe y no en el barrio de Salamanca. Cada vez es más claro», afirmaba hace unos días Jesús Fernández-Villaverde, profesor de Economía en la Universidad de Pensilvania, en una serie de tuits donde analizaba las últimas encuestas nacionales y autonómicas y pronosticaba que el partido de Abascal podría superar al PP en un plazo de dos a cuatro años. «Entre la antigua clase obrera, Vox es hoy la fuerza más votada, por encima del PSOE y muy lejos de Sumar o Podemos», concluía.
«Vox ha montado una ola reaccionaria a nivel global mientras la izquierda fracasa en temas como la precariedad y la vivienda, que son las grietas por donde se cuela el discurso de la extrema derecha», explica el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. «La clase trabajadora ya no se siente representada, ha sido fragmentada por una izquierda que se ha enfocado más en el léxico que en el BOE, que ha imaginado una realidad inexistente en lugar de buscar transformar una tangible. Y ha fallado en la representación de su propio electorado. En ese caldo avanza Vox».

«Estamos en nuestra segunda legislatura de un Gobierno progresista débil que no ha sabido ni querido resolver los problemas inmediatos de la clase trabajadora, especialmente la vivienda», señala el periodista Miquel Ramos, especialista en movimientos de extrema derecha y autor del ensayo Antifascistas. «La izquierda no ha logrado canalizar el descontento y la sensación de abandono como hizo en la crisis de 2008, y Vox ha detectado un nicho para ocupar ese vacío con mucha inversión, propaganda y una intensa batalla cultural. La designación de Quero responde a esa estrategia».
Quero es Carlos Hernández Quero, diputado de Vox en el Congreso por Málaga desde 2023 y portavoz adjunto desde el mes pasado. Su ascenso, relevando al combativo Javier Ortega Smith, ha coincidido con el máximo nivel de penetración de la formación entre las clases populares. Tiene 34 años, barba de hipster y un pendiente en la oreja izquierda. ¿Recuerdan cuando el portavoz de Vox era Iván Espinosa de los Monteros y de Simón, hijo del marqués de Valtierra? Pues aquí ocurre justo lo contrario. O casi.
«La izquierda no percibe que está perdiendo votos hacia la derecha. Si no ofrecemos viviendas, la gente termina buscando refugios»
«Espinosa podría decir lo mismo que Quero, pero, ¿quién le creería?», se cuestiona el politólogo Yesurún Moreno. «Espinosa está desconectado, pero Carlos Quero es del distrito madrileño de Tetuán, siempre ha estado involucrado en temas vecinales y conoce la vida en un barrio popular, no desde una burbuja».
Yesurún Moreno es profesor en la delegación española del Instituto Superior de Sociología, Economía y Política (ISSEP), creado en 2018 en Lyon por Marion Maréchal-Le Pen, sobrina de la líder del Reagrupamiento Nacional (RN), donde coincidió con Carlos Hernández Quero y que también cuenta con profesores como Javier Tebas (presidente de la Liga), miembros de Vox como Jorge Buxadé o Rocío de Meer y el escritor Kiko Méndez-Monasterio, consejero cercano a Santiago Abascal y padrino político del nuevo portavoz.
La irrupción de Quero ha sido rápida. Su exitoso mitin en Aluche el mes pasado dentro de la campaña Madrid Sur en Pie, sus menciones a la España feliz de los toldos verdes, sus intervenciones en el Congreso y en redes, su crítica a la izquierda pero también a Ayuso (denominada ‘Lady Miami’ por su política de puertas abiertas a los «multimillonarios extranjeros» latinoamericanos), su formación académica y su apariencia alejada del cliché más tradicional de la extrema derecha lo han convertido en la nueva figura del partido.
Los titulares se refieren al regreso de «la derecha social» y a la «podemización» de Vox. Rufián describió a Carlos H. Quero como «un chaval del PSOE», y el ex diputado de Vox Juan Luis Steegmann lo llamó el nuevo «Carmeno», en alusión a Manuela Carmena. En su perfil de X, él se presenta como «Historiador de barrio». «Lo pequeño sobre lo grande, la justicia sobre el egoísmo, lo diferente sobre lo uniforme, lo local sobre lo global», señala su bio.
EL MUNDO intentó contactarlo para este reportaje sin éxito. Ningún representante de Vox quiso atender al periódico. No obstante, fuentes cercanas a la dirección reconocen que la renovación de caras en la primera línea y la ampliación del discurso han sido claves en un crecimiento cocinado a fuego lento. «Los críticos de Vox afirmaban que el partido se desintegraría tras la ruptura de cinco gobiernos autonómicos, algo sin precedentes, pero la realidad indica lo contrario», celebran.
Este lunes, en una entrevista en Abc, Quero reiteró su llamado al desencanto de ese nuevo votante, objetivo fundamental para Vox. «La izquierda traicionó la esperanza de muchos jóvenes», afirmó. «Con el 15-M enarboló la bandera de la justicia material cuando muchos veían un futuro incierto. Desde entonces, la izquierda ha estado largo tiempo en el poder y ha frustrado todas las expectativas generadas. Los que antes denunciaban la casta, hoy forman parte de ella».
«La ausencia de perspectivas es el terreno fértil que explica el descontento con la izquierda y el ascenso de una formación política que aborda los problemas reales de la clase trabajadora»
¿Qué justifica que una parte de la clase obrera se incline hacia la derecha radical? «Soy un ejemplo de una izquierda huérfana, que no se ha sentido representada desde el 15-M y que se acercó al único proyecto nacional transversal», señala Yesurún Moreno. Nacido en Barcelona hace 30 años, asegura haber militado en el PSUC y simpatizado con círculos de Podemos hasta que comprendió que «la justicia social ya no es patrimonio exclusivo de la izquierda».
«No creo que Vox tenga una estrategia concreta para captar voto en barrios obreros. Creo que existe una realidad política», dice ahora. «La degradación de los barrios, el aumento de la delincuencia, la islamización en las escuelas, la precarización del empleo, la subida de precios, la imposibilidad de acceder a vivienda, el desempleo juvenil desbocado… Esa falta de perspectivas es el caldo de cultivo que explica el descontento con la izquierda y el auge de una formación que responde a los problemas reales de la clase trabajadora».
-Pero ¿qué culpa tiene la inmigración de que yo pague un alquiler de 1.500 euros?
-Bueno, tampoco resulta aceptable tener una presidenta de Madrid que facilita vivienda a ricos latinoamericanos con recursos para comprar pisos al contado.
-Vox dice apoyar a la clase trabajadora, pero luego vota contra impuestos a fondos inmobiliarios, la reforma del impuesto de transmisiones o el gravamen a propietarios de múltiples viviendas…
-Yo no pertenezco a Vox, así que no puedo responder a eso. Sólo observo la degradación y la inseguridad en los barrios mientras la izquierda está distraída, discutiendo debates poco concretos.
«El discurso de Vox es muy engañoso, pero funciona«, responde Miquel Ramos. «La extrema derecha lleva años intentando romper con el cerco del voto obrero, generando una opinión que demoniza las políticas igualitarias, la izquierda, el Estado y fomenta el miedo a la inmigración, que hace unos años ni siquiera se percibía como problema».
Aunque los datos siguen indicando que no hay una relación directa entre migración y delincuencia, el año pasado, la inmigración fue por primera vez la principal preocupación para los españoles según el barómetro del CIS, superando al paro, la economía y la política. Este aumento fue casi paralelo al ascenso en la intención de voto por Vox.
El panel de Sigma Dos para EL MUNDO indica que hoy el votante de Vox es el más fiel de sus siglas y que, en unas hipotéticas elecciones, la extrema derecha le arrebataría al PP un 16,7% de su respaldo, es decir, más de 1.300.000 votos. Sobre esta realidad Pedro Sánchez construyó una estrategia que ahora parece volverse en su contra.
«Creo que la izquierda no es consciente de que también está perdiendo votos por ahí», lamenta Rufián. «Esto también ocurre en Cataluña, donde Aliança Catalana gana apoyos de todos lados. Al final, lo que expulsará a Sánchez de Moncloa no será Vox ni la corrupción, sino la precariedad y la vivienda. Y eso sucederá a nivel global. Si no ofrecemos casas, la gente acaba buscando refugios donde expresar su frustración».

