Una obra inspirada en el Parque Güell de Gaudí ubicada en Italia: “De no haber creado esto, mi matrimonio se habría destruido”

El protagonista de esta historia es Nicola, un artista autodidacta que convirtió su patio en un mundo pintoresco y excepcional. Los viajeros curiosos lo han llamado desde hace tiempo el “Gaudí italiano”

Por Yoana Kaloyanova

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El estilo de Gaudí es uno de los más identificables en todo el mundo: la combinación de colores, elementos tomados de la naturaleza y una mezcla particular de detalles góticos y modernistas. Esta marca única del arquitecto catalán ha motivado a numerosos artistas alrededor del globo.

¿Y si un fragmento de su arte se hubiera trasladado a Italia? En Lombardía existe un espacio oculto que evoca a Barcelona. Un enclave donde la vista remite a las creaciones de Antoni Gaudí. Está ubicado en Grosio, en el mismo corazón de la Valtellina, y es un jardín privado, no un museo o una atracción turística.

El protagonista de este relato es Nicola, un artista autodidacta que convirtió su patio en un escenario pintoresco y fuera de lo común. Con el boca a boca entre los viajeros, hace tiempo que se le conoce como el “Gaudí italiano”.

El jardín secreto de Lombardía

Caminar entre sus creaciones es semejante a atravesar el agujero del conejo hacia el País de las Maravillas. A lo largo de los años, Nicola ha reunido materiales que se hallan en todas partes: botellas de vidrio, azulejos fragmentados, piedras pulidas, cerámicas irregulares e incluso conchas marinas.

Cada trozo renace en sus manos, volviéndose una pieza única que debe contemplarse al menos una vez en la vida. Se trata de un espacio abierto y gratuito. No existe un recorrido definido, sólo un artista que decidió elaborar algo mágico y profundamente evocador para quienes lo visitan.

Pero, lo verdaderamente impresionante es el entorno. Grosio es un pueblo sereno, enclavado en las zonas rurales de Valtellina, conocido por sus viñedos en terrazas, la luz suave de las montañas y la atmósfera apacible de los asentamientos montañosos.

Entre las viviendas más emblemáticas de Grosio, un jardín surge como una visión, transportando de inmediato al corazón de España. Ni es un museo ni una atracción masiva, y eso le otorga un valor especial. Por esta razón, cualquiera que visite esta casa se queda sin palabras, tal como les ocurrió a dos jóvenes creadores italianos.

El jardín de Nicola invita a perderse, permite descubrir una dimensión distinta, mucho más íntima, brindando una experiencia singular. Los vivos colores de su enorme mosaico merecen ser contemplados con la certeza de estar en un lugar bello y también privado. Por eso, quien visite Valtellina no debería dejar de admirar esta maravilla y sumergirse en su belleza incesante.

El “Gaudí de la Valtellina”

Nicola es un hombre sencillo, originario de Abruzzo, que llegó a Grosio hace muchos años. Al jubilarse, empezó a pasar mucho más tiempo en casa. Pero en lugar de terminar sentado en el sofá discutiendo con su esposa, como él mismo recuerda con humor, decidió ocuparse de un muro de piedra detrás de su casa que realmente le desagradaba.

Comenzó a repararlo, recubriéndolo con azulejos, decorándolo con fragmentos de vidrio, platos rotos, espejos y objetos encontrados en vertederos o descartados. Un proyecto surgido por casualidad, en parte para ocupar su tiempo, en parte por motivos estéticos. Sin embargo, se transformó en algo mucho más grande.

El tesoro escondido de Gaudí: una iglesia a menos de media hora de Barcelona que es Patrimonio de la Humanidad.

Nicola lleva más de 40 años trabajando en su “jardín de rocas”. Cada año añade elementos nuevos: un muro pequeño, un mosaico, una escalera, un espacio adicional. Todo lo realiza manualmente, sin bocetos ni planos, guiado solamente por su instinto y el deseo de crear.

¿El resultado? Un trayecto de 207 escalones, terrazas, nichos y decoraciones en cada rincón. Un asombroso collage de formas y colores. Se pueden encontrar botellas de vidrio, tazas, corazones, cerámica rota, tuberías, estatuas y conchas. Todo armoniza perfectamente. Nicola afirma sin rodeos en una entrevista con Calendario Vatellinese: “Si no hubiera hecho esto, habría destruido mi matrimonio”.

El jardín ha pasado a ser su refugio, su fuente de felicidad. Es la manera en que llenó su tiempo con algo placentero, que lo estimula y le genera orgullo. ¿Y hoy? Hoy, muchos lo denominan el “Gaudí de la Valtellina”. En parte en tono jocoso, en parte por respeto. Porque, efectivamente, lo que creó evoca una obra artística, espontánea y fuera de lo convencional, similar a las piezas del famoso arquitecto catalán.

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