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«El dominio criminal de la MS-13 en El Salvador ha sido destruido, y puedo afirmarlo con total certeza», asegura Gustavo Villatoro, ministro de Seguridad de El Salvador.
Aunque el propio ministro suaviza un poco esta contundente declaración en la entrevista concedida a BBC Mundo, esencialmente coincide con los análisis y conclusiones de expertos independientes consultados para este reportaje, así como con las percepciones de residentes en colonias emblemáticas que durante décadas estuvieron bajo el control criminal de la Mara Salvatrucha (MS-13).
BBC Mundo pudo revisar el informe «Situación actual de las pandillas en El Salvador», preparado por la Subdirección de Inteligencia de la Policía Nacional Civil (PNC) y fechado el 1 de mayo de 2025.
Este documento confidencial de 27 páginas, que incluye entrevistas on the record con fuentes autorizadas —tanto de la sociedad civil como oficiales— y visitas de campo a colonias que durante décadas estuvieron fuertemente controladas por emeese, intenta responder a una pregunta fundamental: ¿qué queda de la MS-13 y del Barrio 18 en El Salvador tras más de tres años de vigencia del régimen de excepción y la ofensiva contra las pandillas impulsada por el presidente Nayib Bukele?
Visita a la ‘cancha’ del Crook
—¿Está tranquila la colonia? ¿Hay áreas que me recomiendan evitar?
—Ahora se puede caminar por donde se quiera, gracias a Dios.
Este diálogo podría ser una experiencia común en cualquier parte del mundo, pero no lo es en la colonia conocida como 10 de Octubre, en el distrito de San Marcos, El Salvador.
La invitación a caminar sin temor la hicieron las señoras que atienden un modesto comedor situado en la parte alta de la colonia, junto al redondel que utilizan los microbuseros de la Ruta 11 como punto de referencia.
La 10 de Octubre de San Marcos fue el territorio base del que probablemente es el líder más mediático de la MS-13 salvadoreña en los últimos años: Élmer Canales Rivera, conocido como el «Crook de Hollywood».
El Crook es considerado un personaje clave en investigaciones periodísticas que señalan que el gobierno de Bukele, previo a iniciar la ofensiva contra las maras, sostuvo negociaciones y acuerdos con la Mara Salvatrucha desde finales de 2019 hasta marzo de 2022, versión que el presidente niega rotundamente.
Fue liberado en noviembre de 2021 a pesar de contar con más de 40 años de condena acumulada y, según una investigación del medio digital El Faro que incluye audios, un alto funcionario del gobierno de Bukele lo habría facilitado para escapar a Guatemala.
El capo fue capturado en México, extraditado a Estados Unidos en noviembre de 2023 y permanece encarcelado en Nueva York, acusado de múltiples delitos de terrorismo por su papel dentro de la ranfla nacional de la MS-13, el máximo órgano de dirección de la organización en El Salvador.

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La 10 de Octubre en San Marcos fue la cancha principal del Crook. Sus padres llegaron desde el departamento de La Unión hacia finales de los 80, en plena guerra civil salvadoreña.
En el polígono 5, donde convergen las calles 8 y 9, todavía se distingue un “placazo” (grafiti) de más de cuatro metros que señala claramente quién fue la autoridad durante más de 25 años: Hollywood Locos, una agrupación perteneciente a la MS-13.
Víctimas del ‘ver, oír y callar’
«Cuando comenzó el régimen, se llevaron a todos los jóvenes [pandilleros]», comenta Rosa Amelia Mejía, quien habita en el polígono 5 desde 1987, época en la que la 10 de Octubre era apenas un asentamiento improvisado, sin servicios básicos como agua o electricidad.
Rosa Amelia, que vive con sus hijas y nietos, nunca pagó renta [extorsión] al grupo criminal porque su negocio apenas da para vivir, y debido a que en el bajomundo se activan mecanismos para asegurar la supervivencia.
«Gracias a Dios nunca les pagué. Lo que sí hacía era que si me pedían que les vendiera tortillas, alguna vez les decía: ‘Tomen, llévenselas gratis'», recuerda.
Mientras prepara varias tortillas sobre la plancha en su casa, relata con sorprendente naturalidad sucesos que no deberían ser normales: en la noche de Navidad de 1995 la MS-13 asesinó a su hermano; desde 1998 uno de sus sobrinos quedó discapacitado tras recibir un disparo de los pandilleros; y en febrero de 2024, ya bajo el régimen de excepción, su nieto fue detenido por la Policía y no ha sabido nada de él desde entonces.
«No confío ni en unos ni en otros; sólo en mi padre celestial», afirma Rosa Amelia.

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Las maras representan un fenómeno criminal singular, que alcanzó en El Salvador su mayor desarrollo. No se tratan de organizaciones criminales convencionales orientadas exclusivamente al lucro.
Introducidas desde Los Ángeles (Estados Unidos) a inicios de los 90, prosperaron como en ningún otro lugar en la fracturada sociedad de la posguerra inmediata, llegando a desarrollar una suerte de simbiosis con las comunidades en las que se asentaron.
Pese a innumerables ataques estatales desde aquel primer Plan Mano Dura anunciado en julio de 2003 por el presidente Francisco Flores, erradicarlas parecía algo fuera de alcance.
«No hay que menospreciar esa organización criminal; la comparo a veces con grupos terroristas, especialmente los de Medio Oriente que se movilizan por creencias o fe… La MS-13 no es religiosa, pero el vínculo es fuerte», señala el ministro Villatoro.
«Guerra permanente»
El ministro Villatoro conversó con la BBC el 28 de abril, apenas dos días antes de que el medio digital El Faro difundiera entrevistas con líderes de la pandilla Barrio 18-Revolucionarios, quienes afirmaron que entre 2019 y 2022 el gobierno de Bukele mantuvo negociaciones con las pandillas.
La entrevista, gestionada por la Secretaría de Comunicaciones, se concedió con la condición de que las preguntas se limitaran a la situación actual de las pandillas en el país, sin abordar otros asuntos.
A pesar de esta restricción, el ministro reveló información hasta entonces desconocida.
Por primera vez, confirmó que tras la instauración del régimen de excepción en marzo de 2022, la ofensiva se centró en la MS-13 y no en las dos facciones del Barrio 18, la otra gran pandilla; específicamente en los programas [federaciones de clicas o células afines] Hollywood Locos, La Libertad y Stoner Locos, que fueron señalados como responsables de la masacre de 87 personas que motivó la guerra de Bukele contra las pandillas.

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Villatoro confirmó que desde septiembre de 2024 los líderes más reconocidos de la MS-13 están recluidos en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), dato que BBC Mundo no ha podido corroborar de forma independiente.
Hasta ahora se pensaba que, pese a que la polémica megacárcel para pandilleros fue inaugurada a comienzos de 2023, jefes históricos como Borromeo Henríquez («Diablito de Hollywood»), Tiberio Ramírez («Snayder de Pasadenas»), Zachary Eufemia («Speedy de Park View») o Arístides Umanzor («Sirra de Teclas») continuaban en el Centro Penal de Seguridad Zacatecoluca.
El traslado se decidió luego de que el 30 de agosto de 2024 la MS-13 asesinara dentro de su celda a Saúl Antonio Turcios, «el Trece de Teclas Locos», uno de los miembros de la mencionada ranfla nacional, según expresó Villatoro.
El ministro también actualizó la cifra de detenidos desde el inicio del régimen —86.000 salvadoreños— así como el número de individuos liberados tras descartarse su vínculo con las maras, establecido en 8.400, aproximadamente el 10% del total de arrestos.
—El gobierno criminal de la MS-13 en El Salvador está destruido y…
—¿Entonces por qué persiste el régimen de excepción?
—Por la propia naturaleza del fenómeno, que en nuestro país llegó con un homeboy (pandillero activo) deportado. Mantener el régimen de excepción hasta hoy es precisamente por el respeto y la seriedad que merece la problemática de las maras, que no son una organización criminal cualquiera. Es como si fuera una religión oscura y mantener el régimen implica sostener esa guerra permanente.
—¿No vislumbra a corto o mediano plazo motivos para suspenderlo?
—No, aunque analizamos esa posibilidad diariamente. Se ha dicho que terminará una vez que capturen al último homeboy en territorio salvadoreño, pero como ministerio debemos estar listos para cualquier decisión presidencial.
Cautela en la inteligencia policial
Inicialmente, Villatoro adopta de manera total el discurso triunfalista que promueve Bukele en la #GuerraContraPandillas, alardeado en sus discursos y tuits.
No obstante, al profundizar, matiza: «No puedo asegurar que Teclas Locos o Villa Mariona Locos estén desarticulados. Puedo decir que no hay homeboys en sus colonias, pero ¿están realmente desarticuladas esas clicas? No, porque contamos con chequeos (jóvenes en período de prueba), tenemos paros (colaboradores), y nunca se sabe qué puede pasar mañana».
El exhaustivo y reciente informe confidencial al que BBC Mundo accedió también opta por prudencia.
En el análisis detallado que realiza la Subdirección de Inteligencia de la PNC, la MS-13 aún mantiene activas 230 clicas dentro del país, organizadas en 32 programas.

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Al 30 de abril de 2025, luego de tres años con régimen de excepción, la cantidad de pandilleros registrados en las bases policiales como homeboys de la Mara Salvatrucha no detenidos es de 4.682.
«De ese número, el 40% permanece en el país», estima Villatoro. Unos 2.800 elementos de la MS-13 habrían huido de El Salvador, priorizando destinos como Guatemala, México y Honduras, mientras aproximadamente 1.700 permanecen escondidos dentro del territorio nacional.
El informe de inteligencia señala que la MS-13 conserva 29 «grupos armados» en zonas rurales poco accesibles, mayormente en Sonsonate (5), La Libertad (4), Cabañas (3), Morazán (3) y San Salvador (3).
«Reconocen sentirse debilitados, pero eso no implica que renuncien a ejercer la violencia en el futuro», establece el reporte.
«Las compañeras de vida de los homeboys empiezan a tomar papeles importantes según su capacidad intelectuales», añade.
«Algunos pandilleros podrían tener permiso para huir del país para evitar arrestos durante el régimen, pero deben estar atentos a órdenes», concluye.
Lo que queda de la MS-13 y otras pandillas, advierte la inteligencia policial, subsiste principalmente gracias al narcomenudeo, y también a partir de la extorsión, aunque esta última ha disminuido en un 70%.
Visita a la ‘cancha’ del Trece de Teclas
Otra de las zonas históricas de la MS-13 que BBC Mundo recorrió para esta investigación fue la colonia San José del Pino y la comunidad San Rafael, ubicadas en el distrito de Santa Tecla, a unos 10 kilómetros al oeste de la capital, separadas por la contaminada quebrada El Piro.
Durante décadas, estas colonias fueron bastiones infranqueables de la Teclas Locos, la clica central del potente programa La Libertad, con figuras destacadas como el Trece y el Sirra.
Como confirmó el ministro Villatoro, el programa La Libertad fue uno de los más golpeados con fuerza al inicio del régimen. Tres años después, es difícil concebir su supuesta fortaleza después de pasar la tarde recorriendo las laberínticas San José del Pino y San Rafael, y hablando con sus residentes.

Fuente de la imagen, Roberto Valencia
El registro en la libreta fue el siguiente: muchas personas; vecinos sentados en las puertas de sus casas; partidas de naipes; numerosos gatos; tiendas en cada esquina; grafitis de la Teclas Locos apenas borrados; un trazado laberíntico; mal olor junto a la quebrada; mucha gente, ambiente tranquilo; niños jugando en la calle.
Y una conclusión definitiva: «Nada, absolutamente nada indica que sea una comunidad peligrosa».
Evaluación de los expertos
Luis Enrique Amaya, consultor internacional salvadoreño, ha dedicado más de diez años a investigar el fenómeno de las maras, realizando trabajo de campo.
Está convencido de que «de la MS-13 solo quedan sus restos, vestigios y cenizas».
«Aunque hay personas libres que se identifican o son identificadas como pandilleros, eso no significa que la estructura criminal persista», sostiene.
Como investigador, Amaya considera que ya no hay necesidad de probar que la MS-13 y el Barrio 18 siguen vigentes. «Ahora se deberían presentar pruebas que contradigan la tesis de que las pandillas están desarticuladas», resalta.
«Nayib Bukele resolvió el problema de las pandillas —afirma Amaya—. Lo hizo a un altísimo costo, como encarcelar a miles de inocentes, vulnerar el debido proceso y la independencia judicial, pero hay que reconocer que lo solucionó».

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Verónica Reyna, directora del programa de derechos humanos de la ONG Servicio Social Pasionista (SSPAS), ha denunciado violaciones a los derechos humanos en El Salvador durante más de una década.
«La percepción en las comunidades donde opera nuestra organización es de una calma aparente, con presencia policial y militar, donde las pandillas se ven muy poco, aunque hay indicios de que se mantiene algún residuo de poder casi anulado, junto con un temor latente en los habitantes para hablar del tema», coincide Reyna.
La experta opina que la destrucción del incipiente estado de Derecho en El Salvador ha sido un precio demasiado alto.
«El régimen de excepción —explica Reyna— es una estrategia que vulnera derechos humanos, sin respetar la independencia de poderes, que detiene primero y luego investiga; y temo que pueda conducir a un control ilegal-estatal ejercido por las fuerzas policiales y militares. Las detenciones arbitrarias, masivas y ilegales continúan siendo un instrumento de intimidación ante cualquier manifestación contraria a los dictados estatales».
¿El principio del final?
El desmantelamiento de clicas otrora poderosas en colonias emblemáticas como la 10 de Octubre o la San José del Pino no significa —ni debería significar— la desarticulación total de una estructura criminal implantada a nivel nacional, arraigada desde los años 90 en los sectores más pobres del país.
Ningún investigador serio podría establecer la disolución de las maras tras visitar brevemente una, tres o catorce comunidades, dado que a inicios de 2022 la MS-13 y las dos facciones del Barrio superaban las 700 clicas.
Amaya utiliza herramientas adicionales para asegurar que a mediados de 2025 «lo que queda son mareros, no maras».
Se apoya en encuestas de los pocos organismos que aún realizan trabajo de campo en zonas urbanas y rurales, que apoyan la tesis de una debilitación significativa de la MS-13 en El Salvador.

Fuente de la imagen, Roberto Valencia
Desde hace siete años, el Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop) de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) incluye en su sondeo anual, realizado desde 1986, esta pregunta: «Pensando en la posibilidad de ser víctima de un asalto u otro delito, ¿se siente usted muy seguro, seguro, inseguro o muy inseguro en su colonia o cantón?»
En la encuesta de enero de 2025, el 9,8% de los salvadoreños manifestó sentirse inseguro o muy inseguro en su lugar de residencia.
Que uno de cada diez habitantes declare temor en su propia colonia puede parecer elevado en otros países, pero esta cifra era del 11,8% en 2022; del 38,5% en 2021, tres meses antes del régimen de excepción; del 34,7% en 2020; y del 44,4% en 2018, cuando gobernaba el FMLN.
«Estas encuestas respaldan la hipótesis de que la desarticulación de la MS-13 ha tenido un impacto generalizado a nivel nacional», concluye Amaya.
Visita a una ‘cancha firme’ de Ilopango
Otra colonia con arraigada presencia de la MS-13 que BBC Mundo visitó para esta investigación fue Valle Nuevo, en Ilopango, al este del área metropolitana de San Salvador.
La visita fue nocturna, tras las 9 p.m., y en esas condiciones no se percibió impedimento alguno ni contacto visual con pandilleros en labores de postes (vigilantes encargados de controlar el acceso a la colonia), algo habitual hace cinco, diez o quince años.
Valle Nuevo no limita con territorios controlados por la 18, la pandilla rival, por lo que era un reducto consolidado de la MS-13, principalmente residencial para algunos integrantes y bajo la influencia compartida de tres programas: Ilopango, Santa Lucía y la omnipresente Hollywood Locos, la clica del Crook y el Diablito.
En Valle Nuevo reside Vilma Castro, una nicaragüense de 36 años que lleva más de una década en El Salvador. Alquila una vivienda con sus dos hijos y un hermano cerca de una escuela en la colonia.
Vilma ha presenciado cadáveres en las calles y ha sentido la presencia amenazante de los pandilleros, sometiéndose al «ver, oír y callar» impuesto por la MS-13.

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Agradece que «ahora se puede salir con más confianza y caminar a medianoche sin miedo», pero no oculta su preocupación por un efecto colateral del nuevo escenario de mayor seguridad en Valle Nuevo: el incremento considerable en los precios de alquiler.
«Cuando nos mudamos a esta casa, antes del régimen, pagaba US$100; luego subió a US$115, después a US$120, y ha continuado subiendo poco a poco hasta llegar a los US$220 que pago ahora. Antes era fácil encontrar vivienda en esta zona. Hoy, no sólo cuesta trabajo, sino que hay casas pequeñas con alquileres de hasta US$320», lamenta Vilma.
Su queja, comprensible considerando que el salario mínimo mensual en El Salvador ronda los $365 en el mejor escenario, paradójicamente revela una de las variables más claras para medir si la MS-13 empieza a ser parte del pasado en las colonias donde por décadas ocupó un vacío dejado por el Estado.

