Edificio modernista en Barcelona con fachada mural que se ha transformado en ícono de fantasía urbana

Es uno de los mayores tesoros modernistas de Barcelona, una joya arquitectónica situada en el barrio de El Putxet i el Farró que cautiva por su fachada floral, sus tonos vibrantes y sus detalles artesanales

Foto: Fachada modernista, donde los relieves florales y las ventanas en tonos rojizos convierten esta vivienda en una pieza única del paisaje urbano. (Flickr)
  • El monumento modernista más hermoso de Europa se encuentra en España y fue diseñado por Gaudí: es una de sus obras menos conocidas

Una fachada modernista de Barcelona se ha transformado en uno de los secretos mejor guardados del barrio de El Putxet i el Farró: un edificio tan ornamentado que parece haber sido pintado a mano. Su ornamentación floral, las ventanas de vidrieras coloridas y las formas ondulantes que cubren su exterior recuerdan más a un cuento ilustrado que a una casa real.

Construida en 1903 por el arquitecto Jeroni F. Granell, esta vivienda —actualmente conocida como Casa Pàdua— muestra un diseño que evoca un jardín vertical congelado en el tiempo. Magenta intenso y verde pálido se mezclan en una fachada donde los esgrafiados con motivos florales se extienden como enredaderas hasta las ventanas superiores, que se abren de forma discreta entre relieves decorativos y molduras con curvas. Una tribuna de madera con vidrios emplomados resalta en el primer piso, como una joya encajada entre ramas ornamentales.

Una historia entre perfumes, ruinas y restauración

Aunque no hay certeza sobre quién encargó la construcción, se presume que fue una familia burguesa de la época. Años después, el edificio alojó la sede de la fábrica de perfumes Esencias Buil S.A., cuyo propietario, José Buil, eligió este lugar precisamente por la armonía entre la fachada floral y los aromas de su negocio. Tras décadas en abandono, en 1989 el estudio Alonso Balaguer Arquitectes Associats realizó una restauración profunda, conservando la envolvente y parte del jardín original, que incluía un estanque. El interior, muy deteriorado, fue reconstruido casi por completo, manteniendo sólo algunos elementos de valor patrimonial.

La intervención fue premiada en 1992 con un galardón de rehabilitación que reconocía el mérito de devolver el esplendor a una de las joyas ocultas del modernismo barcelonés. Hoy, aunque su origen siga siendo un misterio, esta casa de apariencia fantasiosa continúa generando admiración entre quienes transitan la calle de Pàdua, número 75, donde permanece como un vestigio artístico que parece salido de una postal ilustrada.

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