Casas de piedra en un pintoresco pueblo de Castellón que recuerda a la Toscana

Entre las montañas del interior castellonense aguarda un destino que destaca por su estética y un patrimonio medieval poco común. Es un lugar tranquilo, silencioso y ideal para quienes desean perderse en paisajes de piedra

Foto: Parece la Toscana, pero está en Castellón. (Comunitat Valenciana)
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En el interior de la provincia de Castellón se encuentra un rincón que, por la armonía de sus paisajes, sus colinas calcáreas y el estilo de su arquitectura tradicional, evoca ciertos paisajes de la Toscana italiana. Las calles silenciosas y la imagen de sus casas de piedra convierten este enclave en uno de los preferidos para quienes buscan una escapada serena, cargada de historia y con esencia mediterránea. Además, su casco antiguo brinda un recorrido ideal para quienes desean pueblos medievales bien conservados y con un significativo valor cultural.

Un conjunto medieval singular entre montañas

No es casual que este municipio, Culla, figure entre los pueblos más bonitos de España, ya que su casco antiguo —declarado Bien de Interés Cultural y Conjunto Histórico-Artístico— conserva intacta la atmósfera de tiempos pasados. Su entramado de calles estrechas, rincones llenos de encanto y fachadas de piedra crean una imagen única que cautiva desde el primer instante. La localidad, situada en l’Alt Maestrat, mantiene vestigios de civilizaciones que dejaron huella, desde su origen árabe hasta la influencia templaria que definió su crecimiento y sus construcciones más emblemáticas.

El visitante puede profundizar en este legado siguiendo la Ruta Templaria, un recorrido que enlaza algunos de los edificios más representativos, como la antigua cárcel del Comendador, el hospital histórico, la Casa Abadía o las ruinas del castillo, donde aún se conservan elementos medievales como torreones, pasadizos o la Torre del Frare Pere. Desde esta zona elevada se obtiene una de las vistas más impresionantes del área, un panorama que resume la majestuosidad del conjunto y la particular disposición del pueblo, dividido entre la parte alta de piedra y la baja, con paredes encaladas que reflejan la proximidad del Mediterráneo.

El atractivo del destino no se limita a su patrimonio. Su entorno natural, caracterizado por barrancos, masías históricas y desniveles que superan los mil metros, ofrece un paisaje agreste ideal para conectar con la naturaleza. Asimismo, la gastronomía local —estrechamente vinculada al territorio— presenta recetas tradicionales como la ‘olla del Maestrat’, guisos de montaña, carnes locales y dulces artesanales como los rotllos o las clariandes, junto a productos emblemáticos como la trufa negra. Todo esto convierte a Culla en un escenario perfecto para disfrutar de un viaje pausado, descubrir su legado templario y dejarse envolver por una de las imágenes más representativas de la Comunitat Valenciana.

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