En España, tener un ingreso neto anual de 67.000 euros o más te considera rico, mientras que en Luxemburgo se requiere más del doble para alcanzar ese nivel.

En promedio, el nivel para ser considerado rico en Europa ronda los 71.000 euros, según las estadísticas de la Unión Europea

En España se considera rica

No existe cuestión más incómoda (o no tanto, dependiendo del ego) y reveladora que esta: ¿se considera una persona rica? Porque responder afirmativamente puede sonar presuntuoso, y un no, poco agradecido. Sin embargo, el verdadero desafío radica en la comparación: todo depende del referente con el que se mida uno mismo. La respuesta varía si se considera al vecino, al compatriota o a un ciudadano extranjero. Un estudio reciente, llevado a cabo por la firma alemana BuchhaltungsButler junto con los analistas de DataPulse Research, intentó determinar, país por país, qué implica ser realmente adinerado en Europa: cuál es el ingreso necesario para estar en la cima y, en realidad, qué valor tiene ese dinero.

La investigación parte de una definición clara y quizá rigurosa. Se considera rico a quien consigue que su hogar (compuesto por dos adultos y un niño menor de 14 años) se ubique dentro del 10% con mayores ingresos netos en el país, es decir, quien supera después de impuestos al 90% restante. Este umbral varía significativamente entre países. La cima europea se sitúa en Luxemburgo: ahí, solo las familias que disponen de al menos 175.000 euros anuales son clasificadas como pudientes. Esta cifra es casi cuatro veces mayor que el umbral en Portugal (46.000 euros) y más de nueve veces superior al de Turquía (19.000 euros).

Cada generación en España enfrenta condiciones peores: quienes nacieron entre 1986 y 1995 son los más afectados, con una riqueza cinco veces menor.

Europa exhibe mapas desiguales de prosperidad. En promedio, el umbral para ser considerado rico en Europa se sitúa cerca de los 71.000 euros, según datos oficiales de la Unión Europea. Los países nórdicos y alpinos superan esta media. El occidente elegante —como Italia y España— se mantiene alrededor del promedio, mientras que Portugal desciende a niveles equiparables a los de los países del este, donde los umbrales son considerablemente bajos. Un dato llamativo destaca: “El costo para llegar a la cima no es igual en Lisboa que en Oslo”, señala el estudio. Porque, en Europa, cada euro varía significativamente en función del precio local de la vida diaria.

El caso español: riqueza, capacidad de compra y desigualdad social

En España, la barrera que separa a la clase media del reducido grupo de los económicamente privilegiados se sitúa en los 67.000 euros netos anuales para un hogar conformado por dos adultos y un niño, según la metodología utilizada. Esta cifra, comparada con la de países vecinos, muestra tanto similitudes como diferencias. Al ajustar por el costo de vida, esos 67.000 euros en España equivalen a un poder de compra similar al que se obtiene con 105.000 euros en Dinamarca, reflejando la particular situación de que, con menos dinero, se puede vivir igual o mejor si los precios son más accesibles.

Sin embargo, pese a esta ventaja relativa, la brecha entre la clase media y quienes son considerados ricos persiste. Para acceder a esa categoría en España, una familia media debería prácticamente duplicar sus ingresos, lo que evidencia que, aunque parezca existir un equilibrio, la desigualdad sigue latente en el núcleo de la economía española.

El auténtico valor del dinero: la influencia del coste de vida

Teniendo en cuenta estos datos, ¿qué sentido tiene comparar la riqueza si el valor del dinero cambia al cruzar las fronteras? Para responder esta cuestión, los investigadores ajustaron la riqueza según el coste de vida. En términos generales, allí donde la riqueza parece menor, el costo de vida también es más bajo. Y, donde los ingresos son altos, el gasto diario suele consumir buena parte del salario.

En Luxemburgo, esos 175.000 euros pierden valor efectivo, reduciéndose a unos 130.000 euros de poder adquisitivo real, tras considerar el costo de todo lo que puede adquirir una familia. En Turquía ocurre lo contrario: los 19.000 euros de umbral equivalen realmente a un nivel de vida semejante al que proporcionarían 46.000 euros en Europa Occidental.

Las diferencias, que parecen grandes en un primer análisis, se atenúan al aplicar este ajuste. Los países con bajos costos de vida suben su posición en el ranking europeo, mientras que las economías con precios elevados pierden protagonismo. Un gráfico lo representa en forma de diagonal: quienes se encuentran sobre ella tienen ingresos y precios equilibrados; los desplazamientos laterales indican países donde el dinero rinde más o menos en relación con los números brutos.

Ingreso neto aproximado que necesitaría

Sin embargo, algunos puestos de privilegio se mantienen firmes. “Luxemburgo continúa liderando sin importar el criterio elegido. Pero Alemania mejora su posición porque el valor del euro es más alto que en Irlanda o los Países Bajos,” afirma el informe. En Turquía, las personas adineradas pueden adquirir más bienes que en Grecia, Eslovaquia o Rumanía.

Las desigualdades: cuando la riqueza se distancia del centro

La brecha entre la clase alta y la media representa una de las divisiones más profundas en Europa. Esta diferencia varía según el país. En Eslovaquia, una familia apenas dentro del grupo del 10% más rico gana solo un 65% más que el ingreso promedio, una diferencia moderada. Noruega (77%), Eslovenia y Hungría (82%) y Bélgica (83%) reflejan tensiones parecidas.

Pero en el otro extremo europeo, la distancia es mucho mayor. En Alemania, Francia o Grecia, una familia promedio debería duplicar (o superar) sus ingresos para llegar a la élite nacional. Turquía acentúa esta disparidad: allí, los ricos obtienen ingresos un 215% superiores al promedio.

Ingreso neto aproximado que necesitaría

Las cifras brutas pueden resultar engañosas: en Turquía, las diferencias aparentan ser menores porque casi toda la población gana poco. El factor clave no reside en cuánto se gana, sino en cuántos aumentos se requieren para pasar de la media a la cima. En algunos países, uno puede sentirse cercano al 10% más rico, aunque la diferencia económica sea reducida. En otros, la distancia parece insalvable.

Cuando la cima concentra: la distribución desigual de la renta

La parte superior de la pirámide no solo se aleja de la base, sino que también concentra el poder. En el conjunto de los 27 países europeos, el 10% más rico acapara aproximadamente el 24% de todos los ingresos. Sin embargo, en ocho de estos países, este porcentaje varía entre el 25% y el 36%. El panorama queda claro: a mayor distancia entre la clase media y la alta, mayor es la influencia política, social y económica de la élite.

“Un 10% que acumula demasiada riqueza suele reflejar salarios estancados en el centro o sistemas fiscales poco progresivos”, concluyen los autores. La situación inversa suele observarse en países con protección laboral sólida, impuestos progresivos y sistemas de transferencias sociales robustos.

Existe un último giro, tan paradójico como inevitable. Europa tiende a converger en sus estándares de vida: la brecha entre norte y sur, así como entre este y oeste, parece reducirse, pero emergen fracturas internas más profundas. La desigualdad entre países cede terreno frente a la desigualdad dentro de cada nación. La conclusión es sencilla y contundente: los números pueden identificar quién es rico, pero no quién se percibe como tal.

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