Investigación renovada en la desaparición de Mari Trini y su bebé hace 38 años: la Policía inspeccionará una balsa minera, el esposo sigue siendo sospechoso

El caso, que fue archivado en varias ocasiones, ha vuelto a abrirse para investigar la pista proporcionada por un vecino, quien asegura que el esposo arrojó sus dos coches a una balsa.

Los agentes de la Udev de Gijón creen que los cuerpos de Mari Trini Suardíaz y de su hija de 13 meses, Beatriz, podrían estar dentro de un coche en el fondo de la balsa de una antigua explotación minera de Berbes, en Villaviciosa (Asturias).

La balsa tiene una longitud aproximada de 50 metros y un ancho de 15 metros, situándose cerca del borde del acantilado que da a la playa de Berbes, una parroquia con cerca de 90 habitantes perteneciente al concejo asturiano de Ribadesella. Esta laguna forma parte de una antigua mina de fluorita, desactivada desde hace varias décadas. Desde hace algunos días, dos boyas amarillas flotan en ella, colocadas por la Policía para señalar el lugar exacto donde los buzos localizaron los dos vehículos que llevan sumergidos casi cuarenta años. Dentro de uno de estos coches se sospecha que podrían estar los restos de María Trinidad Suardíaz Suero y de su hija, Beatriz. La madre desapareció cuando tenía 24 años, en una fecha indeterminada del verano de 1987; su hija, de apenas 13 o 14 meses.

Este caso, emblemático entre los «sin resolver» en Asturias, ha sido reactivado judicial y mediáticamente varias veces desde que en 2002 —quince años tras la desaparición— Carlos, el hermano menor de Mari Trini, presentó una denuncia por la ausencia de su hermana y la niña. Desde entonces, la investigación ha estado marcada por la hipótesis de que ambas estarían fallecidas, víctimas de un asesinato, con la sospecha centrada en el esposo de Mari Trini, Antonio María Da Silva, conocido como el Portugués debido a sus orígenes.

Dado que el Portugués no aportaba información durante los interrogatorios sobre su esposa e hija, y que en las búsquedas y excavaciones en sus propiedades no se encontraron cuerpos ni indicios claros de su paradero, el caso fue archivado en dos ocasiones. Sin embargo, en marzo pasado, gracias a la insistencia de los agentes de la Udev (Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta) de Gijón —los mismos que a comienzos de año resolvieron el caso conocido como «el hombre deforme de Somiedo»—, la jueza titular del Juzgado de Instrucción 4 de Gijón, Ana López Pandiella, ordenó la reapertura.

La Udev decidió investigar la pista aportada por un vecino local, quien indicó que, en la época de las desapariciones, el Portugués habría lanzado ambos vehículos por el barranco de unos 40 metros situado sobre la balsa. Aunque la magistrada autorizó la búsqueda, no se pudo realizar inmediatamente debido a que era temporada de lluvias. Fue necesario esperar a que bajara el nivel de agua en la laguna. Tres semanas atrás, buzos del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional inspeccionaron el lugar y señalaron dos puntos donde efectivamente localizaron los vehículos. Según fuentes de la investigación consultadas por este diario, los coches se encuentran a aproximadamente dos metros de profundidad, totalmente cubiertos por lodo, lo que hace inviable su extracción con grúa. Tras casi 38 años sumergidos, es probable que los vehículos se deterioraran y se fragmentaran en el intento de sacarlos. Por ello, los expertos optan por drenar la balsa para examinar en terreno si los restos de Mari Trini y Beatriz están dentro de alguno de los coches.

Los investigadores desean que la operación de vaciado no se prolongue demasiado para evitar que se retomen las lluvias, y la jueza autorizó la semana pasada esta iniciativa al dictar un auto en el que ordena que «se dispongan los medios necesarios para continuar los trabajos en la balsa de la bocamina de Berbes». En dicho auto se menciona, además, que Mari Trini y su hija padecerían «retraso mental», y que la niña también sería sorda.

«No sé qué condición exacta tenían, pero todos los hermanos tenían alguna discapacidad», explica Trinidad Vecino al ser consultada sobre la discapacidad de su ahijada. Trinidad y su esposo, José María Sainz —primo hermano del padre de Mari Trini— son los padrinos y los parientes vivos más próximos. Desde su residencia en Villaviciosa (Asturias), la pareja ayuda a reconstruir la complicada y breve historia de Mari Trini. Nacida en 1962 en Selorio, otra parroquia de Villaviciosa, fue la mediana de tres hermanos, todos con alguna discapacidad intelectual y fallecidos prematuramente. El mayor murió atropellado en 1989 a los 28 años. El menor, Carlos, quien denunció la desaparición en 2002, vivió durante años en la calle mendigando antes de fallecer en 2017 a los 47 años. La madre, Maruja —«una mujer buena y trabajadora», según Trinidad— falleció en 1989; y el padre, Gonzalo, poco presente en el hogar, murió años después en una residencia.

«La madre habitaba en Bárzana [en el concejo de Quirós], mientras ella vivía con la abuela en Castiella [La Colunga, a unos 100 kilómetros]», relata Trinidad. «La abuela temía morir y dejarla desamparada. Llegó ese sinvergüenza, ese asesino, porque sabemos con seguridad que la mató. La abuela, la mujer, estaba feliz porque les llevaba bombones; parecía tan bueno…».

El matrimonio se celebró en la iglesia de la Oliva, en Villaviciosa, la noche del Día de Reyes de 1985, en secreto. La novia tenía 22 años y el novio 40. «A el Portugués lo conocí cuando vinieron a anunciarnos que se casaban. Pero no asistimos a la boda, ni nosotros, ni sus padres, ni nadie más que los padrinos y unos parientes americanos, hijos de una hermana de la abuela», afirma Trinidad.

Poco después de casarse, el Portugués —de baja estatura, agresivo y pendenciero— mostró su verdadera naturaleza a la abuela y a su joven esposa. «Las lanzó por un barranco en el coche. Fue él, porque la abuela me lo contó», señala Trinidad. Aunque ambas sobrevivieron, la abuela resultó con quemaduras y estuvo hospitalizada varios días.

Tras este incidente, el Portugués trasladó a Mari Trini a la parroquia de Berbes, donde la mantenía prácticamente encerrada, al punto que la joven llegó a pedir ayuda a los vecinos enviando notas desde la ventana, en las que denunciaba que estaba secuestrada. Probablemente intentando escapar de esta mala reputación, se mudó a Matadeón de Otero, en la provincia de León, donde poseía una casa. Allí, Mari Trini volvió a pedir auxilio mediante notas y finalmente denunció a su esposo en el cuartel de la Guardia Civil. «La Guardia Civil nos llamó y fuimos a buscarla a Matadeón, llevándola al colegio. Ya estaba embarazada», relata Trinidad en referencia al centro de acogida de las Hermanas Adoratrices de Gijón.

Después de dar a luz en junio de 1986, dos trabajadoras sociales visitaron a sus padrinos. «Querían que nos hiciéramos cargo de ella y del bebé, pero yo tenía un hijo recién casado y no disponía de espacio ni recursos económicos. La niña tenía algún problema de salud, recuerdo que me dijeron que necesitaba ‘cuidados especiales’», detalla Trinidad.

Algunos de los numerosos reportajes dedicados al caso indican que Mari Trini regresó con su marido por recomendación de las monjas, pensando en el bienestar de la niña. Pero, aparentemente, el Portugués no cambió su conducta, ya que en septiembre de 1987 se programó un juicio contra él por una denuncia de malos tratos interpuesta por Mari Trini. Ella no asistió a la vista y no se le volvió a ver jamás.

«Ojalá los encuentren, al menos para que tengan un lugar donde llevarles flores», comenta su madrina, que mantiene la esperanza de que los restos de la niña no estén en el fondo de esa balsa. «Decían que cuando estaban con las monjas, una mujer pasaba por allí y miraba mucho a la niña. Tal vez la adoptó y esté viva», añade.

El Portugués, actualmente de 81 años y presuntamente residiendo en una residencia de ancianos en León, ya no se encuentra en condiciones mentales para esclarecer lo ocurrido. Además, el delito habría prescrito tras 20 años.

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