El técnico alemán enfrenta la etapa más complicada desde su incorporación a la Ciudad Condal, sin lograr encontrar la solución a los problemas que enfrenta el conjunto.
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El Real Madrid mantiene la presión sin ceder y el acoso sobre el Barça se intensifica, especialmente tras la derrota en El Clásico. Los azulgrana se han convertido en un equipo bastante previsible en su estilo de juego y, en lugar de sorprender a sus adversarios, son ellos quienes terminan confundidos ante la incapacidad de revertir partidos adversos.
Cuando el balón empiece a rodar a las 18:30 h en el estadio de Montjuïc, el Barça estará a siete puntos por detrás del conjunto blanco en la clasificación. Ya no hay margen para más errores debido a la constancia del eterno rival, pero Flick requiere un tiempo que no posee para poder reconstruir su equipo.
Durante estas primeras 10 jornadas del campeonato, los actuales campeones de La Liga han mostrado unas debilidades visibles en todas las áreas del juego que complican pensar en la posibilidad de repetir los logros de la temporada pasada si no se producen cambios significativos.
Frente al reflejo del equipo que Flick configuró la campaña anterior, el espejo empañado exhibe un plantel distante del que hace meses conquistó La Liga, la Copa del Rey y alcanzó las semifinales de la Champions. El Barça ha visto reducida su eficacia ofensiva —algo previsible debido a las ausencias de Lamine Yamal y Raphinha— y los errores defensivos continúan sin corregirse, incluso empeorando.
El entrenador de Heidelberg ha debido afrontar las lesiones de Lewandowski, Lamine Yamal y Raphinha, perdiendo así al tridente estelar que el curso pasado registró 94 goles y 46 asistencias.
La enfermería, llena
En poco más de dos meses, 14 jugadores han pasado por la enfermería azulgrana y únicamente nueve futbolistas del primer equipo no han sufrido bajas.
Este asunto genera preocupación dentro de la entidad, en parte porque las 14 lesiones de esta temporada equivalen ya a la mitad de las 26 que tuvo el equipo durante toda la campaña anterior.
Pedri, tendido sobre el terreno de juego en El Clásico. Reuters
En el club se han celebrado reuniones internas para identificar los motivos de esta ola de lesiones y buscar estrategias que reduzcan su efecto, dado que tantas bajas terminan impactando también sobre el rendimiento y resultados del equipo.
«Las cosas son como son. Hay que aceptarlo. Estamos en noviembre y aún queda mucha temporada por delante», señaló Hansi Flick en la rueda de prensa previa al encuentro contra el Elche, al ser cuestionado sobre las lesiones.
Sin duda, las dolencias físicas limitan al equipo en esta fase de la temporada, pero los problemas en el juego y la vulnerabilidad defensiva persisten sin resolverse a medida que avanzan los partidos.
De hecho, Hansi Flick atraviesa su momento más delicado desde que asumió la dirección del Barça. Esta situación resulta más preocupante que cuando en enero de la temporada pasada solo sumaron 6 puntos de 24 posibles.
Después de dos meses y medio de competición, el equipo actual nada tiene que ver con el de la temporada pasada. Aquel método frío y estructurado funcionó, pero ahora falta dinamismo y capacidad para sorprender a unos rivales que ya conocen bien el juego de un equipo que no ha logrado mejorar, sino todo lo contrario.
Sin rumbo definido
La agresividad y la intensidad caracterizaron al Barça de la primera temporada de Flick. El equipo azulgrana parecía tener una marcha extra y superaba a sus adversarios. La base era recuperar rápido el balón mediante una línea defensiva muy adelantada que cohesionaba al conjunto.
La proximidad entre jugadores facilitaba la presión, aunque Flick también sostuvo el esquema gracias a especialistas como Raphinha, Iñigo Martínez o Fermín López.
Pero esta temporada el Barça no presiona igual. En primer lugar, porque no lo hace con la misma intensidad y compromiso, y además porque carece de piezas esenciales para lograrlo.
Hansi Flick da instrucciones a sus jugadores durante el partido ante el Sevilla. Reuters
El Barça dejó desconcertados a sus rivales la campaña pasada. Esta expresión resume el desarreglo que provocaba su línea defensiva, pero también puede entenderse de forma literal.
Flick pidió a sus jugadores un acto de fe dentro de un plan arriesgado: mantener una defensa siempre al límite. Iñigo Martínez lo expresó bien al admitir que no podía conciliar el sueño tras los partidos.
Ese esquema exigía tanta concentración y exactitud defensiva que terminaba los encuentros mentalmente agotados. Fue el costo de un plan que rindió excelentes resultados durante gran parte de la temporada.
Actualmente, ya sin el central vasco, los adversarios parecen haber detectado las lagunas del sistema. La dinámica es repetitiva en cada encuentro: en lugar de acelerar con un pase vertical, los rivales desaceleran desde segunda línea, algún extremo realiza un desmarque y la defensa del Barça titubea. Todos los problemas nacen de una presión que concede al rival tiempo para pensar antes de pasar.
Con la presión adicional de repetir (y superar) los éxitos anteriores, el Barça no es el mismo. La impresión es que los azulgranas aún no se han reconectado como el curso pasado, aunque la reciente derrota contra el Real Madrid en el Santiago Bernabéu podría ser el punto de inflexión que necesita el equipo.

