El informe ‘Countdown’ analiza el impacto del cambio climático en la salud global mediante más de 50 indicadores revisados por expertos científicos
La contaminación del aire continúa siendo uno de los principales factores que afectan a la salud pública en España. De acuerdo con el reciente informe Countdown 2025, publicado por la revista The Lancet, más de 22.000 fallecimientos anuales en el país se atribuyen a la exposición a partículas finas (PM2.5) derivadas de la combustión de combustibles fósiles y del tráfico vehicular.
Este estudio, realizado por la revista médica británica con el apoyo de la Fundación Wellcome, estima que el 44 % de esas muertes está vinculado al uso de carbón y gas licuado, mientras que otro 46 % se relaciona con el consumo de gasolina en el transporte. El coste económico derivado de esta mortalidad prematura alcanza los 43.300 millones de dólares anuales.
El análisis advierte también que la dependencia de combustibles fósiles continúa siendo predominante: en 2022 representaron el 95 % del consumo energético en el transporte por carretera, y la electricidad cubrió apenas el 0,2 %. A pesar de ciertos avances, las energías renovables solo representaron el 8,4 % de la energía total y el 34,1 % de la electricidad. En 2023, España registró incluso un balance negativo en ingresos por carbono, destinando 6.810 millones de dólares más en subsidios a combustibles fósiles en comparación con lo recaudado mediante tasas o precios por carbono.
Sin embargo, la contaminación del aire no constituye el único desafío. La crisis climática está afectando también la salud y la economía de los españoles. En 2024, cada individuo estuvo expuesto a 16,7 días de olas de calor, de los cuales el 90 % no se habrían producido sin el cambio climático. Además, el país perdió 174 millones de horas laborales debido al estrés térmico, lo que representa un impacto económico aproximado de 2.870 millones de dólares. La mortalidad por calor ya supera las 5.800 muertes anuales, cifra que duplica la de los años 90.
La sequía y los incendios forestales empeoran aún más la situación. Entre 2020 y 2024, el 61 % del territorio español experimentó al menos un mes de sequía extrema al año, mientras que los días con alto riesgo de incendio aumentaron un 6 % respecto a la década previa. El humo que generan estos incendios provoca alrededor de 1.000 muertes adicionales anuales debido a la exposición a partículas contaminantes.
La dimensión alimentaria también genera preocupación. En 2022, más de 70.000 muertes se vincularon a dietas poco saludables, ya sea por el consumo excesivo de carne y lácteos o por la insuficiente ingesta de frutas, verduras y legumbres. La ganadería y los productos lácteos representan el 54 % de las emisiones agrícolas del país.
En conjunto, el informe ofrece un panorama claro: la falta de acción climática está costando vidas y miles de millones de euros a España. Aunque los investigadores resaltan un incremento en la producción científica sobre los efectos del cambio climático en la salud —con 82 publicaciones en 2024, la mayoría centradas en impactos y adaptación—, el país sigue rezagado en su capacidad de respuesta: su índice de resiliencia climática disminuyó un 7,3 % en el último año.
“El retraso en la transición hacia una energía limpia y saludable está costando vidas”, concluye el informe.

