La Unión Europea (UE) es la forma histórico-concreta que adopta la dictadura del capital en Europa, como superestructura política más adecuada al avanzado proceso de concentración y centralización del capital, en este inicio del siglo XXI.
El capital monopolista -hijo del proceso de concentración y centralización del capital inherente a la formación socio-histórica capitalista- necesita ampliar de forma imparable sus capacidades de expansión y crecimiento, para controlar mercados de dimensiones mayores, y para moverse en amplias zonas con todas las facilidades posibles que necesita su abultada dimensión, para conseguir extraer la plusvalía a una masa cada vez más numerosa de la clase obrera, y para devorar a otras fracciones más débiles de esos mismos monopolios y a otros sujetos más atrasados de la acumulación capitalista. La confrontación, en consecuencia, se da entre una élite muy reducida, y decenas de millones de obreros y obreras que nada tienen que ganar con ese proyecto imperialista. Las pugnas interimperialistas tampoco aportan nada en favor de la situación de la clase obrera, ninguna de las fracciones del capital monopolista dejará de someter a la clase obrera a una explotación siempre creciente, porque responde a su antisocial lógica interna.
