Cátedra Che Zarate :: 09.10.11 – 20:15 :: Nacional
El Che Guevara: Comandante del Pueblo Insurgente Les adjuntamos un documento sobre el Che, una visión desde Bolivia. También anunciamos la presentación pública del texto de Néstor Kohan “en la –selva¬-“ (Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propósito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia), mismo que estará a la venta en puestos de periódicos y librerías de las principales ciudades del país. Este 8 de octubre, en un sencillo acto, los integrantes que trabajaron en la Cátedra Che Zarate Willka durante la gestión 2011, se reunieron y tuvieron la posibilidad de exponer y leer dicho texto, ya que el mismo fue considerado como de lectura “obligada”.
El Che Guevara: Comandante del Pueblo Insurgente “El futuro de la revolución en Bolivia está enlazado a la presencia y legado insurgente del Che” (Nina Guevara). El Che Guevara está vivo en el corazón y pensamiento del pueblo boliviano, de los jóvenes rebeldes, de los pueblos indígenas, las naciones originarias, los obreros, los mineros, las mujeres, de los y las trabajadoras. En el gorro de un aymara, en el parabrisas de un transportista, en el cuaderno o la polera de un estudiante, el rostro del Che hace presencia en la vida cotidiana de las calles, caminos, casas y centros de estudio y trabajo. Sin embargo, ¿el Che es sólo un símbolo, una consigna, está latente o es algo verdaderamente manifiesto? Es responsabilidad de las personas que han comprendido el “mensaje del Che” el hacerlo manifiesto en la práctica integral del pueblo, es decir, en sus luchas, sus esperanzas pero también en sus conquistas y realizaciones. Práctica integral significa no tenerlo al Che como un cuadro que adorna una oficina pública o un rótulo que se ponen las personas “guevarista” para pretender superar su mediocridad e inactividad transformadora. Ser “como el Che” implica mucho más que ponerse su polera… El Che está vivo en tanto y en cuento se encarna en la lucha del pueblo insurgente. Y es más, asume –de manera natural- su conducción porque el título de Comandante es el máximo honor que cualquier revolucionario puede alcanzar y el Che hizo la hazaña de ser un revolucionario con cada una de las letras que hace a esta palabra, por eso el Che no es un enunciado sino todo un significado. El Che jamás fue implosivo El Che tuvo contradicciones, como todo ser humano, pero las mismas jamás pusieron en duda su integralidad. El Che y el grupo del que formó parte, tuvo errores, yo diría que no exclusivos de él, como la campaña en el Congo, sobre la cual él mismo tuvo tiempo de evaluar y sacar lecciones. Pero algo de lo que si tengo la mayor certeza es que supo reconocer sus errores y enmendarlos. El Che jamás fue implosivo, es decir, nunca nadie le podrá reprochar el haber abandonado alguno de sus principios, el haber defraudado su decir con su hacer. El Che jamás podrá ser acusado de inconsecuente, de frío y calculador, de buscar el rédito personal, de propiciar la forma sin transformar el contenido. El Che no podría decir “socialismo” a algo que fuera diferente. El Che no podría encubrir procesos de restauración del capitalismo con el nombre de transición. Bolivia escenario de una lucha no resuelta “Que el marxismo del Che posee una tonalidad latinoamericanista, ácidamente crítica del eurocentrismo, está hoy fuera de toda discusión”. (Néstor Kohan) La presencia del Che en Bolivia no fue fruto de la casualidad, no se trató de una elección cualquiera, sino de un plan estratégico que veía al desarrollo de la revolución latinoamericana como la fuerza principal, desplegada en todo el continente cuyo centro de irradiación y base de apoyo principal podía ubicarse en la geografía física y social del corazón del Continente Sudamericano. Geografía de conexión de grandes regiones andinas, amazónicas y chaco platenses, a la par de la geografía humana y social compuesta por un vigoroso proletariado minero, así como de un movimiento campesino e indígena deseoso de liberarse definitivamente del yugo de la explotación y las relaciones servidumbrales. Hoy en día, la elección geográfica (física y social) del Che sigue vigente. No hay espacio de este Continente donde la liberación nacional y social se esté realizando de manera cierta; por el contrario, se han erigido gobiernos populistas que han dado un gran respiro al capital (Brasil, Argentina, Bolivia). “Revoluciones” como la bolivariana, con más de una década en el control del gobierno y gran parte del aparato estatal que no ha podido eliminar a la “oligarquía venezolana”, a la burguesía de ese país, a la cual se la denomina de las formas más despectivas pero sin alterarlas en su poder económico y financiero real. ¿Qué clase de socialismo es ese? Es un Socialismo Chuto tan cercano a lo que el Che definía como caricatura de revolución. Y hoy, precisamente, Bolivia está retomando el papel de ser la bisagra de ese gran campo de lucha continental, articulador de la geografía humana, social y política al evidenciarse el despertar insurgente del pueblo en una revuelta ya no sólo por reformas democráticas sino por la realización de un verdadero programa de transformación social, lo que constituye un nuevo paradigma para el conjunto de las organizaciones que abrazan la revolución. Hoy el pueblo cuestiona al gobierno de Evo Morales, no porque se haya derechizado, todo lo contrario, sino porque ha decidido avanzar, dejando de lado la idea de que sea el Estado el que haga los cambios (en realidad el Estado Plurinacional es inviable) para asumir en la acción directa, en la movilización, en la recuperación de la calle como espacio de lucha, la tarea y el camino de transformarse a sí mismo. La usurpación y la impostura han sido rotas. De aquí en adelante, la impugnación a la presencia de las transnacionales en Bolivia ira en aumento, la defensa del medio ambiente, la recuperación de los recursos naturales, el respeto a los pueblos indígenas serán las demandas de cada día. Pero además, y esto es lo más importante, la articulación entre la insurgencia del trabajo y la autodeterminación de las naciones originarias y pueblos indígenas será el motor que haga posible la construcción de micropoderes al tiempo de impulsar una verdadera transformación del Estado, pero acordes a las transformaciones en el poder económico e ideológico. En el futuro inmediato, la derecha en Bolivia no tiene posibilidades de volver al gobierno. Cualquier escenario donde se presente esta posibilidad generará una reacción armada, directa y masiva de parte del pueblo boliviano. En otras palabras la derecha no volverá. Lo que se presenta en Bolivia es una pugna, entre una fracción con base social campesina y que ha llegado al gobierno (Evo Morales y el MAS), con graves limitaciones políticas, que implosiona cada día, frente a un pueblo que despierta y plantea el dilema de avanzar en forma real hacia una verdadera revolución social y nacional. Se abre una pugna por la hegemonía de la sociedad, donde innegablemente se encuentran también los sectores capitalistas que no han perdido su poder económico. En este nuevo escenario ¿quién es vanguardia? ¿a quién se apoya? ¿qué se construye? Nos ratificamos en el Che La insurgencia no puede ser otra cosa que la realización –en el tiempo actual- del pensamiento y la práctica política del Che. La revolución socialista e insurgente, la construcción de la mujer y el hombre nuevo son principios irrenunciables. Dichos principios son transversales y condicionan todo nuestro accionar político, incluso determinan aquello que se llama táctica y estrategia. El Che pensó en el causa revolucionaria y antiimperialista que había que desplegar y sostener y no en la afirmación de un gobierno popular en Bolivia asediado por el contexto conservador capitalista. Hoy en día, el contexto latinoamericano es algo mejor, pues los pueblos de la región han logrado avanzar y colocar a algunos gobiernos populistas en la administración de los Estados, sin embargo, el empuje revolucionario está fuera del Estado, en las masas postergadas, en las poblaciones que son capaces de construir su propio poder, transformándose en verdaderos sujetos. Hoy en día, no podemos pensar en un sujeto obrero o en un sujeto campesino indígena, ni siquiera sólo en la articulación de ambos (la famosa alianza entre proletarios y campesinos). Hoy, por el desarrollo del capitalismo, todos somos sujetos en tanto y en cuanto seamos capaces de ser insurgentes, es decir, portadores de lo nuevo, partes integrantes del trabajo en antagonismo al capital. El sujeto insurgente es el indignado, el que reivindica lo social frente a lo individual, el que protesta y cuestiona al orden imperante por seguir siendo enajenante y servidumbral. El que viene de las llamadas condiciones objetivas, pero también el que asume las condiciones subjetivas de la revolución. El sujeto insurgente es el pueblo indignado y movilizado, el pueblo que marcha y bloquea, el que se organiza y construye su propio poder. La lucha contra el Estado ratifica al pueblo como sujeto insurgente y permite superar las expoliaciones de la representatividad, que no hacen otra cosa que construir alteridades usurpadoras. En otras palabras, no habrá Estado que libere al pueblo, por más que dicho Estado pretenda mostrarse como indígena, bolivariano, ciudadano, democrático, progresista, nacional o popular tal como ayer pretendió mostrarse como nacionalista, populista, militarista, social o benefactor. Los Estados populistas, progresistas, democrático burgueses, en “transición” y como quiera que prefieran llamarse, no podrán oponerse a la intervención imperialista y capitalista, y mucho menos derrotarla. Dudamos de que existan ejércitos progresistas o de izquierda, dudamos de que existan policías encargados de proteger al pueblo. Por el contrario, la conducta del Estado a través de sus instrumentos punitivos, como en Ecuador y Bolivia demuestran que dichas fuerzas están capacitadas para golpear a los pueblos e incluso a los que les dan de comer (Correa). Es un error estratégico de la izquierda tradicional pensar que hay procesos de transición pacíficos y viables para el pueblo, caso contrario digan dónde se pudo lograr procesos de liberación social y nacional sin la vía revolucionaria. En esta fecha, insurgentes e insurgentas, nos ratificamos en el Che, Comandante del pueblo Insurgente.
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