Movimiento Revolucionario Oriental

Intervención de la Coordinadora de Unidad Revolucionaria en el 45 aniversario del MRO

CUR

29.05.06

No queremos refundar nada; no queremos resucitar nada; no queremos reanimar frentes que de tan amplios se conviertan en frentes de la conciliación, ni queremos ofrecer al pueblo alternativas electorales que nos coloquen en situación de traicionar en función de un cargo, un salario y un status personal o grupal.
Queremos, humildemente, pero convencidamente, contribuir con modestia y con firmeza, con generosidad pero con convicciones a la construcción de las fuerzas sociales y políticas que perfilen, generen y procesen los cambios revolucionarios en nuestras comarcas. Ni un poquito menos que eso compañeros.

Permítannos comenzar así nuestra intervención: «El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan. América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya.» Así hablaba, con claridad y justeza, a través de un párrafo medular, el Comandante Ernesto Che Guevara en su «Mensaje a los pueblos del mundo» desde LA TRICONTINENTAL. Compañeros de delegaciones internacionales, compañeros del movimiento popular, compañeros invitados y de la Coordinadora de Unidad Revolucionaria, Compañeros del Movimiento Revolucionario Oriental: Más de cuatro décadas atrás, esta caracterización marcaba, para el continente, un camino y abría una etapa donde las contradicciones, al rojo vivo, se dirimían en el campo de las armas. El imperio bestial y asesino, enemigo de la humanidad y gendarme del capitalismo a escala mundial, hoy tiene posada su garra brutal en Irak, se apresta a atacar Irán y al tiempo que se empantana frente a la convicción de los pueblos que resisten por todos los medios la agresión militar, el genocida Bush, instrumento de las corporaciones de las finanzas y la guerra, amenaza a Venezuela, a Colombia, a la heroica Cuba, arremete en Bolivia con campañas desestabilizadoras y se apoya, para esto, en el servilismo sempiterno de los gobiernos que, a veces de derecha, a veces socialdemócratas y a veces «progresistas» hacen buena letra y genuflexiones varias. La década del sesenta fue para el mundo y, especialmente para nuestro continente, una coyuntura histórica que puso sobre la mesa la cuestión del poder como nunca jamás en la historia de nuestros pueblos; nuestras insuficiencias político-ideológicas, nuestra incapacidad para lograr formas de acción unitaria en todas las contingencias, nuestra escasa capacidad operativa en el plano político-militar y -por cierto- la acción del imperio, fortalecida por opciones erróneas y claudicantes desde el campo socialista y los partidos comunistas pro-soviéticos, nos depararon una década de masacre en los setenta y un reflujo que nos trae hasta nuestros días en un marco de disgregación orgánica, poca fortaleza política y escasa capacidad de incidir en grandes masas. Esto es sólo un momento, no debemos analizar mecánicamente el proceso y por tanto, debemos comprender que tenemos la obligación revolucionaria de comenzar a revertir esta situación en un marco histórico concreto que es aquí y ahora, o sea América y desde hoy mismo.

Cómo hacerlo

Para los revolucionarios, y eso pretendemos ser en tanto nos definimos como Coordinadora de Unidad en ese sentido, nada puede haber más nocivo, peligroso y grave que la subestimación del enemigo y la sobreestimación de nuestras fuerzas. De algo deben servir las derrotas, ya que, lamentablemente, no pueden modificarse; pero sobre esas derrotas, es decir, apoyados en la sangre de miles y decenas de miles de compañeros americanos muertos es que deberemos ponernos de pie para enfrentar, una vez más, al imperio y a sus gerentes nacionales. En esta etapa, la particularidad del proceso nos halla mucho más débiles que en los sesenta; nuestro pueblo, a escala local, se encuentra mayoritariamente hipnotizado por el cantar de sirena «progresista». Este gobierno, el del Frente Amplio y sus alianzas policlasistas es, a no dudarlo, el gobierno soñado por la burguesía: Astori gestiona y administra las políticas de los organismos internacionales, de manera eficiente y tecnocrática, desde un ministerio dirigido por cuadros preparados durante décadas en las universidades norteamericanas. Arismendi administra el hambre y la miseria desde una creciente burocratización que genera, amén de un asistencialismo rayano en el cinismo, una nueva suerte de clientela política lumpenizada por la marginación y la miseria. Mujica, derrotado por Harvard, pero décadas atrás derrotado por sus propias insuficiencias programáticas, quiere humanizar el capitalismo de la Asociación Rural mientras le da la espalda a los «Peludos» de Bella Unión. Díaz, viejo promotor de la vía armada, hoy tecnifica a la policía represiva y promueve, como en Canelones, experiencias de buchonería ciudadana funcionales al sistema y genera en el seno del pueblo compartimentos estancos y falsas contradicciones que confunden, enfrentan y separan a sectores objetivamente explotados aunque de maneras particulares diferentes. Huidobro, traidor irredimible, mentiroso compulsivo, y ejemplo perfecto de lo que no debe ser nunca un ser humano, continúa, ahora con un salario pagado por el pueblo, haciendo el mismo trabajo en pro de las «honorables» Fuerzas Armadas que hizo desde los cuarteles, mientras entregaba compañeros y declaraba rendiciones incondicionales a prueba de todo. Sujeto coherente, hoy sigue en la misma tesitura. Mientras tanto, desde los ministerios vinculados al trabajo, la industria, el ambiente y las obras públicas, se avanza en la dirección de destruir la base material de cualquier proyecto racional y sustentable de desarrollo humano y económico que un territorio de nuestras características puede ofrecer a nuestro pueblo. Nos están quitando el agua, la tierra, la dignidad y la sangre. Costará mucho revertir estos daños al ambiente y a la gente. La celulosa y su condición previa, el monocultivo, hace del latifundio antes ganadero y extensivo, un proyecto forestal intensivo de magnitud brutal, desmesurada y sustentable únicamente al costo de más hambre, marginación, enfermedad y destrucción social y productiva. En este marco compañeros, es que, desde hace meses, en nuestro espacio y en otros, estamos promoviendo como condición estratégica necesaria para el abordaje de esta problemática, la imprescindible unidad de los revolucionarios. Esta unidad debe estar signada, para nosotros, por algunas premisas básicas ineludibles.

Debe ser una unidad de la izquierda clasista.

Esta definición, no antojadiza, debe marcar a fuego el compromiso de todos quienes vemos en el capitalismo, la causa de las desventuras de nuestra gente. No podemos repetir esquemas del pasado que llevaron a fuerzas de definición anticapialista a generar alianzas cada vez más amplias donde, producto del rebajamiento de la ideología y el programa, se privilegiaron los votos, los cargos en el aparato estatal y la connivencia con el sistema.

Debe ser una unidad para la acción.

No podemos paralizar nuestras fuerzas en el marco de discusiones esterilizantes y paralizantes y no debemos tampoco, creer que la generación de estructuras orgánicas y aparatos resuelven las necesidades de la lucha social y política. Pero tampoco podemos concebir que la acción revolucionaria pueda ser fruto del espontaneísmo desarticulado, marginal y tacticista. Deberemos avanzar en la definición de una estrategia unitaria que nos enmarque y desde diversos niveles de autonomía táctica, tener la capacidad de golpear al enemigo y pasar de la actual situación defensiva a niveles de ofensiva sostenibles, crecientes y que promuevan en el seno del pueblo metodologías de lucha que cuestionen al capital y su aparato de dominación.

Debe ser una unidad para derrotar al imperio
y al capital.

No podemos repetir errores que ya mencionábamos anteriormente; la Coordinadora de Unidad Revolucionaria no nació para proclamarse vanguardia, ni para creer que por sí y ante sí procesará las formas de lucha y los procesos necesarios para destruir al sistema. Pero tampoco nacimos para reeditar caminos que condujeron al fracaso y que conducirán una y mil veces al fracaso. No queremos refundar nada; no queremos resucitar nada; no queremos reanimar frentes que de tan amplios se conviertan en frentes de la conciliación, ni queremos ofrecer al pueblo alternativas electorales que nos coloquen en situación de traicionar en función de un cargo, un salario y un status personal o grupal. Queremos, humildemente, pero convencidamente, contribuir con modestia y con firmeza, con generosidad pero con convicciones a la construcción de las fuerzas sociales y políticas que perfilen, generen y procesen los cambios revolucionarios en nuestras comarcas. Ni un poquito menos que eso compañeros. Los tiempos siempre son escasos cuando se trata de llevar adelante estas ingentes tareas; quizá mañana mismo despertemos escuchando en alguna radio que ha sido atacado el pueblo de Irán; que otra bomba ha explotado en Bolivia o que comienza una escalada militar contra el pueblo de Venezuela. Cada ataque de estas características debe ser tomado por nosotros como un ataque a nuestras propias fuerzas; debemos trabajar en el seno del pueblo para que se comprenda que un golpe a un trabajador de la caña, a un pequeño productor, a un proletario que autogestiona una fábrica es un golpe a toda la clase. Pero debemos trabajar para que se comprenda y se actúe en consecuencia y, de la misma manera, desde el clasismo y el internacionalismo, cada bomba en Irak, en Irán, cada golpe a nuestra América es (y lo es de manera objetiva y concreta) un golpe a la tierra de Artigas, que es la de Bolívar, la de Martí y el Che. Compañeros, hace 45 años, un 21 de abril, nacía en nuestras tierras el Movimiento Revolucionario Oriental; por ese entonces ya Cuba era libre y se aprestaba a declararse socialista; por estos lares el FMI hacía tres años que dictaba recetas para nuestra economía y en el continente se discutía y se confrontaba en la teoría y en los hechos una temática similar a la que hoy discutimos desde filas de izquierda en nuestra realidad. Hoy Venezuela se perfila en un grado de enfrentamiento al imperio como hacía décadas no se daba en el continente y probablemente, su correlación interna y la presión del capital y su poder militar hagan que se acelere una inflexión hacia la construcción de una realidad socialista. Los organismos de crédito continúan decretando el hambre de la gente, hambre que en nuestros barrios y en nuestras noches tiene cara de niño hurgando en las volquetas en busca de algo parecido a la comida, de una segura enfermedad y de una poco evitable marginalidad de droga, desamor y entrega. La teoría revolucionaria puede tener muchas respuestas para los estrategas de biblioteca; el debate maledicente y el acopio de información puede ser muy útil para los investigadores, los historiadores y los clasificadores de derrotas. Nuestras rencillas mezquinas, las disputas fraccionales, los perfilismos pequeños burgueses son si duda, muy útiles para el capital y el imperio. La unidad de los revolucionarios es una necesidad estratégica, no nos cansaremos de decirlo y por eso debemos ser autocríticos y críticos y generar en el seno del pueblo la más honda y conciente red militante y combativa para consolidar en nuestras organizaciones un accionar verdaderamente unitario y revolucionario. Este accionar ya empezó, este accionar nos tiene como protagonistas, pero no somos (ni queremos) ser los únicos protagonistas; este accionar que de manera inmediata nos colocará ante el primero de mayo en una coyuntura de amarillismo y colaboracionismo crecientes, requiere de una gran columna de pueblo militante, conciente, movilizado, clasista y combativo que diga no al «progresismo» de la entrega y que diga basta a las dirigencias sindicales que han renunciado a la independencia y el perfil de clase. De aquí en más, en el terreno internacional, en el regional, en el local, seremos puestos a prueba de manera creciente. Pero esta vez seremos puestos a prueba por el enemigo que nos querrá ver claudicar, traicionar, fracasar o borrarnos para siempre de la faz de la tierra. Y seremos puestos a prueba compañeros, por la gente de pata en el suelo, por los que no tienen nada que perder y que esperan, para alzarse contra el capital y el imperio, a las organizaciones que estén a la altura de las circunstancias y que no estén dispuestas a dejar que le trampeen, una vez más, el futuro a los hijos de estas tierras. Permítannos, para terminar, retomar el comienzo de esta intervención; Una vez más citamos a Guevara: «Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo y solo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.» SALUD MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO ORIENTAL

POR LA REVOLUCION SOCIALISTA AMERICANA

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