Patria Insurgente :: 04.04.08 – 08:20 :: Boletines
El MAS no ha podido construir una hegemonía duradera y hoy enfrenta las dificultades de una ofensiva desde la derecha que él mismo ayudó a generar. La derecha hoy es hegemónica, cuando los mismos dirigentes del gobierno asumen las banderas de la autonomía como suyas…
¿Qué está pasando en Bolivia?: Fracaso de la hegemonía del MAS. Cuando se habla de hegemonía, se tiene una idea general de la misma, pudiendo pensarse de manera simple que se trata de “estar ganando”, es decir, cuando un gobierno o sector social va ganando a sus adversarios. La idea de hegemonía la desarrolla con precisión un marxista italiano de nombre Gramsci y aparentemente, muchos integrantes del actual gobierno no se han tomado la molestia de leerlo. En todo caso, uno es hegemónico, cuando tiene la capacidad de imponer su proyecto o lograr consensos con fuerzas derrotadas o aquellas que no tienen otra alternativa que pactar para seguir sobreviviendo. En consecuencia, la hegemonía se la ejerce en condiciones de ganador y nunca es bueno intentar hacer pactos, cuando el contrincante lleva las de ganar. Esto es lo que está sucediendo hoy. El gobierno busca una salida negociada y la derecha desde Santa Cruz se da el gusto de rechazar dicho proceso, porque ahora lleva una ventaja de la cual pretende sacar el máximo de beneficio posible. En el caso boliviano, la hegemonía del proyecto popular y originario se patentizó desde el 18 de diciembre de 2005 hasta el 6 de marzo del 2006. Es decir, duró aproximadamente dos meses. Este periodo hegemónico fue palpable mediante el discurso y la fuerza a favor del cambio que no tenía rival. La derecha y el viejo régimen estaban acorralados, aislados y en repliegue. Este era el momento de avanzar arrolladoramente y de implementar cambios sustanciales. También lo ideal era que este periodo se prolongue lo más posible, pero sucedió un cambio desde el gobierno y desde el MAS. El 6 de marzo se promulga dos Leyes: la Nº 3364 y la Nº 3365, es decir la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente y la Ley de Convocatoria a Referéndum Nacional Vinculante a la Asamblea Constituyente para las Autonomías Departamentales. En estos dos instrumentos se traiciona al proceso, pues desde el Parlamento el Vicepresidente y la bancada del MAS pactan con las fuerzas de derecha para introducir la elección a asambleístas mediante las reglas del viejo sistema de partidos políticos que había entrado en crisis y mediante la habilitación de un referéndum nacional con un resultado departamental, es decir, fragmentado al soberano y su decisión nacional mayoritaria. El 6 de marzo, el MAS pierde la hegemonía, pues sienta las bases para la reconstitución de la derecha. En consecuencia, cuando se responsabiliza al actual gobierno de haber cedido al extremo de impulsar indirectamente el resurgimiento de la derecha, no se lo hace con el mero afán de atacarlo por que sí, sino por ser traidor a la causa histórica de nuestros pueblos. Cuando uno perdona a la derecha sufre consecuencias políticas. El responsable directo de abrir las puertas a la derecha para que ingrese a la Asamblea Constituyente y para que impulse su proyecto de autonomías oligárquicas departamentales y separatistas es Alvaro García Linera. Luego, hasta el 1 de mayo el gobierno implementa algunas tibias medidas (como la operación milagro, la alfabetización, básicamente con ayuda cubano venezolana) y lanza una pseudo nacionalización de los hidrocarburos, que en realidad esconde una negociación con las empresas transnacionales, con las cuales pactan nuevos contratos. A estas alturas ya no hay hegemonía de las fuerzas sociales populares, sino una negociación de mutuo interés entre dichas empresas y el Estado boliviano. Con la elección a asambleístas y el triunfo del si en cuatro departamentos, la situación se complica para el gobierno, pues se dan cuenta que no habían obtenido los dos tercios de miembros en la Asamblea Constituyente y durante el mes de agosto queda claro, que este foro no sería plenipotenciario, fundacional ni verdaderamente originario. La Asamblea Constituyente trabaja durante 17 meses, tiempo durante el cual el MAS pierde la Prefectura de Chuquisaca y la derecha logra cercar e inviabilizar la Asamblea con el tema del traslado de la capital. Al final, el MAS se ve obligado a aprobar su nuevo texto de constitución a las carreras, aplicando su mayoría absoluta y cediendo en el contenido de los artículos a una derecha que a cambio no le dio nada. Entre noviembre y diciembre del 2006 el gobierno dual prefectural, más los movimientos sociales cívicos y de derecha logran posicionar a nivel nacional su proyecto de autonomías departamentales, con lo cual, es la derecha la que empieza a ser hegemónica política e ideológicamente. Para diciembre del 2007, cuando se tiene el nuevo texto de constitución del MAS aprobada por la cercada Asamblea Constituyente, queda claro que la hegemonía del proceso es de la derecha, pues la constitución del MAS es eminentemente liberal. Los dirigentes del actual gobierno, incluido Evo Morales, jugaron al tema de las autonomías, y ahora deben pagar las consecuencias políticas de dicho juego. En su táctica diseñaron un plan para apropiarse del tema de las autonomías, asumiendo como suya esta bandera, introduciendo una fórmula de varias autonomías simultaneas para tergiversar la autonomía departamental. Así se empezó a hablar desde el gobierno de las autonomías provinciales, municipales, indígenas y departamentales. ¿Cuál fue el resultado? Un fracaso, porque ahora se dan cuenta que lo que han hecho es fortalecer la propuesta de la derecha, se han quedado con un texto constitucional sin fecha para su aprobación mediante la figura del referéndum, mientras las oligarquías del oriente y sur del país avanzan por su referéndum a partir de este 4 de mayo. Durante el tiempo que funciona la Asamblea Constituyente (agosto del 2006 a diciembre del 2007), evidentemente el MAS y su gobierno se embarcan en el desarrollo de diversas maniobras políticas, al amparo de la visión indigenista imperante, que les da campo de maniobra y aún mucha credibilidad en los sectores indígenas y populares. Ellos confunden hegemonía con la realización de maniobras amparados en el gran apoyo popular que tienen. Como un testimonio de dichas maniobras transcribimos más adelante un informe sobre dichas maniobras. Estas maniobras, juegos, avances y retrocesos, que confunden a propios y extraños, buscan fanfarronear, demostrar al contrincante y a las fuerzas internas que el MAS es muy capaz y que marcha por el camino del éxito. Obviamente, estas maniobras, tienden a articularse dentro de un campo de aparente enfrentamiento: esta imagen es vital de ser alcanzada. Y durante este tiempo, se ha creado un campo de polarización en el país que aún hace creíble que el MAS y el actual gobierno sean parte de una fuerza de izquierda y estén comprometidos con un proceso de cambio. Este aparente campo de confrontación permite cierta disculpa de parte de los sectores populares, ya que “no se puede exigir al gobierno que profundice el proceso, pues este sufre la agresión de la derecha”. Para que la población no vea que el MAS es una fuerza política conservadora, es imprescindible que todos vean al gobierno como víctima de la derecha, que exista un campo de polarización, que es precisamente, la situación que estamos viviendo hoy por hoy. La hegemonía la hemos perdido porque el MAS no fue consecuente y no supo construir su propio proyecto, pues como corriente indigenista y populista podría haber golpeado mínimamente a la derecha. Por eso hoy, ni un metro cuadrado de tierra de los latifundistas ha sido expropiada o revertida y continua vigente el modelo neoliberal en sus partes sustanciales. Y así, la derecha ha vuelto a recuperar su protagonismo y hoy pretende recuperar su Estado y su gobierno. El MAS es un inquilino en una casa que nunca ha sido suya. Y los grupos corporativos facistoides pretenden rescatar este espacio, ya que reflejan a una fracción burguesa cruceña, que hoy por hoy es la principal fuerza empresarial del país. Tanto la derecha como el populismo indigenista pretenden llevar a toda la población boliviana a una falsa disyuntiva: o estamos a favor del gobierno o de la media luna, cuando en realidad son dos fuerzas diferentes pero que coinciden en temas fundamentales: ambas fuerzas no quieren alterar la propiedad empresarial, ambas fuerzas son liberales, ambas fuerzas están a favor de la presencia de las empresas transnacionales. ¿Son lo mismo? Evidentemente que no, pero tienen muchas coincidencias. Y esto no es raro, en la historia de nuestro país hemos vivida siempre largos periodos de luchas inter-burguesas o inter-oligárquicas, donde el pueblo debía apoyar a una u otra fuerza como castigo por no tener un proyecto y organización propia. Recordemos lo que fue en el pasado la lucha entre: • Liberales contra conservadores • Nacionalistas contra falangistas • Estatista contra dictadores militares • Adenistas contra miristas, o movimientistas, etc. Tal vez lo que pretende la derecha es aniquilar a este proyecto de centro izquierda liberal, indigenista y populista que se encarna en el MAS, por no ser la expresión del empresariado moderno, por representar a los indígenas y por estar compuesto o rodeado de clases medias y ex izquierdistas. ¿Qué va a pasar el 4 de mayo? A estas alturas del partido, lo que le interesa al MAS es frenar el proceso sedicioso de derecha que se implementa desde Santa Cruz, rifando el proceso que le dio vida, pactando, arriando banderas, entregando lo necesario a la derecha para que le deje seguir gobernando el país. Este es el actual chantaje del MAS al conjunto del movimiento popular e indígena. A la derecha le interesa consolidar su proyecto de autonomías departamentales y reestructurar el Estado desde esta su posición fuerte, pues saben que de esta manera tendrán la hegemonía total del proceso, siendo mucho más fácil recuperar el gobierno para sí mismo, imponiendo una represión brutal a todo el movimiento popular y originario, para que nunca más el pueblo vuelva a alzar cabeza. Nuestra tarea, como tercera fuerza, como movimiento insurgente, es derrotar al enemigo principal: la derecha corporativa fascista y sus aliados, pero también ayudar a que el movimiento popular y originario supere políticamente al populismo indigenista encarnado por el actual gobierno. Estamos conscientes, que la derecha puede avanzar mucho más en esta coyuntura, al grado de obtener el acortamiento del mandato del gobierno o lograr -en la mesa de negociaciones- lo que no ha podido ganar en las calles, situación que nos obligará a organizar procesos superiores de lucha pero para potenciar una salida revolucionaria a esta crisis. En cuanto al MAS y el actual gobierno, de verdad que les deseamos una mejor suerte, pero al mismo tiempo les demandamos que dejen de traicionar al pueblo y rectifiquen sus pasos y acciones. Sin embargo, sabemos que ya tienen hipotecado su futuro. El MAS terminará políticamente derrotado y superado por las fuerzas de la insurgencia popular, que tendremos que empujar el actual proceso abierto por la lucha heroica de nuestros pueblos y avanzar hacia un verdadero proceso de liberación nacional con descolonización.
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