Cátedra Gabriela Mistral

No me crean desarraigada de mi escuela chilena

Muy querido cuarto año: Pena y extrañeza ha sido para mí recibir por este correo solamente el recuerdo de mis chicas de segundo año y ninguna palabra de ustedes. El curso que parecía más vinculado a mí por el cariño. Esta vez quedan perdonadas. Pero les impongo, aunque la imposición sea odiosa, la obligación de escribirme una carta quincenal, en la cual me cuenten la vida del colegio, especialmente la de su sección. Necesito saber lo que ustedes leen, cómo van en las diversas asignaturas, si alguna se retira por razones de desgracia personal, qué han hecho de su jardín, a qué excursiones han salido, qué cantos nuevos tienen, que lecturas matinales les han impresionado, en qué forma cumplen sus promesas hechas a mí en la hora de la despedida. Impónganse ustedes de mi carta dirigida al quinto año y sigan las indicaciones que allí hago sobre la lectura de algunos autores clásicos. Debe ir luego una segunda colección de los volúmenes para el quinto, a fin de que tengan ustedes ejemplares a su disposición. Descarten a Platón entre los autores recomendados al quinto año. Pero mantengan a Esquilo, La Odisea de Homero y La divina comedia. En este momento estoy haciendo una nomina de libros destinados a ustedes y al tercer año. No sé si me lo traerán todos. Aprovecho esta misma carta para explicarles de qué obras se trata. Durante la Colonia en México, existió una gran mujer, a la vez de erudición y de fe, sor Juana Inés de la Cruz. Va un volumen de sus versos y un estudio sobre ella que les recomiendo leer. Esta mujer unió a su religiosidad el cariño por la ciencia: Ella quería conocer mejor la Creación para adorar más hondamente al Creador. Va un libro de teatro de Juan Ruiz de Alarcón, que servirá para los cursos superiores y que lleva también un buen estudio. Saben ustedes que vive en Escandinavia una gran novelista, Selma Lagerloff, la única mujer que ha merecido el premio universal Nobel. Es popularísima en su país por haber escrito especialmente las leyendas populares noruegas y suecas. Les envío una pequeña selección de sus cuentos. Pueden leerlos en un día. Les recomiendo especialmente los datos sobre su vida que son muy interesantes. Para que les sirva en sus estudios de poética, va una antología de Pedro Henríquez Ureña, profesor al servicio de México. Agrego las Novelas ejemplares de Cervantes. Después del Quijote, es su obra capital, y es indispensable su lectura, especialmente en quinto año. Encargué también El pájaro azul de Maeterlink. Es esta la obra de teatro más divulgada del gran poeta belga. Su lectura les será amena hasta ser regocijadora. Que su profesora de castellano les explique los símbolos que contiene. Quiero que ustedes me digan cuáles han sido las lecturas que les han impresionado más fuertemente. Así yo conozco el alma de ustedes y las guío mejor. Al leer no olviden ir haciendo resúmenes. Den valor a las ideas y a los sentimientos. Relean las páginas más tiernas. Los pensamientos que les parezcan profundos y útiles, cópienlos en su libreta de apuntes. Retengan los nombres de los autores, a fin de que puedan buscar otras obras de ellos para conocerlos totalmente. Pueden encargarme con plena confianza otros libros que deseen. Siempre me ha sido grato servirlas. Pero ahora desde lejos es una alegría mayor. Una inmensa alegría ayudarlas y tener el corazón vuelto hacia ustedes. Pidan a su profesora de castellano, que es tan buena amiga de los libros, les mantenga la hora de lectura semanal. Cuando encuentren en alguna obra una página de gran valor, indíquensela para esa hora de lectura. No descuiden los demás ramos. Mi sueño es que el cuarto sea promovido casi totalmente. No me decepcionen. Tal vez a la fecha de su examen yo estaré entre ustedes y sería para mí amargura, llegar a recibir unan decepción tan grande como l del fracaso de una parte del curso. Las tengo presente en toda hora de emoción. Cuando leo algo hermoso o visito una escuela. Hay entre ustedes almas que me dieron mucha ternura y cuya guía yo no abandono. El efecto del cual me cercaban, me dieron con un exceso de generosidad, háganmelo tangible en su progreso. Hagan turno para escribirme. Que la carta no tenga la dirección de ninguna profesora. Yo quiero oírlas hablar a ustedes, y quiero seguirles en las palabras su estado de ánimo y el rumbo de los estudios. No me olviden. Siéntanme presente, y ayuden a su directora y a sus profesores a hacer la faena dura y difícil que yo tuve que abandonar, pero que sigo con un ansia que ustedes han de sentirme en esta larga carta. Lucila Texto extraído del libro Gabriela Mistral Poesía y Prosa. Pág. 146-150. Pehuén Editores. 1984. Santiago. Chile.

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