Lugar histórico en Burgos donde se registró por primera vez la palabra ‘Castilla’ en el año 800

Un pergamino del siglo IX guarda el secreto del origen de ‘Castilla’ en un rincón remoto de Burgos. Allí, entre montañas, el notario Lopino plasmó un nombre que cambiaría el rumbo de la historia

Foto: El monolito conmemorativo con el monasterio reconstruido al fondo.
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El 15 de septiembre del año 800 marcó un momento clave: el nombre de Castilla fue registrado por primera vez en la historia. Este hecho esencial para la identidad española sucedió no en una ciudad grande, sino en Taranco de Mena, una pequeña localidad de la provincia de Burgos ubicada en la comarca de Las Merindades. En esa fecha, un notario llamado Lopino anotó en un pergamino el término «Castella» para identificar un reducido territorio que, con el paso de los siglos, expandiría su lengua y cultura globalmente.

La raíz de esta palabra está ligada estrechamente a la fe y el trabajo de los monjes foramontanos. Fueron el abad Vítulo y su hermano, el presbítero Ervigio, quienes tomaron la decisión de erigir una basílica bajo la protección de los santos Emeterio y Celedonio. Provenientes de la familia de Libato y Muniadona, atravesaron las sierras de Ordunte desde la región de Trasmiera para cultivar la tierra, levantar muros y crear un asentamiento que hoy se reconoce como el origen documental de la zona castellana.

Si bien el monasterio original no era una edificación de gran tamaño, su simbolismo resulta invaluable. Los monjes no solo se dedicaban a la oración, sino que modificaron el paisaje del Valle de Mena con la construcción de molinos, fuentes y puentes, aprovechando incluso la cercanía de la antigua calzada romana que unía Flaviobriga con Pisoraca. En ese entorno de «presuras» y trabajo agrícola, el acta fundacional del monasterio se convirtió, sin que ellos lo supieran, en el origen de un nombre que marcaría la historia.

El Becerro Galicano y el documento que lo transformó todo

La certeza de este importante hallazgo histórico proviene de un documento excepcional: el Becerro Galicano de San Millán de la Cogolla. Este cartulario, fechado alrededor del año 1195, actúa como un vasto archivo que conserva cerca de 750 documentos medievales. En sus páginas se mantiene la transcripción de aquella escritura notarial del año 800 donde se indica que la iglesia de San Martín estaba, exactamente, «en territorio Castelle«. Se trata de la evidencia documental y filológica que ubica en Burgos la primera referencia escrita a este nombre geográfico.

El texto completo en latín dice: «Ego Vitulus abba, quamuis indignus omnium seruorum dei seruus, una cum cogermano meo Erbigio presbytero, cum domnos et patronos meos sanctos Emeteri et Celedoni, cuius basilica extirpe manibus nostris construximus ego Vitulus abba et frater meus Erbigius in loco qui dicitur Taranco in territorio mainense, et sancti Martini, quem sub subbicionem Mene manibus nostris fundauimus ipsam basilicam in ciuitate de Area Patriniani in territorio Castelle et Sancti Stephani, cuius basilicam manibus nostris fundauimus in loco qui dicitur Burcenia in territorio Mainense».

Su traducción literal es la siguiente: «Yo, el abad Vítulo, aunque indigno servidor de todos los siervos de Dios, junto con mi hermano el presbítero Ervigio, ante mis señores y patronos San Emeterio y San Celedonio, cuya basílica construimos desde sus cimientos con nuestras propias manos —yo, el abad Vítulo, y mi hermano Ervigio— en el lugar llamado Taranco, en territorio menés; y la de San Martín, basílica que fundamos con nuestras manos bajo la jurisdicción de Mena en la ciudad de Area Patriniani, en territorio de Castilla; y la de San Esteban, cuya basílica fundamos con nuestras manos en el lugar llamado Burceña, en territorio menés».

Placa conmemorativa sobre el lugar donde se escribió por primera vez la palabra

Resulta impresionante cómo el notario Lopino, siguiendo las palabras del abad Vítulo, dejó constancia de un territorio que en ese momento era apenas una frontera con torres de vigilancia. El texto latino precisa la edificación de la basílica en el lugar de Taranco, dentro del territorio «mainense», y menciona otras iglesias cercanas. Los historiadores resaltan el valor de este documento no solo por el nombre en sí, sino porque representaba una comunidad organizada que comenzaba a tomar conciencia de su identidad territorial frente a las incursiones musulmanas que venían desde Córdoba.

El resurgir de Taranco de Mena y su legado contemporáneo

Aunque inicialmente tuvo relevancia, el Monasterio de Taranco mantuvo una vida institucional modesta. Durante los siglos IX y X, la ubicación ganó importancia al ser un punto de paso del Viejo Camino de Santiago, una ruta de peregrinación anterior al famoso Camino Francés. Sin embargo, a partir del siglo XI, el monasterio quedó bajo la autoridad de la renombrada abadía de San Millán de la Cogolla, lo que provocó un lento declive en su documentación y estado físico que culminaría siglos después con el abandono total tras la Desamortización de Mendizábal en el siglo XIX.

El paso de los años fue duro para el antiguo templo, que llegó al último tercio del siglo XX en un estado ruinoso, escondido entre maleza y escombros. Fue entonces cuando apareció la figura de José Bustamante, un burgalés que, junto a sus compañeros de la Promoción Satunotes de la Universidad de Deusto, decidió rescatar aquel lugar del olvido. En 1990 fundaron la Asociación de Amigos del Monasterio de Taranco, dando inicio a una labor de restauración que duró una década y devolvió dignidad a este rincón de Las Merindades.

Hoy en día, quien visite la pedanía podrá observar un monolito conmemorativo que honra aquel instante fundacional. La inscripción del monumento invita a la reflexión, recordando que en esa tierra se registró por primera vez el nombre de Castilla. Además de los restos arquitectónicos, como la pila bautismal de forma de copa o los arcos de medio punto, el lugar conserva curiosidades como el homenaje al geólogo alemán Franz Lotze, quien quedó fascinado con el valle y ayudó a difundir su valor científico y cultural.

En un estado de ruina total, y tras una década de restauración, el Monasterio de Taranco fue rehabilitado durante los años 90

Cada 15 de septiembre, los habitantes y amantes de la historia se reúnen en Taranco de Mena para conmemorar una celebración que mantiene viva esta efeméride. Es un acto de homenaje a aquellos pioneros, como Vítulo y el notario Lopino, que entre robles y montañas nombraron una tierra. Aunque algunos expertos discuten sobre la autenticidad absoluta de ciertos detalles del documento, el valor de la tradición y la existencia del Becerro Galicano han convertido a esta pequeña localidad en una parada imprescindible para comprender las bases sobre las que se edificó España.

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  • ¿Se denomina «español» o «castellano»? Un debate largo y con profundas raíces históricas

El 15 de septiembre del año 800 marcó un momento clave: el nombre de Castilla fue registrado por primera vez en la historia. Este hecho esencial para la identidad española sucedió no en una ciudad grande, sino en Taranco de Mena, una pequeña localidad de la provincia de Burgos ubicada en la comarca de Las Merindades. En esa fecha, un notario llamado Lopino anotó en un pergamino el término «Castella» para identificar un reducido territorio que, con el paso de los siglos, expandiría su lengua y cultura globalmente.

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