Aragón alberga un Monumento Histórico-Artístico románico con más de mil años poco conocido

En un recodo del Alto Gállego se preserva un templo medieval que ilustra una parte fundamental del patrimonio aragonés. Su arquitectura única lo convierte en una parada obligatoria

Foto: El pueblo de Aragón que guarda una desconocida joya románica. (Patrimonio Cultural de Aragón)
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Entre los pequeños municipios de Huesca que mantienen la esencia del románico aragonés, se encuentra una población casi silenciosa que alberga una de las joyas medievales más destacadas del norte de España. Rodeada por calles adoquinadas, un entorno pirenaico y arquitectura tradicional, esta edificación religiosa forma parte de un patrimonio que, aunque no siempre se incluya en las rutas más transitadas, describe una etapa fundamental de la historia artística de Aragón.

Se trata de la Iglesia de San Pedro de Lárrede, ubicada en la pequeña localidad de Lárrede, dentro del término municipal de Sabiñánigo. Este edificio es considerado el ejemplo más sobresaliente de las denominadas Iglesias del Serrablo, un conjunto de construcciones elaboradas entre los siglos X y XI en el valle del Gállego. Su valor radica en una combinación arquitectónica muy particular, donde coexisten influencias mozárabes, carolingias y los primeros elementos del románico implantado en Aragón a principios del siglo XI.

Bien de Interés Cultural

La singularidad de este templo se evidencia en su diseño. A diferencia de otras iglesias serrablesas, la Iglesia de San Pedro de Lárrede posee una planta en cruz latina, con una nave única dividida en varios tramos, un falso crucero conformado por estancias laterales y un ábside semicircular elevado. Además, fue la única iglesia en el valle del Gállego que empleó bóvedas de piedra en su construcción original, un distintivo que subraya su relevancia en el patrimonio medieval de Huesca. En el exterior, la decoración se focaliza especialmente en el ábside, que está articulado por arquillos ciegos sobre lesenas y rematado con un friso de baquetones, uno de los elementos más característicos del estilo serrablés.

Otro de sus atractivos principales es la torre campanario, erigida sobre la estancia norte. Su planta cuadrada, las ventanas triples y la cubierta a cuatro aguas se han relacionado con modelos de inspiración islámica, en particular por su semejanza con minaretes. La importancia histórica del templo fue oficialmente reconocida en 1931, cuando fue declarado Monumento Histórico-Artístico, protección que hoy se corresponde con Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento. Aunque la datación ha sido objeto de discusión, la mayoría de investigaciones fijan su construcción alrededor de 1050-1060, pleno siglo XI. Las restauraciones llevadas a cabo durante el siglo XX y en 2007 han contribuido a preservar uno de los templos más representativos del románico en Aragón, una visita obligada para quienes valoran historia, patrimonio y pueblos con encanto en el Alto Gállego.

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Entre las pequeñas localidades de Huesca que mantienen la esencia del románico aragonés, existe un pueblo casi silencioso que guarda una de las joyas medievales más destacadas del norte de España. Rodeado de calles adoquinadas, paisaje pirenaico y arquitectura tradicional, este edificio religioso forma parte de un patrimonio que, aunque no siempre está en las rutas más conocidas, describe una etapa fundamental de la historia artística de Aragón.

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