El enfrentamiento de este jueves entre Valverde y Tchouaméni ha sobrepasado los límites aceptables dentro del club blanco, y se adoptarán medidas pertinentes.
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«Lo que sucede en el vestuario del Real Madrid, queda allí». Álvaro Arbeloa pronunció esta frase en la rueda de prensa previa al encuentro contra el Espanyol. Cinco días después, la situación ha resultado completamente distinta.
En las últimas semanas, numerosas cosas han salido del vestuario madridista. Demasiadas, según se piensa en el club. Sobre roces -más frecuentes de lo que se imagina en un vestuario de fútbol- y sobre crecientes tensiones personales. Pero lo ocurrido este jueves superó cualquier límite imaginable en Valdebebas.
Valverde y Tchouaméni concluyeron el entrenamiento envueltos en una fuerte pelea, con el uruguayo hospitalizado tras sufrir una herida por una caída. Se trata de uno de los episodios más graves recordados en el vestuario del Madrid en tiempos recientes. La detonación definitiva en la crisis interna tras una serie de incidentes que minaron el ambiente.
Las primeras señales de tensión aparecieron en la etapa de Xabi Alonso, como la reacción de un Vinicius descontrolado tras ser sustituido en El Clásico de octubre. También el viaje de Mbappé a Francia para el tratamiento de su rodilla, que, según su círculo cercano, no encontró en Madrid.
Se pensaba que esos hechos, junto con el cambio de entrenador y las iniciativas de unidad del vestuario, quedarían en el olvido. El ejemplo más visible fue la cena del 10 de febrero con toda la plantilla en el restaurante ’61’, en la calle Abascal, símbolo de unión que ahora, tres meses después, parece desvanecida.
La cena de los jugadores del Real Madrid en el restaurante 61, en la calle José Abascal Redes sociales
Primero surgió un conflicto entre Rüdiger y Carreras. El defensivo alemán abofeteó a un compañero durante un entrenamiento. Este episodio se intentó mantener en privado, restándole importancia como un simple altercado de vestuario, pero ahora ha salido a la luz con intenciones claras.
Más grave, sin embargo, fue la dura intervención de Carvajal sobre el canterano Valdepeñas tras la suplencia del capitán en Mestalla, que dejó al joven jugador un mes fuera de competición por esguince de rodilla.
En marzo, lo que era un problema latente escaló. Raúl Asencio no aceptó bien que Arbeloa no le asignara la titularidad en el partido contra el Manchester City, pese a haber jugado con una lesión.
El central se presentó en el despacho del entrenador junto a un médico, alegando molestias antes del siguiente encuentro ante el Elche.
Arbeloa no lo aceptó: Rüdiger, que debía descansar según el entrenador, tuvo que jugar. La sanción fue inmediata y clara: Asencio no volvió a ser convocado hasta que pidió disculpas públicamente al grupo.
Poco después, Trent Alexander-Arnold fue relegado al banquillo en el derbi debido a una impuntualidad, aunque el inglés aceptó la decisión sin objeciones.
Durante el último mes, los acontecimientos se han intensificado. Ceballos, relegado y superado por jugadores de la cantera, pasó de la resignación al desafío: primero publicó una indirecta en redes sociales, luego mantuvo una conversación tensa con Arbeloa que terminó por romper su relación.
El técnico respondió en público con una frase breve y desde entonces el jugador utrerano ha desaparecido de las convocatorias.
El distanciamiento con Carvajal siguió un patrón similar, pero a través de declaraciones públicas. En una rueda de prensa, Arbeloa habló extensamente sobre varias figuras y despidió al capitán con una respuesta muy corta, que el vestuario interpretó como un desprecio. Intentó enmendar la situación días después, pero el daño ya estaba hecho.
Mbappé, mientras tanto, agravó la crisis con una discusión en entrenamiento con un miembro del cuerpo técnico y un viaje a Italia, autorizado por el club, en un momento complicado para el equipo.
Mbappé contraataca y se presenta como víctima de una campaña
Regresó a Madrid apenas doce minutos antes del partido contra el Espanyol —para el cual era baja—, gesto que indignó a parte de la afición y podría influir en su futuro en el Bernabéu (frente al Oviedo, el día 14).
Un espectáculo lamentable
Este miércoles, el vestuario del Madrid presenció otro capítulo negativo de esta serie de desgracias. Valverde y Tchouaméni se calentaron durante el entrenamiento.
Un choque provocó la chispa, los ánimos se elevaron y varios compañeros intervinieron para evitar que la situación se agravase. Dentro del vestuario, las recriminaciones continuaron, aunque el ambiente se fue calmando poco a poco. Cada uno se retiró a su casa. El club minimizó el incidente. Parecía que la tormenta había pasado.
Tchouaméni y Fede Valverde, con el Real Madrid
Lo ocurrido al día siguiente fue muy distinto. Inaceptable. La jornada comenzó con Valverde negándose a saludar a Tchouaméni nada más llegar al vestuario. Un gesto pequeño, pero con repercusiones enormes. Desde ese momento, el ambiente en el entrenamiento fue irrespirable.
Los enfrentamientos sobre el césped estuvieron a punto de llegar a la hostilidad abierta, mientras el uruguayo repetía una acusación: que fue Tchouaméni quien filtró a la prensa lo acontecido el día anterior. La defendió antes de entrenar, durante la sesión y delante de Arbeloa.
Al finalizar el entrenamiento, la acusación persistió en el vestuario. Algunos compañeros intervinieron, pidiendo que se pusiera fin a la disputa. El propio Tchouaméni solicitó a Valverde que cesase. La petición no fue atendida.
Entonces el francés, perdiendo la paciencia, empujó a Valverde. Este último golpeó su cabeza contra una mesa y sufrió una herida. El vestuario reaccionó en segundos y José Ángel Sánchez, presente en la ciudad deportiva, intervino.
El jugador, aturdido, fue trasladado en silla de ruedas a la enfermería del centro deportivo, donde recibió atención médica y posteriormente, por protocolo, fue llevado al hospital Sanitas ubicado en Valdebebas, acompañado por Arbeloa. Tras recibir puntos de sutura, Valverde fue dado de alta y regresó a la Ciudad Real Madrid junto a su pareja.
El vestuario, fracturado
Más allá de los incidentes puntuales, el vestuario del Real Madrid arrastra divisiones que superan lo visible. Algunos jugadores han dejado de relacionarse entre ellos. Las heridas abiertas por la salida de Xabi Alonso y la actitud de ciertos futbolistas hacia él siguen sin cerrarse.
Un grupo importante de la plantilla no mantiene ningún contacto con Arbeloa, salvo lo estrictamente profesional. La convivencia se ha convertido en una serie de compartimentos cerrados.
Arbeloa, en rueda de prensa EFE
Además, el problema de las filtraciones agrava la crisis. La avalancha de información interna que llegó a los medios en las últimas semanas —mayormente episodios de poca relevancia real dentro de una plantilla— ha provocado una desconfianza general.
Se desconoce el origen de cada filtración. Las sospechas se extienden en todas direcciones: entorno de jugadores, otros miembros del vestuario, empleados del club. Nadie escapa a la desconfianza. Esta paranoia colectiva puede ser el veneno más nocivo y duradero de todos los problemas acumulados.
Reunión urgente
Tras lo sucedido el jueves, se convocó una reunión urgente en Valdebebas. Carvajal, como capitán, regresó a las instalaciones para participar. El mensaje desde la directiva es claro: esta situación no puede prolongarse más.
Se abrió un expediente disciplinario contra Valverde y Tchouaméni —confirmado por el club—, evaluando la gravedad y las sanciones correspondientes. El equipo que alguna vez presumió de un vestuario cerrado ha llegado al punto en que ni siquiera sus propias paredes logran guardar secretos.

