«Si hubiese sido necesario atenderlo, no habríamos contado con los recursos apropiados disponibles», lamentan las autoridades sanitarias autonómicas.

Más allá del tira y afloja entre el gobierno central y el canario sobre la forma en que el MV Hondius se aproxima al puerto de Granadilla y la gestión del traslado de los pasajeros del crucero de lujo a sus países de origen, correspondiente a Sanidad Exterior, o bien su hospitalización en Canarias si alguno no estuviera en condiciones para viajar, el hantavirus andino ya ha arribado a las Islas Canarias.
Específicamente, en el avión que transportó a un paciente holandés desde Cabo Verde hasta Ámsterdam, el cual aterrizó en el Aeropuerto de Gran Canaria a las 15:00 horas del miércoles… Sin que las autoridades insulares recibieran notificación alguna. Esto, según fuentes de la Sanidad canaria, es «sorprendente. No con ánimo de confrontar al Gobierno central, sino porque nadie nos proporcionó el historial clínico de esta persona, y de haber sido necesario atenderla, no habríamos tenido los recursos adecuados disponibles«.
En un principio se pensó que dos personas viajaban en ese vuelo, aunque fuentes del Ministerio de Sanidad aclararon luego que solo una persona abordaba el avión.
La explicación de cómo llegó el hantavirus a Canarias en ese vuelo medicalizado desde Cabo Verde resulta tan inverosímil y pone de manifiesto la improvisación que domina el manejo de la situación, según advierten las autoridades canarias.
El episodio incluye fallos técnicos, múltiples rechazos a que el avión aterrizara, un trasbordo con medidas de protección casi propias de una guerra bacteriológica y la desorientación completa del equipo que finalmente lo recibió.
El avión con el paciente holandés infectado por hantavirus despegó de Praia (Cabo Verde) al mediodía del miércoles, pero pronto se detectó que la bomba eléctrica de una de las cámaras de aislamiento no funcionaba adecuadamente, lo que requirió realizar una escala técnica.
El lugar lógico para la parada era Marrakech, sin embargo, Marruecos se negó a permitir que el avión medicalizado, perteneciente a una compañía con sede en Estambul, aterrizara en su territorio.
Quedaba entonces solo una alternativa: «La de siempre», indican desde el Gobierno canario, que lidian tanto con el hantavirus como con la negativa de otras comunidades españolas para acoger a menores extranjeros no acompañados, los ‘menas’.
El avión cambió rumbo hacia el oeste y se dirigió a Canarias, cuyas autoridades se enteraron por los medios cuando el aparato ya había aterrizado.
Aquí surge otra queja, sumada a esta crisis: «Si un pasajero de estos vuelos no precisa ayuda, perfecto, sigue su camino y asunto concluido. Por ejemplo, los pasajeros del barco cuando arriben. Se les traslada a sus países y a Madrid, fin del proceso. Sanidad Exterior, que depende del Ministerio, se encarga de esto. Pero si esas personas empeoran y requieren atención, ahí entramos nosotros: debemos atenderlas con nuestro sistema sanitario, y no es una atención sencilla, como se entenderá».
Canarias no fue informada en ningún momento sobre la llegada de estos pasajeros, autorizada por el órgano del Gobierno central en la comunidad, la Delegación, «por lo que no pudimos preparar nada». Según sostienen, se enteraron de la situación a través de la prensa.
La condición para que España aceptara el vuelo fue que nadie descendiera del avión, ni tampoco subiera a él. En la pista se desplegaron agentes de la Guardia Civil especializados en NRBQ —riesgos nucleares, radiológicos, biológicos y químicos—, quienes establecieron un perímetro de seguridad alrededor de la aeronave como medida preventiva.
El inconveniente fue que la situación, con el avión conectado a la electricidad del aeropuerto en la pista, se prolongó mucho más de lo deseado.
Lo que inicialmente iba a ser un trámite de pocas horas se extendió hasta las 12, desde las 15:00 horas del miércoles hasta las 3:00 de la madrugada del jueves, tiempo que tomó la llegada del segundo avión medicalizado enviado por la empresa.
Además, debió realizarse la compleja transferencia de un avión a otro, durante la cual el paciente necesariamente tuvo que pisar suelo español. Esta operación tuvo lugar en un área militar del aeropuerto. Finalmente, al hacerse público que la aeronave tenía prevista una parada técnica en Málaga rumbo a Ámsterdam, el Gobierno central canceló dicha escala, probablemente para evitar que la polémica alrededor de la gestión del hantavirus afecte las elecciones andaluzas.

