Información del artículo
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- Autor, Anna Holligan
- Título del autor, Periodista de Negocios de BBC News
- 4 mayo 2026
- Tiempo de lectura: 7 min
Ámsterdam es la primera capital a nivel mundial que prohíbe la publicidad en espacios públicos de carne y productos derivados de combustibles fósiles.
Desde el primero de mayo, los anuncios de hamburguesas, vehículos impulsados por gasolina o diésel y aerolíneas fueron eliminados de carteles, marquesinas de tranvías y estaciones del metro.
En una de las paradas de tranvía con mayor afluencia de la ciudad, junto a una glorieta con césped adornada con narcisos amarillos y tulipanes anaranjados, el entorno publicitario ha cambiado radicalmente.
Actualmente, el anuncio promociona el Rijksmuseum, el museo nacional de los Países Bajos, y un recital de piano. Hasta hace poco, la publicidad mostraba nuggets de pollo, vehículos todoterreno y ofertas de vacaciones económicas.
Los funcionarios locales explican que esta medida busca sincronizar los espacios urbanos de Ámsterdam con las metas ambientales del gobierno municipal.
Dichas metas apuntan a que la capital neerlandesa alcance la neutralidad de carbono para 2050 y que sus habitantes reduzcan al 50% su consumo de carne durante ese mismo período.

«La crisis climática es una situación extremadamente urgente», señala Anneke Veenhoff, del Partido de la Izquierda Verde.
«Si una ciudad desea liderar en políticas climáticas y alquila sus espacios a quienes promueven lo contrario, ¿qué coherencia tiene eso?
La mayoría no comprende por qué un ayuntamiento debería lucrarse alquilando espacios públicos para promover productos contrarios a sus propias políticas activas», añade.
Anke Bakker, líder del grupo del Partido por los Animales en Ámsterdam, comparte esta postura.
Bakker, impulsora de las nuevas restricciones, rechaza las críticas que califican estas medidas como propias de un «Estado niñera».
«Cada persona puede decidir por sí misma, pero buscamos que las grandes empresas no dicten constantemente qué debemos comer o comprar», afirma Bakker.
«En cierto sentido, estamos promoviendo más libertad porque las personas toman sus propias decisiones, ¿no es así?» agrega.
Eliminar esta constante publicidad, defiende Bakker, no solo disminuye las compras impulsivas, sino que también remarca que la carne barata y los viajes intensivos en combustibles fósiles ya no representan estilos de vida aspiracionales.
Críticas a la medida
La carne representaba una fracción pequeña del total de la publicidad exterior en Ámsterdam: apenas el 0,1% del gasto publicitario, en contraste con el 4% destinado a productos relacionados con combustibles fósiles.
El mercado estaba dominado principalmente por marcas de ropa, carteles de películas y teléfonos móviles.
La prohibición de publicitar carne transmite un mensaje claro: al situar este producto junto a vuelos, cruceros y autos de combustión, se convierte de una elección dietaria personal a una cuestión climática.
Como era previsible, la Asociación Holandesa de Carne, que representa a la industria, criticó esta medidas calificándola de «una forma no deseada de influir en las decisiones de los consumidores».
Además, subrayaron que la carne «proporciona nutrientes clave y debe mantenerse visible y accesible para quien la consume».

Fuente de la imagen, Getty Images
Por otro lado, la Asociación Holandesa de Agentes de Viajes y Operadores Turísticos argumenta que la prohibición de anuncios para vacaciones con viajes aéreos representa una restricción excesiva a la libertad comercial.
Activistas como la abogada Hannah Prins y su grupo ambiental Advocates for the Future, que colaboró estrechamente con el colectivo Fossil-Free Advertising, consideran que la prohibición en carne busca crear un «momento tabaco» para alimentos con alta huella de carbono.
«Cuando reviso fotos antiguas, veo a Johan Cruyff», dice Prins, «el conocido futbolista neerlandés, participando en publicidades de tabaco, algo que en ese entonces era común. Falleció de cáncer de pulmón».
«Se podía fumar en trenes o restaurantes. Para mí ahora parece increíble, ¿cómo solían hacer eso?», añade.
«Lo que mostramos en el espacio público suele reflejar lo que consideramos normal en la sociedad. Y no considero normal exhibir animales sacrificados en anuncios. Por eso, creo que este cambio es positivo».

Fuente de la imagen, Getty Images
Las ciudades pioneras
Ámsterdam no inicia esta transformación desde cero.
A unos 18 km al oeste, Haarlem fue la primera ciudad del mundo en 2022 en proponer la prohibición amplia de la publicidad de carne en espacios públicos, que se implementó en 2024, junto con la restricción a anuncios de combustibles fósiles.
Posteriormente, Utrecht y Nijmegen adoptaron sus propias regulaciones que limitan explícitamente la publicidad de carne —y en el caso de Nijmegen también la de productos lácteos— en vallas publicitarias municipales, complementando las ya vigentes prohibiciones para combustibles fósiles, vehículos a gasolina y vuelos.
A nivel mundial, numerosas metrópolis como Edimburgo, Sheffield, Estocolmo y Florencia han impuesto o planean prohibir la publicidad relacionada con combustibles fósiles.
Incluso Francia ha establecido esta restricción a nivel nacional.
Los activistas esperan que el modelo holandés, que vincula la carne con los combustibles fósiles, sirva como referencia legal y política para otras regiones.
¿Influencia real o simbólica?
Mientras esperas el tranvía en Ámsterdam, es probable que ya no observes anuncios de hamburguesas jugosas o vuelos económicos a Berlín.
Sin embargo, esas promociones aún pueden aparecer en las redes sociales según los algoritmos. Y, seamos realistas, muchos revisan sus dispositivos móviles mientras esperan el transporte.
Si las prohibiciones municipales solo afectan espacios públicos pero no lo digital, ¿qué efecto real podrían tener sobre nuestros hábitos o se reducen a simbolismos?
Hasta el momento, no existen pruebas directas que demuestren que la eliminación de publicidad de carne en espacios públicos impulsara sociedades con dietas basadas en plantas.
A pesar de esto, varios investigadores mantienen un optimismo prudente, como la profesora Joreintje Mackenbach, epidemióloga y profesional médica, quien estudia patrones de salud comunitarios.
Mackenbach califica la iniciativa en Ámsterdam como «un excelente experimento natural para el análisis».

«La omnipresencia de la publicidad de comida rápida normaliza su consumo y el comportamiento asociado», explica Mackenbach, del Departamento de Epidemiología y Ciencia de Datos del Hospital Universitario de Ámsterdam.
«Por lo tanto, eliminar estos mensajes de los entornos públicos influye en las normas sociales del consumo», afirma.
Mackenbach cita un estudio que indica que la suspensión de la publicidad de comida chatarra en el metro de Londres en 2019 redujo la compra de esos productos en la capital británica.
Frente a un canal en el centro de Ámsterdam, Prins sostiene con convicción que los pequeños comercios locales se beneficiarán de esta nueva prohibición publicitaria.
«Lo que amamos —festivales, buenos quesos, la floristería de la esquina— generalmente no lo conocemos por la publicidad», destaca.
«Suele ser a través de personas conocidas o por pasar frente a esos lugares. Por eso creo que los negocios locales ganarán con esta medida».
«Confío y espero que las grandes corporaciones contaminantes se preocupen y reconsideren los productos que comercializan. Es posible observar que el cambio sí es factible».

