El PNV endurece su postura y aplicará restricciones progresivas: «No podemos seguir sosteniendo gobiernos. Hemos llegado al límite»

Los nacionalistas han protagonizado un momento decisivo esta semana al boicotear a «Moncloa» y buscan sacar mejor provecho de su influencia.

Aitor Esteban (dcha.) e Imanol Pradales en el Aberri Eguna en Bilbao.

No estamos ante una crisis ni un punto definitivo. Existen desconfianzas, que no son insignificantes, pero el estado actual no puede considerarse grave. Sin embargo, sí que se observa una reestructuración de las relaciones entre el PNV y el PSOE, y por ende, con Moncloa.

El conflicto reciente provocado por la imagen generada por IA que el PSE publicó en Twitter contra Aitor Esteban no fue más que una consecuencia, no la causa principal. En medio de la competencia con Bildu por el liderazgo en el País Vasco y cansados de las incertidumbres de Pedro Sánchez, los jeltzales aplican una presión adicional sobre su vínculo con los socialistas.

Buscan maximizar su peso dentro de las cuentas parlamentarias y lo han hecho saber claramente. Desde ahora, el partido presidido por Aitor Esteban no permitirá más «imposiciones» ni decretos inconexos, y negociará cada ley con propuestas concretas, siempre bajo el «principio de realidad». Es decir, para alcanzar acuerdos todos deben ceder, aunque algunos más que otros.

El cansancio es palpable. «El vaso que se va llenando», confirman fuentes del partido nacionalista a este diario. El PNV adopta una postura firme: no reducirá más el valor de su respaldo al Gobierno. Cada iniciativa será evaluada «caso por caso» y se negociará «de manera genuina», sin artificios.

«No estamos para mantener gobiernos en Madrid y desde hace tiempo señalamos la mayoría negativa que impera en el Congreso. No aceptamos imposiciones sin un diálogo previo y no es aceptable seguir sin presupuestos. Pero Sánchez tiene la llave electoral, y hasta que accioné ese mecanismo, no vamos a quedarnos de brazos cruzados; nuestro compromiso es seguir trabajando por Euskadi y exigir el cumplimiento de los acuerdos de transferencia de competencias. También reclamamos medidas para que la gente pueda llegar a fin de mes o mejorar la atención sanitaria», señalan las fuentes.

Las señales se encendieron en Moncloa el martes, cuando el PNV anuló una reunión que Esteban debía mantener con el dirigente socialista Antonio Hernando y el secretario general del PSE, Eneko Andueza, en la sede de Sabin Etxea en Bilbao para tratar la reforma del Estatuto de Gernika, que los nacionalistas desean convertir en un nuevo estatus vasco.

¿La causa? Porque la dirección del PSOE vasco difundió en redes sociales un mensaje en el que cuestionaban al líder jeltzale por «seguir el camino» de Bildu. El tuit señalaba: «Ahora sí hay agua en la piscina», acompañado de una imagen generada por inteligencia artificial que mostraba a Esteban saltando vestido a una piscina.

El malestar de la dirección del PNV fue evidente y decidieron enviar un mensaje claro. Por ello, destacaron que la reunión cancelada era «con Moncloa». «Seguimos defendiendo una forma de proceder. Es una trivialización de la política por parte del PSE en el País Vasco. Andueza ha intentado desgastarnos en múltiples ocasiones pese a que formamos parte del Gobierno, y el PNV está cansado. Por eso, en Bilbao, se decidió enviar un aviso a Moncloa», explican fuentes nacionalistas.

Se trata de una forma de advertir al Gobierno que el desgaste no es solo a nivel autonómico, sino que la relación debe cuidarse mejor desde Madrid. Pedro Sánchez respondió de inmediato, elogiando ante Maribel Vaquero, portavoz del PNV en el Congreso, la buena sintonía existente con el PNV. «Usted sabe cómo quiere afrontar la convocatoria electoral, si con compañía o sin ella», le dijo la portavoz, a lo que el presidente contestó: «Claro que quiero compañía, y buena, como la del PNV».

El desgaste provocado por la aritmética variable es evidente para todos. En el equipo de Vaquero reconocen que el conflicto de esta semana representa un «toque de atención», ya que perciben que el Ejecutivo no está haciendo lo que debería. «Este Gobierno está débil debido a que su mayoría no es suficiente y, además, intenta imponernos medidas que no resuelven problemas. No están cumpliendo con lo que deben porque están más concentrados en sus propios asuntos y en la política internacional, algo que, por cierto, valoramos positivamente».

El PNV pretende actuar de forma seria y meticulosa. Por esto exhiben su carácter detallista: «Hasta el último minuto continuaremos negociando medidas que mejoren la situación. Pero si se requiere el apoyo de todos, hay que aceptar propuestas de todos. No se puede prestar atención solamente a las propuestas de Sumar o Junts. Mayoría significa todos los socios. Nadie debe posicionarse en los extremos, sino buscar puntos en común. El PNV defiende el principio de realidad. Sumar sabe que puede negociar con nosotros».

Eso sí, los nacionalistas han dejado claro que no permitirán más la mezcla de medidas. «No votaremos más ómnibus». Tampoco apoyan la política inmobiliaria del Ejecutivo después de que decayera el decreto de prórroga de alquileres: «No se puede imponer por decreto medidas sobre vivienda cuando, además, no solucionan los problemas. Para convalidar este decreto no se nos pidió enviar propuestas, como sí sucedió con el decreto de Irán, para el cual presentaron medidas y aceptaron cerca de la mitad».

Moncloa ha tomado nota, como informó este diario el jueves. «El PNV es un partido muy relevante, hay que cuidarlo», aseguraban fuentes gubernamentales al referirse a la relación con ellos, reconociendo su importancia.

El equipo de Sánchez, que ha priorizado y cuidado al País Vasco con 22 transferencias de competencias desde su presidencia, niega la existencia de una «crisis» y apuesta por la «tranquilidad», aunque el martes por la tarde se registraron llamadas al máximo nivel entre socialistas y jeltzales para deshacer el malentendido.

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