El 6 de mayo de 2001, el actual eurodiputado Borja Giménez y Manuel Giménez se dirigían hacia La Romareda para presenciar un partido entre Zaragoza y Numancia. Sin embargo, apenas cinco minutos después de salir de casa, ‘Ata’ disparó tres veces contra el presidente del PP de Aragón.

¿Qué opinión tiene sobre las libertades condicionales a presos de ETA que el Gobierno está empezando a aceptar como algo habitual? La situación resulta preocupante y lamentable, y parece formar parte de una estrategia premeditada. Primero se produjo el traslado de los presos de ETA a cárceles del País Vasco, después llegó la transferencia de las competencias penitenciarias al Gobierno vasco y ahora se da este nuevo episodio. A mi juicio, la impresión que da ese supuesto arrepentimiento repentino de varios miembros de ETA responde a una maniobra calculada por sus entornos y abogados. Siempre he sostenido que ETA fue una organización terrorista estructurada, con más de 300 asesinatos pendientes de resolución. Quienes verdaderamente se arrepienten de sus acciones deberían, como mínimo, proporcionar toda la información que posean. Eso sí sería una forma genuina de mostrar arrepentimiento y compromiso con la verdad, además de contribuir a reparar a las víctimas. Lamentablemente, esas condiciones no parecen cumplirse.
La claridad en el discurso y las reflexiones de Borja Giménez Larraz (Zaragoza, 1983) se mantienen firmes incluso al recordar el asesinato de su padre, Manuel Giménez Abad, perpetrado por Mikel Kabikoitz Karrera Sarobe, conocido como ‘Ata’. Fue el 6 de mayo de 2001, por lo que en pocos días se cumplirán 25 años desde entonces. Antes de los homenajes y actos previstos tanto en Aragón como en Bruselas, el eurodiputado popular atendió a EL MUNDO en su despacho del Parlamento Europeo en la capital de la UE.
Su padre, evidentemente, también fue miembro del Partido Popular y llegó a ser la máxima autoridad del partido en Aragón. Ejerció el cargo durante sólo unos meses, desde febrero hasta aquel día de mayo cuando el Zaragoza se enfrentaba al Numancia en La Romareda. «El partido estaba programado para las siete, planeábamos salir de casa alrededor de las 18.25. Mi padre estaba algo dudoso sobre asistir, pero lo animé porque el Zaragoza atravesaba un momento muy complicado, aunque nada comparable con la situación actual. Después de caminar unos cinco minutos, un hombre apareció por detrás y disparó tres veces a mi padre: dos tiros en la espalda y, cuando él cayó al suelo, un tercero en la cabeza. Me miró fijamente y luego huyó corriendo», relata.
«Esos instantes de horror absoluto me parecieron eternos. Me dijeron que fueron pocos, pero recuerdo que daba vueltas alrededor de mi padre. Veía cómo se desangraba y ya tenía claro que no iba a sobrevivir. Fue horrible. Gritaba y sabía que había sido ETA. En algún momento alguien salió de un bar cercano y me hizo entrar. Me dijo ‘quédate aquí’, aunque él también estaba desorientado. Me repetía ‘no te preocupes, tu padre va a mejorar’. Yo ya sabía que no, porque había visto que lo habían asesinado». Borja Giménez tenía 17 años; su padre, 52.

En alguna ocasión ha comentado que pudo identificar a ‘Ata’ por su mandíbula y mirada. Esa imagen quedó grabada, ¿verdad? Sí, su mirada y su rostro quedaron impresos en mi memoria. En persona, tiene una mirada muy marcada, llena de odio y rabia. ¿Aceptarías sentarte con ‘Ata’, como otras víctimas se han reunido con los asesinos de sus familias? No, en absoluto. No me interesa. Respeto a quienes buscan ese encuentro si les aporta consuelo, pero en mi caso, carezco de cualquier interés. Además, se tendrían que dar demasiadas condiciones que parecen difíciles. No se vislumbra el más mínimo arrepentimiento por parte del asesino de mi padre.
En este punto, Giménez analiza las libertades condicionales que el Gobierno está regularizando, además de los supuestos arrepentimientos de los etarras, que él considera parte de una táctica. El último en manifestarlo ha sido Txeroki, uno de los líderes más violentos del grupo.
«Yo, Garikoitz Aspiazu Rubina, nacido el 6 de julio de 1973 en Bilbao y preso actualmente en el Centro Penitenciario de Gipuzkoa, mediante este escrito quiero expresar mis sentimientos y reflexiones sobre los hechos por los que fui condenado y sus consecuencias», declara en la carta que redactó en marzo. «Formé parte de ETA voluntariamente y, asumiendo las consecuencias de mis actos, reconozco y siento el daño causado», añade.
«Como dijo Otegi en su momento: presos por presupuestos», retoma Giménez.

Todo lo relacionado con Otegi es especialmente delicado. Parece que gran parte de la sociedad no es consciente o se niega a aceptar que, al menos, secuestró a una persona como miembro de ETA y que, sin embargo, se le considera legitimado para participar en el proceso democrático. Lo de Otegi es asombroso. El día que asesinaron a mi padre, él hizo unas declaraciones criticando al Partido Popular y al PSOE con el mensaje de «menos lágrimas de cocodrilo y más propuestas para resolver el conflicto». Ese es el líder pacífico que encabeza Bildu y la izquierda abertzale. También llama la atención el cambio de Patxi López, quien en su día fue la esperanza de un cambio en el País Vasco y sufrió muy cerca los asesinatos de ETA. PP y PSOE mostraron altura de miras y buscaron puntos de encuentro. El PP apoyó a Patxi López como lehendakari con el objetivo de apartar al nacionalismo de los gobiernos vascos y ofrecer algo de aire a la sociedad. Todo eso parece olvidado. Creo que se decidió pasar página sobre esa etapa y entrar en el proceso de normalización de Bildu y la izquierda abertzale, un blanqueamiento total de Bildu, sí.
¿Es esta la acción más grave de Pedro Sánchez? Siempre digo que no pretendo construir mi labor política exclusivamente sobre este tema, pero considero que es fundamental. Debemos recordarlo constantemente porque parece que se olvida. Se olvida lo que fue ETA, la izquierda abertzale, Batasuna, Bildu, sus sucesores; políticos de Bildu que no condenan las acciones de ETA y sin embargo mantienen acuerdos constantes con el Partido Socialista. Me parece una aberración total. ¿Piensa que quienes defienden esta postura y recuerdan las consecuencias de ETA acabarán siendo señalados? Ese es uno de los problemas, sí. Que parezca que eres un trasnochado por expresar esto. Dirán que es un asunto superado. Pero no es así. Hay un sector de la sociedad que aún rinde homenaje a terroristas en las calles del País Vasco y Navarra y respalda ese discurso ultranacionalista, excluyente e identitario que guió la actividad de ETA durante tantos años. Parte de la izquierda acoge el discurso de que el problema está superado, incluyendo personas vinculadas a Sumar y Podemos, por ejemplo. Pero el PSOE también está involucrado en esta línea. Es una desgracia, porque fue la amenaza más seria que enfrentó la democracia española en su breve historia. Hubo gente perseguida, extorsionada, asesinada, personas que vivieron con miedo durante décadas. Creo que es imprescindible mantener viva la memoria de lo ocurrido.
En su caso, por supuesto, la memoria de su padre, pero también la de su familia y la suya propia, ya que ‘Ata’ causó más víctimas hace 25 años. «Recuerdo a mis abuelos, que nunca se recuperaron realmente. Mi abuelo murió tres años y medio después y aún lo recuerdo llorando aquel día en Jaca», relata Giménez, que se detiene unos segundos para tomar aire, en el único momento de la entrevista en que su voz parece quebrarse.
«Lloraba sin consuelo, era una persona muy vital. Y mi abuela también llevó esa carga hasta el final de sus días. Aquel día mataron a todos los que amábamos a mi padre, que era sobre todo una excelente persona, un hombre muy bueno. El dolor que perdura en la familia es no haber podido vivir todo lo que le hubiera gustado, no conocer a sus nietas, no envejecer junto a mi madre, no haber podido apoyarla en los momentos difíciles, no subir más montañas, no vivir todas las experiencias que le quedaban. Ese dolor nos acompañará siempre. Nosotros, al final, de una forma u otra, nos hemos reconstruido. Pero quien más perdió aquel día fue mi padre».

