Información del artículo
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- Autor, BBC News
- Título del autor, Redacción
- 3 mayo 2026
- Tiempo de lectura: 7 min
En noviembre de 2025, el mejor amigo del británico Dean Perryman se quitó la vida. El dolor de esta pérdida, relata, se entrelazó con sentimientos de culpa: "Rob era mi mejor amigo y yo no tenía ni idea de lo profundo que era su tristeza".
Sintiendo una gran tensión emocional, percibió la necesidad de actuar.
"No sabía exactamente qué hacer, pero constantemente tenía en mente la sensación de que, donde sea que fuera, siempre habría una silla vacía donde Rob hubiera estado sentado".
De esa idea surgió su iniciativa para transformar su dolor en una campaña destinada a que otras personas se sintieran menos solas.
"Pensé: ‘No soy muy bueno en muchas cosas, pero sí para conversar y tomar una cerveza, así que podría ir al pub y ver si alguien quiere charlar conmigo’".
El planteamiento era sencillo: reservaría mesas en pubs y, aunque confesó ser "muy alérgico" a las redes sociales, publicaría vídeos para que la gente supiera que podía acudir a esta cita en busca de compañía.
Siempre con una sudadera naranja brillante para facilitar que lo localizaran, se sentaría rodeado de sillas vacías, listo para compartir momentos agradables con desconocidos.
Comenzó a hacerlo todos los días de diciembre, un mes cargado de celebraciones, pero que para muchos representa un período marcado por una soledad intensa, un problema que afecta a personas de todas las edades y que la Organización Mundial de la Salud señala como una "amenaza urgente para la salud".
La iniciativa, bautizada por Dean como Empty Chairs o Sillas Vacías, no solo tuvo éxito en Reino Unido, sino que también comenzó a replicarse en diversos países.
"Cuando empecé, realmente no tenía un plan definido. Creo que si hubiera intentado estructurar lo que quería hacer, nunca lo habría llevado a cabo", admite Dean.
"Pero, tras el tercer fin de semana, apareció un hombre de unos 40 años que, por primera vez, asistió pensando que era una forma informales de conocer gente, solo para tomar una cerveza y charlar. Luego regresó una segunda y una tercera vez, y poco a poco se abrió para contar el verdadero motivo por el cual quería venir."
"Cuando volvió, me dijo: ‘Gracias a que pude hablar en Sillas Vacías, busqué ayuda profesional’".
"Fue una experiencia inspiradora, porque eso era justamente lo que hubiera deseado para Rob. Él no era alguien que habría acudido a un profesional de salud mental, pero sí habría ido al pub a charlar con un desconocido y, con suerte, habría encontrado la confianza necesaria para expresar cómo se sentía. Eso fue muy significativo para mí".

Dean se sorprende por la evolución que ha tenido Sillas Vacías y la cantidad de personas a las que ha apoyado.
Al mismo tiempo, reconoce cuánto le ha beneficiado también a él, ayudándole a elaborar su propio duelo.
"Rob falleció y yo no era alguien que hablara abiertamente de sus emociones ni un promotor de conversaciones sobre salud mental. No sé qué habría hecho sin Empty Chairs, porque me obligó a expresarme y me mostró la disposición de la gente a ayudar si se les brinda la oportunidad.
"Los extraños generalmente son increíbles. Así que ha sido una experiencia muy enriquecedora para mí", comenta Dean en el programa The Happy Pod de la BBC.
"Me sorprendió mucho"
Desde que Dean creó su portal web Empty Chairs, cientos de personas se han registrado para organizar encuentros en distintas ciudades del mundo.
"Todavía me resulta un poco irreal", exclama.
"Ver que resonó en tantas personas ha sido simplemente asombroso".
Belén Luna Sanz, boliviana de 32 años, es una de las personas que se ha puesto el llamativo naranja -"aunque no me gusta mucho"- para que la identifiquen fácilmente en los encuentros de Sillas Vacías que organiza en Bruselas, la capital belga.
"Vi la historia en TikTok y me conmovió cómo convirtió su duelo en algo que alivia a tanta gente.
"En ese momento, a mí me costaba formar una comunidad, especialmente en Bruselas, un lugar donde mucha gente está constantemente en movimiento.
"Tengo un enfoque fuerte en lo comunitario y es difícil construirlo cuando eres migrante".

Belén no se limitó a observar; decidió formar parte activa de la campaña.
"Ha sido una experiencia positiva. Solo voy a un bar y es maravilloso. La primera noche me sorprendió que la gente realmente se sentara a conversar conmigo.
"Me di cuenta de que muchas personas se sentían profundamente solas, a pesar del constante contacto social", relata.
"Para mí, eso fue fundamental: entender que no bastaba con hablar con los demás, sino que lo importante eran las conexiones que estábamos creando".
En Noruega, Thale Kalbakk, de 48 años, también se puso un suéter naranja y se sentó rodeada de sillas vacías, explicando a la BBC que sus inviernos eran especialmente oscuros y fríos, lo que afectaba su estado de ánimo.
"La gente fue muy amable. Estoy impresionada", comentó.
"Espero haber tenido un impacto positivo. Espero haber marcado la diferencia, porque ellas, sin duda, lo hicieron para mí".
A miles de kilómetros, Jill McFarland se convirtió en organizadora en Canadá, nombrando su proyecto Andrew’s Empty Chair (La silla vacía de Andrew), en memoria de su esposo, quien se suicidó en 2020.
"Buscaba una forma de honrar a mi esposo y el algoritmo me llevó a Dean", explicó.
"La soledad es una epidemia en nuestra sociedad que afecta a personas de todas las edades y sectores sociales.
"Si puedo crear un espacio para, aunque sea, una sola persona y hacerle saber que le he reservado una silla para charlar, quizá se anime a hablar de nuevo".
"Una de las asistentes esta semana tenía 79 años… nunca sale de casa, pero estaba feliz de haber venido. Eso iluminó mi noche".
Otras personas están generando espacios similares en sus comunidades en países como Australia, Suiza, Países Bajos, España y Estados Unidos. En el Reino Unido, el número va en aumento.
"Lo pasarás bien"

Empty Chairs no es un club, ni una sesión terapéutica, ni una reunión para hacer networking. Según su página web, es simplemente una mesa donde se puede sentar alguien, pedir una bebida si desea y conversar con otra persona.
Se enfatiza que el propósito es generar ambientes relajados para facilitar conexiones humanas genuinas, sin discursos formales ni incómodos rompehielos. La conexión no requiere un guion perfecto, solo un punto de partida.
Aclara que los anfitriones no son profesionales capacitados ni brindan apoyo en crisis: está pensado como un espacio informal. Se puede alejar uno, tomar un descanso o retirarse si algo no resulta cómodo; la intuición debe guiar ese momento.
A través de redes sociales y la web, las personas pueden informarse dónde y cuándo serán los próximos eventos.
Ante la duda de alguien interesado que no sabe si será capaz de organizar una reunión o sentarse junto a una silla vacía, Dean expresa:
"Es completamente normal sentirlo así. No es fácil: se necesita valor tanto para vestir la sudadera naranja como para sentarse con un desconocido.
"Por experiencia propia, quiero enfatizar que he sido anfitrión en muchas ocasiones y ha habido días en que no tenía ganas de ir. Pero siempre me he sentido mejor luego de hacerlo.
"Nunca sé quién aparecerá, qué temas surgirán ni si diré lo correcto. Pero jamás me he arrepentido de haber asistido.
"Si haces algo sencillo para otros, honestamente es lo mejor que puedes hacer. Y estoy seguro de que si te animas, lo disfrutarás".

