La travesía en bicicleta de Sheila y Carlos desde España hasta Singapur revela una experiencia distinta a lo esperado

Dejar atrás la rutina y lanzarse a cruzar medio mundo sobre dos ruedas. Ese fue el punto de partida de esta pareja que cambió su vida para explorar países desde una mirada más cercana y lejos de los tópicos

Foto: Sheila Ramírez y Carlos Sánchez. (Cedida)

«Irán era un país que deseábamos visitar con muchas ganas y que formaba parte de nuestra ruta inicial. De hecho, incluso pagamos el visado en Turquía. Pero, cuando faltaban tres semanas para poder ingresar, comenzaron las protestas. Empezamos a informarnos y a conversar con otros viajeros que estaban allí en esos días y, aunque inicialmente nos comentaban que la situación estaba bastante concentrada en la capital, con el tiempo todo se complicó. Incluso llegó un momento en que se cortó completamente la comunicación con el país, sin acceso a internet ni posibilidad de hacer llamadas normalmente. En ese momento, la información resultaba muy difícil de verificar, por lo que optamos por no entrar. A partir de ahí, tuvimos que reconsiderar la ruta», lamenta Sheila.

Sheila y Carlos son una pareja de 31 y 32 años, satisfechos con sus trabajos y con una vida bastante común, que residen en un pueblo cercano a Barcelona. Al cumplir los 30, comenzaron a cuestionarse el ritmo de vida que llevaban y se plantearon qué es lo que realmente querían en un contexto donde cada vez resulta más complicado construir una vida estable.

En ese momento de replanteamientos, decidieron iniciar lo que está siendo el viaje de sus vidas hasta ahora: ir de España a Singapur en bicicleta. Y no solo eso, sino además compartir esta travesía en redes sociales para, según explica Sheila, «mostrar otra forma de viajar y de vivir; más sencilla, más conectada con el entorno, con las personas y con los pequeños detalles del día a día».

Sheila Ramírez y Carlos Sánchez. (Cedida)

Su viaje comenzó el 1 de octubre de 2025, tenían un itinerario previsto, creían que lo seguirían, pero finalmente no fue así. Sus planes se vieron truncados al intentar cruzar Irán y también cerca de la frontera con Irak: «Habíamos pagado la visa para Irak, pero cuando estábamos a unos 170 kilómetros de la frontera estalló un nuevo conflicto en la región. En ese momento decidimos detenernos por unos días para observar cómo evolucionaba la situación, pero las noticias no mejoraban y la tensión aumentaba. Con el visado ajustado y ante el contexto, optamos por no continuar en esa dirección y volar finalmente a Kazajstán para seguir desde allí».

Viajar para descubrir el mundo más allá de la pantalla

Existen quienes realizan estos viajes para escapar de algo, pero ese no es el caso de Carlos ni de Sheila. Lo que ellos buscan es acercarse «a lo desconocido con una perspectiva diferente, comprender mejor el mundo y poner en duda muchas cosas que aceptamos sin cuestionar cuando las observamos solo desde lejos».

«Estamos viajando principalmente para descubrir el mundo más allá de lo que muestra una pantalla o de lo que se dice sobre ciertos lugares. Teníamos la necesidad de verificar por nosotros mismos cómo son realmente los países, cómo es su gente y qué hay detrás de muchas ideas preconcebidas. En ese aspecto, el viaje está confirmando algo que ya sospechábamos: en muchos casos, la realidad no coincide con lo que nos cuentan. Nos hemos topado con personas muy abiertas, hospitalarias y cercanas en lugares que, desde afuera, suelen percibirse de otra forma», asegura Sheila.

Carlos montando la tienda de campaña. (Cedida)

La travesía de esta pareja está llena de desafíos y uno de ellos es documentar la experiencia para compartirla en redes sociales, tanto en YouTube como en Instagram y TikTok, donde miles de personas siguen su aventura. «Grabar y editar consume mucho tiempo y dedicación, y para nosotros este viaje es también algo que queremos vivir con tranquilidad. Por eso hay momentos que reservamos solo para nosotros, por privacidad y también para disfrutar el proceso sin la cámara presente», confiesa Sheila en esta entrevista.

«Hemos pasado frío intenso, días de lluvia constante o incluso nieve tan fuerte que te impide avanzar con normalidad»

«Intentamos mostrar el viaje tal cual es, con lo positivo y con lo difícil. En lo que llevamos de ruta hemos vivido momentos muy buenos, con la hospitalidad de personas desconocidas, que nos han ofrecido comida o agua justo cuando más lo necesitábamos, o incluso han abierto las puertas de su casa sin esperar nada a cambio. También hemos descubierto lugares que probablemente, viajando de otra forma, no habríamos conocido. Pero existe otra parte de la ruta donde hemos afrontado frío intenso, jornadas con lluvia constante en las que es complicado hallar refugio, o incluso nieve tan densa que dificulta el avance», relata la joven, quien considera que no tendría sentido ocultar la parte más dura de esta experiencia, que también incluye «incertidumbre, decisiones complejas y días en que nada sale como se espera».

Mucho viaje todavía por delante

Sheila y Carlos aún tienen muchos kilómetros por recorrer antes de llegar a su destino. En el día 188 de su travesía, se encuentran en Uzbekistán enfrentando numerosos desafíos.

Tras dejar la nieve atrás, entran ahora en una etapa donde deberán adaptarse al calor intenso que comienza a presentarse en varias zonas de Asia Central, por lo que uno de sus principales retos será manejar adecuadamente las temperaturas. «Luego, la idea es avanzar hacia el este y atravesar China, un país enorme y con gran diversidad. Sabemos que encontraremos una variedad de terrenos: desde áreas áridas y abiertas hasta regiones con pendientes pronunciadas y tramos montañosos que exigirán mucho desde el punto de vista físico», analiza Sheila.

Continúa detallando la ruta: «Más adelante, seguiremos por el sudeste asiático, donde los desafíos cambian, pasando por Vietnam, Laos, Tailandia, Malasia hasta arribar a Singapur. Ahí influirán la humedad, el clima tropical, las diferentes carreteras y también tramos con abundante vegetación y relieve, lo que hará que el ritmo vuelva a modificarse. En definitiva, más allá de cada país en particular, el gran desafío es irnos adaptando a todo lo que surge: clima, terreno, cambios en la ruta o la propia evolución del viaje. Y cuando lleguemos a Singapur, evaluaremos cómo estamos y qué decidiremos después. Por ahora, seguimos paso a paso, porque en un viaje así siempre hay algo nuevo que afrontar».

Singapur, ¿y ahora qué?

El viaje de sus vidas concluirá al llegar a Singapur, momento en el que sentirán que han cerrado una etapa fundamental, «una parte más del camino que elegimos recorrer».

Sheila Ramírez y Carlos Sánchez. (Cedida)

Para ellos, la llegada a su destino no supondrá un cierre definitivo, sino más bien un punto de inflexión; el cierre de una etapa y el comienzo de otra. «De momento preferimos no anticipar qué haremos luego. Queremos llegar, vivir ese momento y, a partir de ahí, decidir con calma cuál será el siguiente paso», añade Sheila, quien a pesar del cambio radical en su vida, no siente temor ante el retorno a la vida «normal».

«Para nosotros, este viaje es solo una fase más, no algo separado de nuestra vida. Cuando termine, simplemente dará inicio otra diferente. Al final, siempre se trata de adaptarse al momento presente y seguir adelante», concluye.

«Irán era un país que deseábamos visitar con muchas ganas y que formaba parte de nuestra ruta inicial. De hecho, incluso pagamos el visado en Turquía. Pero, cuando faltaban tres semanas para poder ingresar, comenzaron las protestas. Empezamos a informarnos y a conversar con otros viajeros que estaban allí en esos días y, aunque inicialmente nos comentaban que la situación estaba bastante concentrada en la capital, con el tiempo todo se complicó. Incluso llegó un momento en que se cortó completamente la comunicación con el país, sin acceso a internet ni posibilidad de hacer llamadas normalmente. En ese momento, la información resultaba muy difícil de verificar, por lo que optamos por no entrar. A partir de ahí, tuvimos que reconsiderar la ruta», lamenta Sheila.

Scroll al inicio