Información del artículo
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- Autor, Jim Reed
- Título del autor, Reportero de Salud
- Fecha de publicación 6 horas
- Tiempo de lectura: 11 min
A mediados de 2020, con los confinamientos por covid-19 paralizando gran parte del planeta, Luke y su esposa en Reino Unido tomaron la decisión de crear una familia.
"Durante toda mi adolescencia, el mensaje fue contundente: no tener relaciones sexuales sin preservativo o podías dejar embarazada a alguien", comparte. "Entonces, cuando creces, esperas que todo fluya con normalidad. Cuando no es así, no sabes qué hacer ni a quién acudir".
Tras 18 meses de intentos sin resultados, la pareja consultó a su médico de cabecera y fue remitida a un hospital y a una clínica de fertilidad para efectuar pruebas adicionales.
Durante el año siguiente, Luke señala que la atención se dirigió exclusivamente hacia su esposa. Todas las consultas estaban registradas con su nombre. Cuando él debía completar formularios, contactaban con su mujer a pesar de que sus datos ya constaban en el expediente.
"En esencia, todo el sistema asume que el problema es femenino", comenta. "El papel del hombre queda completamente ignorado".
Pasado más de un año y tras un intento fallido de fertilización in vitro (FIV), Luke fue informado de un posible problema relacionado con su esperma. "Pensé: ‘¿Por qué me lo dicen ahora?’", relata. "Algunos aspectos de mi caso se podrían haber estudiado con antelación, en lugar de tratarme como si fuera un simple acompañante".
La infertilidad afecta aproximadamente a una de cada seis parejas, y en casi la mitad de estos casos está implicado el factor masculino, ya sea de forma exclusiva o combinado con causas femeninas.
Según las recientes guías clínicas del Instituto Nacional para la Excelencia en Salud y Atención de Reino Unido (NICE), las parejas con dificultades para concebir tras 12 meses de relaciones sin protección deben evaluarse como una unidad conjunta, ofreciendo a ambos miembros pruebas simultáneas.
No obstante, especialistas advierten que los hombres a menudo quedan relegados al segundo plano en el diagnóstico, tratamiento y diálogo sobre fertilidad.

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"Puede darse una exclusión real, aunque no sea intencionada", explica la profesora Bola Grace, del University College de Londres. "Los hombres nos relatan que esto sucede en varios contextos: atención médica, clínicas de fertilidad y asesoramiento".
Un estudio liderado por Grace en 2019 mostró que muchos hombres deseaban implicarse más activamente en el proceso de fertilidad, pero con frecuencia sentían que su opinión no era valorada. Según ella, esto genera un círculo vicioso: algunos servicios no incluyen a los hombres, quienes entonces se distancian, reforzando la percepción de falta de interés. "Se crea un ciclo que excluye a los hombres y luego los culpa por no participar", concluye.
Este fenómeno puede acarrear consecuencias tangibles, no solo para ellos sino también para las mujeres, quienes a menudo asumen la mayor parte del "manejo emocional, planificación, preocupación y toma de decisiones".
También puede ocasionar demoras en la detección de problemas, tratamientos más invasivos y un proceso de fertilidad más complicado y costoso para las parejas.
Entonces, ¿de qué manera podría el sistema brindar un mejor respaldo cuando se detecta una posible dificultad masculina? ¿Qué estrategias podrían incentivar una comunicación más abierta entre hombres acerca de la fertilidad?
"Ignorado por el sistema"
Desde el primer nacimiento por FIV en 1978, los tratamientos de fertilidad se han orientado principalmente hacia la mujer, en parte debido a razones biológicas.
La FIV consiste en estimular los ovarios para generar óvulos, extraerlos, fertilizarlos en laboratorio y luego implantar el embrión en el útero. Por otro lado, la mayoría de los hombres solo aportan una muestra de semen, confiando en que la tecnología haga el resto.
Esa desproporción ha influido en la orientación de la atención en fertilidad, indica Allan Pacey, profesor de andrología en la Universidad de Mánchester. Explica que las clínicas suelen estar dirigidas por ginecólogos, cuyos conocimientos están enfocados en la reproducción femenina, y que el aspecto masculino se aborda con menor prioridad.
"Es cierto que hay excelentes ginecólogos que se interesan por el tema y realizan un buen trabajo, pero, a nivel de atención primaria o especializada, los hombres pueden terminar en un segundo plano".

En un momento, a Luke le realizaron una ecografía testicular, pero no recibió respuesta en más de un año, hasta que él mismo pidió noticias a la clínica. La revisión detectó un varicocele (inflamación de las venas escrotales que puede afectar la calidad del esperma). Fue tratado, aunque la pareja continuó con problemas para concebir.
Pasaron otros nueve meses y Luke pidió atención privada a un andrólogo, quien le brindó asesoramiento individualizado sobre dieta y hábitos de vida.
"Ha sido un proceso duro y solitario", reflexiona Luke. "Está el impacto de descubrir que existe un factor masculino involucrado, lo que desafía muchos estereotipos sobre la masculinidad. Pero después viene otro golpe: sentirse totalmente ignorado por el sistema".
Actualmente, la pareja participa en un segundo ciclo de fertilización in vitro mediante la técnica ICSI, que consiste en inyectar un espermatozoide directamente en el óvulo con una aguja extremadamente fina, en lugar de dejar que el óvulo sea expuesto a miles de espermatozoides en una placa de laboratorio.
Un "momento avestruz"
Los expertos indican que la situación comienza a cambiar, aunque lentamente. "Se avanza en la dirección correcta, pero aún estamos retrasados", señala el profesor Hussain Alnajjar, cirujano urólogo consultor en University College London y Cleveland Clinic de Londres.
Por ejemplo, se hace cada vez más común que el hombre visite primero al especialista si un análisis semen inicial sugiere algún problema.
"Eso es parte del cambio, pero el proceso es muy lento", advierte. "Generalmente, siguen siendo las mujeres quienes primero reciben evaluaciones cuando se trata de infertilidad".
Para hombres como James, de 34 años y originario de North Yorkshire (Reino Unido), esta lentitud marcó su experiencia.
Luego de enfrentar dificultades para concebir, James vivió lo que llama un "momento avestruz": meses ocultando la cabeza mientras su pareja se sometía a todas las pruebas. "Pienso a diario en ese tiempo perdido", comenta.
James trabajaba fuera de casa cuando finalmente llegó el resultado del seminograma: le informaron que sus espermatozoides eran "débiles, lentos y deformes", y supo que concebir de forma natural sería complicado. El viaje de casi tres horas a casa ese día fue "difuso y muy doloroso".
El diagnóstico se demoró. Tras dos años y una consulta privada con urólogo, recibió un examen físico completo y pruebas hormonales más detalladas. Después de años de intentos y varios ciclos de FIV, el tratamiento de la pareja no tuvo éxito.
"Eres la pareja de alguien a quien amas, pero te ves como la causa de su sufrimiento", explica. "Sientes que eres el motivo por el que no pueden tener un hijo".

La infertilidad masculina suele relacionarse erróneamente con aspectos de virilidad, lo que dificulta que algunos hombres la reconozcan o hablen sobre ello. El profesor Pacey recuerda una barbacoa en la que "todas las mujeres estaban en un extremo hablando de FIV, y los hombres, en el otro, hablando de fútbol".
James no sintió que su infertilidad cuestionara su masculinidad, pero el estigma asociado dificultó que encontrara apoyo en ese periodo. "Solo tú y tu pareja enfrentan esto, por lo que te sientes aislado, como si nadie más pasara por lo mismo", indica. "No sabes dónde acudir ni qué decir".
La HFEA, organismo regulador en Reino Unido, señala que existen muchos menos grupos de apoyo para hombres que para mujeres. Sin embargo, hay señales de que esta situación comienza a cambiar.
Shaun Greenaway, de 43 años, fue diagnosticado en 2018 con azoospermia, condición que implica ausencia de espermatozoides en el semen. La causa es desconocida, aunque padeció paperas graves en la adolescencia, un virus vinculado a la infertilidad masculina.

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Él y su esposa lograron tener hijos mediante donación de esperma, pero Shaun comenta que vivió gran parte del proceso en soledad. "No había ningún apoyo ni nadie abordaba el tema desde lo personal, así que decidí compartir mi experiencia", confiesa.
Con Ciaran Hannington, de 40 años, fundó el Male Fertility Podcast (Podcast de Fertilidad Masculina) y una red de apoyo para hombres con infertilidad, incluyendo grupos de WhatsApp y encuentros presenciales. Comparan la situación actual con la salud mental hace una década: aún tabú, pero cada vez más visible.
"Hay un fuerte estigma, pero desgraciadamente es uno de esos temas que no se aborda hasta que te toca", señala Ciaran, diagnosticado con problemas de fertilidad en 2012. Explica que tardó dos años en asumir el control y cambiar su estilo de vida: mejor alimentación, eliminación del alcohol y ajuste en ejercicio.
Tras siete ciclos de FIV y dos abortos, su esposa Jennifer dio a luz a un niño y una niña.

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Los estudios sugieren que estrés, falta de sueño, tabaquismo, alcohol y dieta afectan la calidad del esperma. Sin embargo, cambios pequeños y temporales son poco efectivos, apunta el profesor Pacey.
"Las modificaciones en el estilo de vida deben mantenerse en el tiempo", recalca. "La producción completa de espermatozoides toma tres meses; dejar de beber un viernes no mejora la calidad para el lunes".
No todos los hombres siguen estos consejos.
Shaun comenta que ha hablado con varias mujeres -"nunca con hombres, por cierto"- quienes relatan que sus parejas se niegan a abandonar tabaco, alcohol y drogas, aun sabiendo que esos hábitos afectan la fertilidad.
"Sabemos que el sistema sanitario debe actualizarse, pero en última instancia, es responsabilidad de ambos", afirma. "Muchos hombres -y mujeres- necesitan ponerse al día".
Un estudio pequeño de 2022 por investigadores de la Universidad de Dundee indicó que cerca de uno de cada seis especialistas en fertilidad en Europa encuentran dificultad para persuadir a los hombres a hacer un análisis de semen.
Globalmente, algunos hombres se sienten incómodos al tener que donar muestra; otros asumen que no tienen problemas por mantener vida sexual o haber tenido hijos antes.
Señales de un cambio
Existen señales de que la mentalidad empieza a modificarse.
Cada vez más programas de educación personal, social y sanitaria abordan los riesgos de hábitos como mala alimentación, tabaquismo o uso de esteroides sobre la fertilidad masculina.
Los especialistas relevantes también observan un cambio y recalcan la importancia de este tema más allá del deseo de formar una familia.
Hay evidencias crecientes de que la infertilidad masculina puede ser señal de problemas de salud más amplios —desde obesidad, tabaquismo hasta alteraciones hormonales—, señala el profesor Alnajjar, portavoz de la Asociación Británica de Cirujanos Urológicos.

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"Los hombres sanos normalmente gozan de mejor salud reproductiva, y un seminograma anómalo suele ser la primera señal para detectar otros problemas médicos", dice.
"Por eso pienso que la infertilidad masculina no debe verse solo como un tema de embarazo, sino como un problema serio de salud masculina y una oportunidad para intervenciones tempranas", agrega.
Para hombres como James, cuyo camino ha estado marcado por la infertilidad, estos avances no pueden llegar demasiado pronto. "El estigma no se cambia escondiendo la cabeza, sino enfrentando el problema abiertamente", asegura.
"Cuanto más se hable de ello, menos personas lo verán como un tabú o considerarán que hablar de fertilidad reduce la masculinidad", concluye.

