La estadounidense vivió una infancia marcada por grandes dificultades tras pasar por el sistema de acogida, etapa que relata con total sinceridad.
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Simone Biles es considerada una de las gimnastas más destacadas de todos los tiempos, por la complejidad y precisión de sus rutinas. A lo largo de su carrera ha obtenido múltiples medallas en Campeonatos Mundiales y Juegos Olímpicos, consolidándose además como una figura de referencia a nivel mundial, no solo por sus logros deportivos, sino también por su compromiso con la salud mental.
Desde sus comienzos, se hizo notar por su fuerza y dinamismo, especialmente en salto y suelo, junto con su talento para introducir movimientos inéditos. Su influencia es tal que varias de sus técnicas llevan su nombre en el Código de Puntuación de gimnasia artística.
Más allá de la competición, su presencia mediática ha crecido considerablemente. En el podcast Call Her Daddy, la estadounidense compartió su experiencia en el sistema de acogida previo a su adopción.
“No sé dónde estaría si no me hubieran adoptado. Desgraciadamente, podría haber acabado siendo parte de las estadísticas habituales de niños en acogida. A los 18 años te expulsan de un hogar de acogida y te quedas sin techo. Me asusta pensar en qué habría sido de mí”, reveló la gimnasta.
Durante la entrevista, Simone Biles contó que entró al sistema de acogida con solo tres años. “Era muy pequeña, apenas tenía tres años”, recordó, destacando que fue con el tiempo cuando comprendió realmente lo que sucedía en su familia.
Simone Biles, durante su actuación en los Juegos Olímpicos de París. Europa Press
«Había consumo problemático de drogas y alcohol», detalló, señalando que el ambiente familiar no era viable. A pesar de su corta edad, conserva recuerdos muy claros de esa época. “Lo único que guardo en la memoria es la ansiedad al irnos a dormir”, contó, explicando el miedo a ser separada de sus hermanos.
“Temía mucho despertar y que mi hermano no estuviera a mi lado”, añadió, describiendo una realidad común en hogares de acogida, donde los niños pueden ser trasladados sin aviso previo.
Este temor la llevó a tomar decisiones que reflejan la angustia que vivía. “Me escapaba para dormir junto a él”, dijo, destacando que su prioridad era mantener unida a su familia. “Para mí era fundamental que estuviéramos juntos”, subrayó.
El cambio importante ocurrió cuando sus abuelos la adoptaron a los seis años, pasando a ser sus padres legales. “Ser adoptada desde los seis años hasta ahora ha significado un proceso largo”, comentó, admitiendo que esto ha influido profundamente en su carrera y en su identidad.
“Ha sido un camino extenso, tanto profesionalmente como en la construcción de quién es Simone”, añadió.
El respaldo familiar
Biles resaltó también la naturalidad con la que su familia manejó la adopción desde el principio. “Desde que nos adoptaron, nos dijeron claramente: sois adoptados”, recordó. Para ella, esto nunca representó un problema. “Pensaba: perfecto, ¿por qué no?”, afirmó, mostrando cómo lo integró con total normalidad.
No obstante, esa espontaneidad contrastaba con la reacción de quienes la rodeaban. “Recuerdo que un día en el gimnasio dije que era adoptada y causó impacto en todos”, contó. “No lo entendía, me preguntaba: ¿por qué se sorprenden tanto?”, agregó.
Simone Biles, con sus medallas conseguidas en los JJOO de París 2024
La gimnasta fue muy explícita al referirse al papel que desempeñaron sus padres adoptivos en su vida. “Para mí es fundamental”, comentó sobre su continuo apoyo. “Nunca se han perdido ninguna competición”, afirmó con convicción.
Según explicó, esa ayuda ha sido clave desde la infancia. “Desde niña me han respaldado en todo lo que he querido emprender”, aseveró.
Cuando le cuestionaron sobre cómo habría sido su vida sin esa adopción, su respuesta fue definitiva: “Nada”.

